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Una felicitación para año nuevo

Pameos y meopas | Julio Cortázar


De todas las felicitaciones de año nuevo que me llegaron, esta, que ya la conocía, fue la que más me gustó. De Julísimo Julio, por supuesto. Un poema que se puede leer dentro de Pameos y meopas, en la sección "Larga distancia". Por lo que he podido averiguar, al menos.

La recordó Carlos Sobrino. Aquí la dejo.

Happy new year

Mirá, no pido mucho,
solamente tu mano, tenerla
como un sapito que duerme así contento.
Necesito esa puerta que me dabas
para entrar a tu mundo, ese trocito
de azúcar verde, de redondo alegre.
¿No me prestas tu mano en esta noche
de fin de año de lechuzas roncas?
No puedes, por razones técnicas. Entonces
la tramo en el aire, urdiendo cada dedo,
el durazno sedoso de la palma
y el dorso, ese país de azules árboles.
Así la tomo y la sostengo, como
si de ello dependiera
muchísimo del mundo,
la sucesión de las cuatro estaciones,
el canto de los gallos, el amor de los hombres.




Visto lo visto, habrá que darle la razón.

Y qué bien que la tenga (qué alivio, sobre todo).

Van a pasar tantas cosas

De aquí a un año
pueden pasar tantas cosas:
Que encontremos el amor de nuestra vida,
que lo perdamos (acaso una vez más),
que descubramos que, con todo, no nos hacía tanta falta.

De aquí a un año
pasarán tantas cosas:
Que las pesadillas dejarán de serlo de pronto
que nos asustarán pesadillas nuevas,
que descubriremos que, con todo, es nuestro miedo (y no las pesadillas).

De aquí a un año es tanto tiempo.

para Mariana, Isa, Alice, Ampa



Uno de los buenos, además.

Encrucijadas

El corazón deja de latir
(a veces hasta el reloj se para)
encogido
de miedo.
Pero más allá de ese abismo
sigue latiendo la vida,
intacta,
con todas sus promesas.
Sólo hay que seguir caminando
un
poco
más.




Un poema (antiguo, antiguo) de Bárbara Butragueño

Regresiones psicotrópicas a estados primigenios

Esta mañana
busqué poemas bajo las plantas,
encontré una palabra metálica en el suelo,
besé cada objeto que sentí distante,
le practiqué una operación a corazón abierto a un cocodrilo fosforescente,
me tumbé en el suelo y me diluí en mi carencia,
desde debajo de mí misma me vi sonreír
y supe que hay que aprender a desaprender...

...construí una varita mágica con tres flores,
tomé el té con un jazmín que se llamaba Gertrudis,
salté y me perdí entre mis rastas,
conocí mi rostro y mis dedos -se presentaron amablemente-,
mis brazos crecieron hasta tocar el suelo y le canté al sol,
aprendí que el sabio no habla y que el que habla no es sabio,
susurré a una flor diminuta para que no se asustará, después bailamos durante horas,
aprendí que las palabras son toboganes de colores
y que no siempre llueven chinchetas...

((a veces para crecer hace falta sumergirte en ti mismo))




Si no son los pájaros
cubiertos de ceniza,
si no son los gemidos que golpean las ventanas de la boda,
serán las delicadas criaturas del aire
que manan la sangre nueva por la oscuridad inextinguible.
Pero no, no son los pájaros,
porque los pájaros están a punto de ser bueyes;
pueden ser rocas blancas con la ayuda de la luna
y son siempre muchachos heridos
antes de que los jueces levanten la tela.