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El bailarín del sombrero de oro

El hilo azul | Gustavo Martín Garzo | Fundación G.S.R.


En El hilo azul se recogen muchos artículos de Martín Garzo. Hace años alguien me pasó un artículo que se titulaba "Dibujar una cigüeña", creo que fue casi lo primero (o lo segundo) que leía sobre estos temas, creo recordar que circulaba por La lista de aquel entonces. Hace poco tropecé sin querer con este libro y lo compré sin abrirlo solo al comprobar que estaba ese artículo incluido. La edición corre a cargo de Mariángeles Fernández,y supongo por alusiones que es una re-edición de un libro publicado en 2001; lo importante es que se puede conseguir muy fácilmente.

El primer artículo, a modo de prólogo, habla de ese bailarín del sombrero de oro, y dice que escribir no es otra cosa que convocarle. Ese "dichoso jorobado berlinés", al que también nombró Rosa Chacel y que tan bien recuerda Martín Garzo: "escribir es el deseo de irse por los tejados". Y ese bailarín es el Carboncito del que habla Javier Sagarna en aquel prólogo de hace años —que me hizo apuntarme al primer taller—, y esos tejados son sin duda los mismos que los que aparecieron en otro prólogo, año después, en un libro de la Escuela —y que debieron salir de algún lugar escondido que tenemos todos dentro—.

Así que cómo no voy a disfrutar de este libro. Dejo algunos fragmentos del prólogo, del primer artículo, el de ese bailarín del sombrero, tan travieso como escurridizo. Y de tan vivo, insustancial.

Además, por desgracia, apenas recuerdo lo que leo. Sé reconocer al instante los libros que me importan, pero será precisamente en esos casos cuando más costoso me resulte hablar de ellos, tal vez porque, como dejó dicho el último Barthes, nada es más difícil que hablar de lo que amamos. [...] A pesar de todo, no suele ser eso, cómo están escritos, lo que más me preocupa, sino desde dónde lo hice. Creo que esa pregunta por el lugar desde el que se escribe es la pregunta esencial de la literatura. [...]

Como los sueños

Marguerite Duras | Escribir | Tusquets Editores


Esto es del libro de Marguerite Duras, un libro que está lleno de sensaciones y que leí hace tiempo, es uno de los libros heredados de la vieja biblioteca. Pero está frase estaba como cita de la novela de Isabel Cobo titulada Utilidades de la casa, que acabo de descubrir. Y no quiero más que soltarla aquí, en honor a la escritura y a los sueños.

La escritura es lo desconocido. Antes de escribir no sabemos nada de lo que vamos a escribir. Y con toda lucidez

Qué suerte poder disfrutar de ambos.


El sueño del gato

El sueño del gato | Relatos alumnos 2008 | EdE


Todos los años editamos el libro de alumnos de la Escuela. Este año el libro se ha titulado "El sueño del gato", es el quinto, y me ha tocado a mí escribir el prólogo (alguna vez tenía que pasar). Hay un momento de la edición en la que todo se encadena, el prologuista necesita el título para escribir el prólogo, y la diseñadora necesita el prólogo para montar la portada. Así que se sienta uno y lo escribe. En toda esa cadena nació el pescador de niebla, y su gato, que corre y vive y sueña por los tejados. Mientras, como no, alguien escribe.

Cuando se apagan las últimas ventanas del edificio, el gato se despereza, estira sus rayas y con un par de saltos elegantes se acomoda en los hombros del pescador de niebla. El pescador tiene un sombrero puntiagudo –para esconderse de las luces de las farolas–, y camina con el gato haciendo equilibrismos por las cornisas. En el hombro derecho apoya la caña de pescar, y con la mano libre parece bailar con la niebla.

Todas las noches, cuando el pescador está llenando con niebla la tercera botella, se enciende la ventana del segundo piso. El gato, al instante, se estira para ver mejor lo que ocurre. El pescador frunce la nariz, no le gustan nada las luces imprevistas, y menos en mitad de la jornada nocturna. Y es que, pasada la medianoche, siempre ocurre lo mismo: la chica del segundo enciende la lámpara de su mesa y se sienta a escribir junto a la ventana.

Umbral no ha muerto

Ignacio Ferrando | Francisco Umbral


Cuando murió Umbral yo había leído poco de él. Sus columnas, sí, de arriba a abajo muchas de ellas. Pero poco más. Así que no pude hacerle un homanaje como sí hizo Nacho. Aquí está. Y empezar a leer todos sus libros.

Los que le queríamos no estamos de luto. Francisco Umbral no ha muerto y nos negamos a creerlo. La muerte de alguien cercano y querido siempre produce este primer efecto, de espejismo y negación, no pasa nada, no sucede nada. En el caso de Umbral esto es cierto o casi cierto, sabemos que su muerte de ayer es insignificante porque nos lega sus más de ochenta libros, sus miles de páginas, sus momentos de vida y sus segundos más brillantes.

Algunos nos formamos hace años con sus lecturas y nos ‘topamos’ con sus libros —por entonces hacíamos eso, leíamos a golpes, desnortados por completo—. Nos iniciamos de su mano paternal en los goces prostibularios, nos mostró su particular edén plagado de ninfas bañándose en la alberca —siempre en la alberca o en el pilón, nunca en el prosaísmo de una bañera o en un plato de ducha—, un vergel habitado por sudorosas labriegas plenas de vigorismo y sobreabundancia de carnes, escenas donde con su verga inclemente e inmisericorde profanaba a sirvientas y amas de cría indistintamente.


Steve Jobs en la Universidad de Stanford

Steve Jobs | Discurso en Stanford


Aquí está el discurso de Steve Jobs, creador de Apple y de Pixar, del 12 de junio de 2005. "You've got to find what you love". Al final del artículo hay un enlace al vídeo en You Tube con una traducción al español.

I am honored to be with you today at your commencement from one of the finest universities in the world. I never graduated from college. Truth be told, this is the closest I've ever gotten to a college graduation. Today I want to tell you three stories from my life. That's it. No big deal. Just three stories.

The first story is about connecting the dots.