Biblioteca del 22 de Octubre, 2005
categoría De cine
de Nacho Vigalondo, Pequeños consejos para cortometrajistas

No hagas que tus personajes interrumpan una conversación para encender un cigarrillo y dar la primera calada. Puede dar información acerca del carisma del personaje, pero a base de robársela al director.

Si tus personajes se enfrentan en un duelo, no uses el tema principal de El bueno, el feo y el malo. Tampoco parodies el estilo de Leone. Ya es suficiente.

Si hay un striptease femenino, no uses el tema de Joe Cocker You can leave your hat on, si hay uno masculino, no hagas referencias a Full Monty.

Que alguno de tus personajes sea cinéfilo es bastante peliagudo. Si lo es, nada de decorar su casa con posters de Manhattan, Taxi Driver o La Naranja Mecánica.

Por cierto. Nada de parodiar la escena del espejo deTaxi Driver . Nada. Fuera.

Un cinéfilo no lo es cada segundo, un artista no es continuamente un artista, un gangster no lo es siempre, una mujer seductora no lo es en todo momento.

Ningún personaje tiene la necesidad de parecer lo que es. Y a la hora de engañar al espectador, no es necesario que parezca lo contrario.

A ser posible, que ningún hombre del cásting lleve melena o perilla. Canta a colega del director.

Intenta no utilizar niños como símbolo de inocencia y ancianos como símbolo de perversidad.

Intenta no utilizar niños como símbolo de perversidad y ancianos como símbolo de inocencia.

No eres un yonki, ni un vagabundo, ni una prostituta. Posiblemente no has conocido jamás a un vagabundo, ni a un yonki ni a una prostituta. No lo olvides a la hora de retratar yonkis, vagabundos y prostitutas.

Si quieres retratar un núcleo familiar en decadencia, nada de "Ella cocina mientras él ve la tele con una cerveza en la mano".

¿Recuerdas el último cortometraje que has visto con el suicidio como tema central? Yo tampoco.

Hay cafeterías encantadoras en el mundo real. En el cine casi nunca lo son.

Cagarla en un diálogo dramático es una jodienda. Cagarla en uno costumbrista es mortal. Nunca recurras a clichés del tipo "A mí me encanta el café con dos terrones" "No me importa mojarme cuando llueve".

Si quieres hacer un corto acerca de cómo la imaginación, la esperanza y la inocencia batallan contra la cruda realidad, tú mismo. Pero ten en cuenta que lo seguro es que compartas el mismo tema con otros catorce cortos en una sesión de veinte.

Aunque parezca increíble, el problema no está en la resolución “todo era un sueño” sino en lo que viene después. Por ejemplo “todo era un sueño” seguido de “pero la realidad es como el sueño” tiende a ser una ruina argumental.

Hay excepciónes (el corto Paco el Vampiro), pero lo normal es que las parodias de cine mudo evidencien que el autor no ha visto jamás cine mudo, tan sólo otras parodias de cine mudo.

Lo normal es que las parodias del cine de gangsters clásico evidencien que el autor no ha visto jamás cine de gangsters clásico, tan sólo otras parodias de cine de gansters clásico. No se me ocurre ninguna excepción.

Nunca empiezes con un tema de piano sobre fondo negro. NUNCA. JAMÁS. JA-MÁS.

Archivos MIDI imitando música orquestal. Allá tú.

Si recurres a música clásica (libre de derechos, vamos) intenta buscar un tema desconocido, o al menos que no aparezca en los CDs que regalan las cajas de ahorros. Así Habló Zaratustra, el Canon de Pachelbel… Fuera, fuera.

Cuanto más amateur es un corto, más ceremonioso, pesado y lento es el arranque, en demasiados casos: Créditos de inicio rimbombantes, complicadas animaciones 3D con el nombre de la productora, prólogos, introducciones… Desde el segundo cero hasta el primer punto de interés de un guión, tu película está cayendo cuesta abajo en la capacidad retentiva del espectador… Y del jurado.

La fórmula "una película de" sólo tiene sentido como elemento promocional. No tiene ninguna gracia que unos créditos empiecen con el rótulo "Un cortometraje de Ambrosio Peñarrosada". ¿Quién es Ambrosio Peñarrosada? Nadie sabe quién es. Un tío que ha decidido que su autoría sepulte la del resto de su equipo sin que su nombre, a cambio, aporte ningún interés al producto.

Títulos de crédito interminables: Las televisiones los odian, el público de las sesiones los odian, los jurados no los ven.

Fotos del corto: Olvida los primeros planos de actores desconocidos en pose neutra. A veces los catálogos de los festivales parecen orlas. Intenta que las fotos sean expresivas, distinguidas, llamativas. Pero, por favor, nada de un actor apuntando con su revolver a otro. Aquellos tiempos han pasado, afortunadamente.

Fotos del rodaje: Sólo un dos por ciento de las fotos de rodaje que se hacen al año no son espantosas. Tanto en cortos como en largos. Por favor, señores directores, no se saquen fotos mirando por el visor de la cámara. Ya está bien.

