Cosecha del 3 de Febrero, 2007
en almacén Dicen que dicen
La llamada

Encontré el móvil en la basura. Era viernes, acababan de robarme la cartera mientras cenaba en un restaurante de Plaza España y estaba de mal humor. No sé en qué momento me abrieron el bolso. Acababa de cenar con mi padre y se había pasado toda la conversación intentando convencerme que tenía que perdonar a mamá algún día. Me contaba que mamá llevaba meses esperando que volviese a hablar con ella.

Cuando fui a pagar me di cuenta que no tenía la cartera, y me enfadé muchísimo, era lo único que me faltaba. Empecé a mirar con cara de odio al camarero, a los que comían en la mesa de al lado y a los que hacían cola en la puerta. Estaba segura de que podía haber sido cualquiera de ellos. Dejé que pagase mi padre y, ya en la calle, paré a un taxi mientras él no dejaba de quejarse de "lo mal que está Madrid" y de decirme mil veces "Carmen, hija, haces muy mal en vivir sola".

Cuando el taxi por fin arrancó me dediqué a rebuscar en todas las papeleras de la zona. Había oído que muchos ladrones tiran las carteras después de quedarse el dinero y las tarjetas. Busqué en varias, casi todas estaban llenas de periódicos y papelitos de publicidad. En la más sucia de todas, justamente, encontré el móvil. Estaba a punto de darme por vencida ―de todas las papeleras, era la peor, estaba llena de cáscaras de naranja y de plátano y de hamburguesas desechas―, cuando un móvil empezó a sonar. Metí las dos manos y lo removí todo, el móvil estaba dentro de una bolsa de papel. Me quedé de piedra cuando vi quien llamaba. En la pantalla del móvil aparecía intermitente el nombre de una tal "Carmen" junto al dibujito de un teléfono sonriente. Dudé. Me asusté un poco. Me pareció demasiada casualidad que estuviera llamando una persona que se llamara igual que yo. Me acordé del carterista. Volví a enfadarme con el mundo. Entre tantas dudas Carmen colgó. Así que, decidida, busqué su número y llamé, no tardó nada en responder. "Hola, por fin me llamas... hace meses que no sabemos de ti". "Sí... es que he estado liada", le dije. "Claro, sí, como siempre. Bueno, llama a mamá, está preocupada". Y colgó. Por un momento me quedé sin palabras, hacia frío y había poca gente en la calle. Hasta se me olvidó que me habían robado la cartera. Eché a andar Gran Vía arriba y desde ese mismo móvil marqué el número de mi madre.


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