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—¿Qué es una mujer descalza? Un perro de pelo largo que creció convencido que era un conejo.

—¿Qué es una manada de cuervos? Un carrusel que gira siempre en el mismo sentido y está lleno de niños.

—¿Qué es el silencio? Un libro con las hojas en blanco.

—¿Qué es un puente sobre un río seco? Una cuerda de cinco kilómetros, trenzada, que uno dos ciudades separadas por un abismo.




Un duende naranja de la noche me cuenta historias debajo de un portal, un número once en una calle perdida de la Latina. Llueve y se me mojan los pies. Su acento me recuerda a un verano de hace diez años. El folio de su historia se come a un niña que dibuja en él, y cuando lo entierran crece un gran árbol con hojas que son folios perfectos. El duende se queda dormido mientras fuma cigarrillos, tira las colillas a los charcos brillantes y ya no me cuenta historias. Su silencio es espeso, como de jarabe de arce con limón y canela.


Los zapatos rojos

Ejercicio de clase.


¿Quién te ha regalado esos zapatos rojos? Te los regalaron en una caja, una caja elegante con lazos de raso, la abriste con emoción, llena de curiosidad. Llevabas mucho tiempo esperando algo así, no sabías qué era eso que esperabas, solo presentías que en algún momento iba a llegar, y has sabido reconocerlo cuando has abierto la caja elegante con los zapatos rojos. El lazo de raso que la adornaba está perdido en algún rincón de la habitación, tirado por el suelo sin importancia, arrastrado por la brisa que llega desde la ventana que él dejó abierta antes de irse y regalarte unos zapatos rojos.




Solían decir que nuestro árbol del parque, un nogal de tronco arrugado, muy viejo, tenía el tronco tan inclinado -tan cerca del suelo- porque le gustaban los niños -decían-, adoraba que se le subieran encima para hacer equilibrios en su tronco. Nuestro nogal tenía la inclinación perfecta para que un niño de medio metro de alto pudiera subir saltando apenas un poco. Pasamos muchos veranos en ese tronco, entre las ramas más altas, era entre galeón hundido y barco pirata, a veces solamente casa del árbol, e incluso llegó a ser una guarida de la selva. Los últimos veranos la pandilla se hizo más nocturna, pero no dejábamos de citarnos allí, no había necesidad de quedar con nadie, después de cenar todos nos veíamos en el nogal. El verano pasado no pude venir. Este verano el nogal ya no está, ahora hay una explanada muy grande justo donde crecía. Van a construir una urbanización -dice el cartel- con muchas viviendas unifamiliares y zonas ajardinadas. Zonas ajardinadas, eso dice.


Comprar estrelllas

De las estrellas de casa de Berna (y de Lara), compradas el mismo día, poco antes de unas Navidades en Madrid.


Es diciembre y no dejo de hacer cuentas en la calculadora. Necesito que me lleguen los ahorros para comprar estrellas. Las estrellas las venden en Ikea, son siete filas de estrellas colgadas que se iluminan por la noche y dan una luz suave todo el año. Quiero comprar varias cajas para mamá, pero en Ikea solo las venden por Navidad, no son caras, pero las cuentas con la calculadora no me salen. O se quedan justas. Si quito las vacaciones todo encajaría, en realidad solo con encontrar a alguien que cuidara de Keko todo encajaría, los hoteles para perros son caros, muy caros, más aún en Navidad. Si no dejo a Keko no puedo viajar a casa a colgar las estrellas. Mamá sueña con ellas, es la última Navidad que estará con nosotros. Si me llevo a Keko, puedo comprar sin problemas las estrellas, varias cajas, y decorar su habitación. Pero a mamá, a mamá le dan miedo los perros.