Si tu película es una comedia, el título no tiene por qué ser gracioso en sí. Si es un corto de terror, no tiene por qué dar miedo per sé. Si estás haciendo un drama, no es necesario que nos haga llorar con su mera lectura. Los intentos en estas categorías suelen ser catastróficos.

Por favor, no hagas sinopsis en las cuales se explique el mensaje del corto, o el subtexto, o el tema de fondo. "La soledad y la incomunicación inducidas por la ignorancia son la base de un relato en el que… ". Es ridículo y cobarde. Si tu corto dice algo, que lo demuestre por sí mismo. Si eres un buen director, no hables por tu película. Deja que hable ella.

De igual manera, cuidado con los rótulos al final de un corto-denuncia explicitando la tragedia sobre la cual has hablando. La frontera entre la concienciación y el oportunismo aquí es más delicada que nunca.

Y nunca olvides la gran máxima, la verdad que hay asimilar en los momentos más decisivos en la formación de todo cineasta, uno de los pilares de la sabiduría y el conocimiento y la hoja de ruta en el camino hacia la luz y la gloria:

Tu cortometraje a lo mejor es una puta mierda.

Biblioteca del 12 de Septiembre, 2005
categoría De cine
de Jean-Pierre Jeunet, Amelie

El padre de Amelie, ex médico militar, trabaja en un balneario termal de Enghien-les-Bains (labios apretados indican dureza de corazón). A Raphaël Poulain le disgusta: orinar cerca de alguien; atraer miradas de desdén hacia sus sandalias; y salir del agua y sentir que se le pega el bañador. A Raphaël Poulain le gusta: arrancar a trozos el papel pintado; poner en fila todos sus zapatos y lustrarlos con esmero; vaciar su caja de herramientas, limpiarla bien y volver a ponerlo todo en su sitio.

La madre de Amelie, Amandine Fuet, institutriz nacido en Gueugnon, es de naturaleza inestable y nerviosa (tic facial indica agitación neurótica). A Amandine Poulain le disgusta que el agua caliente le arrugue las yemas de los dedos; que alguien que no le guste le roce la mano; y tener marcas de almohada en las mejillas al despertar. A Amandine Poulain le gusta: la ropa de los patinadores artísticos; dejar el parqué como una patena; vaciar el bolso, limpiarlo bien y ordenarlo todo de nuevo.

[...]

Ella es Suzanne, la dueña. Suele beber, pero nunca ha derramado un vaso. Siendo joven fue bailarina ecuestre. Le gustan los deportistas que lloran por un fracaso, y le disgusta ver en su cafetería a un hombre que es humillado ante su hijo. En el estanco trabaja Georgette, la pobre es hipocondríaca, cuando no tiene migrañas le molesta la ciática. Le disgusta oír la frase: "Que dios bendiga el fruto de tu vientre".

Esta es Gina, la compañera de Amelie. Su abuela era curandera. Lo que le gusta es hacer crujir los huesos. La vemos sirviendo un batido de frambuesa a Hipólito, un escritor fracaso. A él lo que más le gusta es ver cornear a un torero por la tele. El tipo que les mira con el ceño fruncido es Joseph, un amante celoso rechazado por Gina. Espía para comprobar que si alguien le sustituye; le gusta reventar las burbujas del plástico de embalaje. Y por último Philómene, la azafata. Amelie cuida a Rodri, su gato cuando está de viaje. A Philómene le gusta el ruido que hace el cuenco de su gato. A Rodri le encanta estar presente cuando cuentan cuentos a los niños.

[...]

A veces los viernes Amelie va al cine. "Me gusta mirar hacia atrás y ver la cara de los espectadores. También me gusta descubrir los detalles que nadie más ve. En cambio odio las viejas películas cuando el que conduce nunca mira la carretera." Amelie no tenía ningún hombre en su vida. Lo había intentado, pero los resultados nunca habían estado a la altura de sus expectativas. En cambio cultiva el gusto por los pequeños placeres: hundir la mano en un saco de legumbres, partir el caramelo quemado de la crema catalana con la cucharilla, y hacer rebotar las piedras en el canal Sant Martin.

Biblioteca del 19 de Abril, 2005
categoría De cine
notas sobre El viaje de Chihiro, de Miyazaki

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Por primera vez la vi hace algo menos de un año, en japonés, con subtítulos en inglés, a una calidad muy triste. Calidad que no le quitaba ni sonrisa a la historia. En el cine salió antes en Madrid que en Londres. La he revisto varias veces después. El mundo de Chihiro está lleno de vida. Para soñar despiertos, y no olvidar que es posible. Los duendes existen.

(Diciembre, 2003)

«Ayer estuve en el reino de las sombras», Máximo Gorki, 13 de julio de 1986, después de asistir a la primera proyección en Rusia de las películas de los hermanos Lumière. || Foto de Jaime Miralles.
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