Cosecha del 10 de Febrero, 2008
en almacén Mi casa del árbol
Los domingos en casa de Noa

Seguiremos cumpliendo, infinitamente, 29 años. Seguiremos celebrándolo así, con pasta italiana ─y queso rallado a mano y un tuco que tarda dos días en cocinarse─, con un montón pequeño, íntimo, de amigos nacidos en muchas partes del mundo. Sin soplar las velitas, porque vos, viejo, no querés pedir más deseos. Y nos reíremos, beberemos y brindaremos por todos los años que nos quedan. Prepararemos litros de ron con limón y hierbabuena, y hablaremos en portugués como si el orden del mundo dependiese de eso. Tomaremos mate, encenderemos cigarrillos y desafinaremos canciones con letras absurdas.

Yo pensaré en todas las cosas que pasan en un año, y echaré de menos todo lo que ya no es, me llenaré de energía ─como siempre─ con esos abrazos, tan fuertes, que tanto bien hacen y que tanto remueven. Pintaré caracoles con chimenea en las paredes ─siempre con tiza, con tiza de colores─ sabré que todo se construye desde ahí, desde el humo que sale de esa chimenea, y que se puede borrar con un manotazo o un balde de agua. Miraré dentro de todos los ojos que me miran, buscando una razón para no irme al otro lado del mundo.

Y diremos que después de todo, no es tan malo volver a casa ─tener dos casas, dos corazones─. Que nuestro destino es así, que no nos vamos a escapar de él ─no podemos escondernos─ y que nos pasaremos muchas horas dentro de un avión sobrevolando el océano. De vuelta, siempre de vuelta.


Para Pablito


© 2000 - 2006, textos de Mariana Torres, bajo una licencia de Creative Commons. Excepto los textos citados que son propiedad de sus respectivos autores.

Creative Commons License