–Mañana van a caer diez metros de nieve.
Hacía como cinco años que el viejo indio no hacía una predicción del tiempo. Todos en la mesa dejamos de cenar y con los cubiertos en la mano nos quedamos en silencio, esperando algo más. Todos menos papá, que siguió cortando el filete y rebañando los cachitos con puré. El viejo indio vivía en la habitación libre que teníamos en casa desde siempre, hablaba muy poco, fumaba mucho y pasaba horas en el porche con la vista perdida en el horizonte. Antes de salir hasta el porche, como todas las noches, se había levantado de la mesa para dejar su plato, y nos había dicho que mañana iban a caer diez metros de nieve. Mamá y la tía empezaron a susurrar, decía mamá que se le habían puesto los pelos de punta, y la tía decía que una nevada tan grande sería el fin del mundo.
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