Cosecha del 23 de Junio, 2005
en almacén Un metro de altura
Cielo de verano

Cuando éramos más pequeños, en las noches de verano, hermanita y yo salíamos al jardín a contar cometas, asteroides y naves extraterrestres entre todas las estrellas. Papá nos explicaba que no, que no podíamos ver asteroides, porque son muy pequeños, y que de todos los que había solamente se distinguía uno desde la Tierra, a simple vista. A hermanita eso le hacía llorar, porque le gustaba mucho la palabra asteroide. Entonces papá le intentaba inventar una historia basada en cosas que sabía, y le contaba que eran más bonitas las cometas, que estaban formadas por hielo y polvo, y que su nombre derivaba de una palabra griega que significaba cabellera. Papá no sabía contar historias.

Nos turnábamos los prismáticos para buscarlos, yo veía naves extraterrestres, muy veloces que nadie más veía, y añadía que además, cada vez que se veía un cometa, se podía pedir un deseo. A hermanita con los deseos de los cometas se le iluminaban los ojos, pero papá miraba para otro lado, e insistía sobre el hielo, el polvo, los prismáticos, y encendía un cigarrillo, y comentaba que los asteroides están repartidos en su mayoría entre Marte y Júpiter, y más allá de Plutón. Y hermanita pedía un deseo cuando veía un cometa, y yo me acordaba que la palabra griega para cometa significa cabellera, y veía a papá encender otro cigarrillo por cada deseo que pedía hermanita riéndose, con los ojos brillantes.


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