París es una isla a la que llegar cuando estás muy cansado. Es fácil curarse en París. Solo hay que dejar el plano en la mochila y tratar de perderse por las calles. Atravesar puentes, seguir a la gente que parece ir a algún sitio y buscar a la Maga por los rincones. Dejar que las cosas aparezcan por sí solas. En París, cuando te pierdes, sale de la nada una iglesia inesperada en cualquier rincón. O un gato negro con collar amarillo que se mueve con seguridad por las callejuelas de Montmartre.