Las paredes del salón de Enrique parecen un helado de vainilla, del bueno, con motitas marrones. El champú huele a menta y el gel parece yogur. Enrique colecciona sabores del té de todo el mundo. Hay un elefante de piedra y una pequeña urraca viviendo entre las raíces de sus plantas. Bobby me cuenta que la arena de la playa la han traído de otro sitio, que es por eso que tiene esos puntitos dorados que parecen purpurina. Los niños comen galletas con sabor a extraterrestre, nave espacio y constelaciones solares.