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Después de tantos años
de trasteo, estoy un poco cansada
de mudanzas. En las mudanzas se pierden
cosas, se traspapelan. Cuando me surge
algo sobre lo que escribir, lo apunto.
La mayoría de las veces no
pasa de ahí, de la servilleta,
de una esquina de la libreta verde.
Me he cansado de perder letras, voy
a apuntar las cosas aquí, en
otras hierbas, y a regarlas
de vez en cuando en vez de dejarlas
perdidas. Estas hierbas crecen con
libertad, y están para llenarlas
de ideas más o menos tontas,
para mantenerlas vivas, verlas florecer.
Y luego, si se dejan, trasplantar.

¿Por qué escribo?
Hace tiempo oí una cita de Rilke
que decía, más o menos:
si puedes vivir sin escribir, no escribas.
Escribir es una fuente de problemas,
disgustos, peleas con el narrador, discusiones
con el corrector (el gordo trajeado
con gafas oscuras que nos observa meneando
la cabeza mientras leemos un relato),
desacuerdos con el compromiso de tu
personaje, de sus vidas, de tus vidas.
Llega un momento en que los personajes
se creen con la libertad suficiente
como para torearte, entonces se acabó
el control: toman las riendas y tú
no tienes nada que hacer. Eres un instrumento
para comunicar sus desventuras, no más.
Ellos toman vida y tú pierdes
la tuya.
Yo escribo justamente para eso, para
que mis personajes tomen vida y me
quiten el control, para que actúen
por sí solos. Es una forma
de jugar a ser un poco dios. Tú
tienes tu mundo, le metes un par de
personajes planos para crear una historia
de estar por casa. Cuando te descuidas
un momento los personajes han empezado
a engordar y a habitar escenas, y
tú ya no eres importante. Ellos
los son. Y ese toque de magia que
le das a los personajes (con un extremo
de la pluma, nada de varitas, se quedan
con un manchurrón de tinta
verde en el sombrero) es lo que cuenta.
Escribía, en un principio
para sentir la pluma, el boli Bic
entre los dedos, o el lápiz
recién afilado deslizándose
sobre el papel, para manchar todo
de tinta verde: el papel, la mesa,
mis manos. O para oír el tic-tac
de las teclas, hacerle cosquillas
a las hojas, acabar cuadernos, llenar
disco duro. Hasta que ellos toman
el control. Entonces, ya no me queda
otra. Y cuando se han ido del todo,
vuelvo a empezar.

Gracias a los que ayudaron a plantar
Estas hierbas se han organizado y
puesto guapas para lucir en la web
en poco más de una semana.
Me he sentado, hace casi un año,
y solo he tenido que tocar un par
de botones para ponerlo bonito. Porque
los brotes estaban deseando salir,
dejar ese espacio que antes llamaba
Nada
Especial para habitar la Biblioteca
de Otras Hierbas. Sin las fotografías
y la paciencia de mis fotógrafos
(Rafa Turnes, Jaime Miralles, Víctor
Meliveo, Enrique Viñé
y Juan Cabrera), estás hierbas
estarían mustias y sin color,
os lo agradezco un montón a
todos. En especial a Jaime, que me
ha dado ese último empujón
que me faltaba para estrenar.
La verdad es que me gustaría
detenerme y dar las gracias a muchísima
gente, porque todos de alguna manera
me han ayudado a llegar a este punto.
Dar las gracias a Inés Arias,
por las ideas compartidas y los grillos,
y todo lo que salió de ellos.
A Isabel
Cañelles, por irme tirando
de la manga para que empezara a montar
webs y por hacerme un huequito en
el equipo de Escuela
de Escritores. A Javier Sagarna,
mi profe de relato, por ayudarme tantísimo
en estos años, confiar en mí,
y escribir este prólogo
de uno de los libros del Taller, que
fue la semilla de todo.
A mi viejo grupo de los viernes del
taller
de Madrid, que me engancharon
a este mundo, en especial a Enrique
V, que me metió el gusanillo
de la Lista EC con unos textos de
Purranki que trajo a clase. A todos
los miembros de la Lista
EC, a los viejos y a los nuevos,
por ser inagotables. A Berna
Wang, por sus mails y sus miradas
oblicuas, y a toda la shanguita, que
tiene mucho que ver -sin saberlo-
en este estreno. A mi grupo nuevo
de los viernes, en especial a mis
Viky, Pablo y Nacho. Y a mis padres,
por ser buenos jardineros.
Mayo, 2005
Créditos:
Esta web está creada con Movable
Type, versión 2.661.
Las fotografías
de las diferentes categorías
son de Rafa
Turnes, Jaime
Miralles, Juan
Cabrera, Enrique Viñé
y Víctor Meliveo. También
son de Víctor Meliveo las tres
fotos que cierran las páginas
de contenidos.
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©2001-2005, Mariana
Torres, excepto los textos citados,
son propiedad de sus respectivos
autores.
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