Su época preferida era el otoño. Le apasionaba cubrir el suelo de su casa con hojas secas. Las recolectaba con cuidado a primera hora, a las siete de la mañana, antes de que la lluvia o los jardineros hicieran estragos con ellas. Antes de que perdieran el crujido. Para eso de las doce ya tenía completado su ritual.