Cosecha del 8 de Diciembre, 2007
en almacén Personajes imaginarios
El pescador

Pesca niebla. Todas las mañanas. Le gusta subir a los tejados justo cuando empieza a aclararse el mundo, y esperar a que amanezca sentado en el borde de cualquier chimenea. Le gusta ver salir el sol y desperezarse a los pájaros. Saca su caña –es una caña especial, no es cualquier caña, y es que la niebla no es tan fácil de pescar como parece– y prepara los aparejos. Le gusta pescar con guantes, y un sombrero pequeño, caliente. Lanza el sedal con fuerza. El anzuelo se pierde entre la niebla. Cuando lo pierde de vista y no hay forma de ver ninguna de las plumas de colores que siempre lo rodean –las plumas son imprescindibles para pescar niebla– se relaja, sabe que tendrá una buena jornada.

Cosecha del 26 de Octubre, 2007
en almacén Personajes imaginarios
El intercambio

El fabricante de nubes se quita el sombrero, solemne, antes de hablar.
─Te cambio mi máquina de hacer nubes por tu tejedora de sueños.
El cometrasgos interrumpe su tarea y se incorpora, levanta un poco la cabeza. Parece molestarle la luz. Su sombra tapa al fabricante.
─¿Y para qué quiero yo hacer nubes?
El fabricante de nubes sonríe, tímido. Es pequeño al lado del cometrasgos, que podría aplastarle como si fuera una cucaracha.
─Sin nubes tus noches serían tan aburridas que la gente dejaría de soñar.
─No sabes de lo que hablas. Las nubes que quieres darme solo traen ventisca y arena. Eso convertiría todo mi trabajo en pesadillas.

El cometrasgos parece haber finalizado la conversación. El fabricante insiste.
─Pero mis nubes tienen sabores. Podrías comer una tras otra, sin cansarte.
─¿Sabores?
─Sí, todos los que quieras. Tengo sabor arco iris, pistacho, aurora boreal, duende loco... Sublimes todos.
─Duende loco... interesante.
─Una máquina de primera mano. No te arrepentirás con el cambio.
El cometrasgos se frota la barbilla y acerca su enorme cabeza al fabricante.
─¿Y teniendo esa maravillosa máquina, para qué querrías tú tejer sueños?
El pequeño fabricante de nubes mira al suelo, mueve un pie, nervioso, como un niño que acabara de comer una travesura.

Cosecha del 11 de Noviembre, 2005
en almacén Personajes imaginarios
Pies descalzos

Las cosas más importantes de su vida las hacía con los pies descalzos. Con los pies descalzos dio sus primeros pasos. También marcó su primer gol, después de una carrera tan intensa por el campo que le llevó a perder sus zapatillas. Y a partir de ahí, todo lo demás lo hizo con los pies descalzos. El primer beso (con los pies fríos), la primera maratón en la que salió ganador, la primera entrevista de trabajo (tuvo mucha suerte), su boda, el nacimiento de sus hijos. Se defendía diciendo que le gustaba estar en contacto con la tierra, o al menos, con el suelo, fuera de madera, de baldosas o de asfalto, que así sentía mejor las cosas, por todos los poros. Cuando murió, le enterraron con zapatos de cordones, unos zapatos elegantes. Ni su mujer ni sus hijos se los quitaron. El más pequeño de los nietos preguntó por qué enterraban con zapatos a un abuelo que iba siempre descalzo. Y con calcetines gordos -añadió la abuela- para que no pueda sentir el frío de ese ataúd.

La caja de personajes imaginarios, que comen bolitas de calcetines dentro de tarros de galletas, y vigilan al león del desierto, que da las horas. || Foto de Jaime Miralles.
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