Biblioteca del 24 de Febrero, 2006
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de Esperanza Fabregat, Nieve

Me he levantado a las seis y media y el silencio era absoluto. Mi hermano dice que se conoce como el silencio de la nieve y tiene que ver con la densidad del aire y la dificultad para propagarse el sonido. Qué más da. La carretera estaba preciosa y el parque del Manzanares tenía pinta de estepa siberiana. Aunque vete a saber cómo será la estepa siberiana, claro. La calle de mi trabajo está cortada al tráfico por obras, así es que no hay coches ni máquinas que limpien y la nieve sigue cayendo mansa. He visto nevar muchas veces porque, aunque madrileña, soy aficionada al esquí. Pero no es lo mismo ver la nieve cuando la esperas, cuando está en su medio natural que verla en las calles de Madrid o de Getafe. La televisión muestra imágenes de Asturias, de Zaragoza, de mil sitios diferentes en los que el silencio de la nieve ha hecho mella.

Mis alumnos van llegando con cuentagotas. Todos los días vienen con caras de sueño, con pocas ganas. Hoy en cambio traen todos la sonrisa puesta y saludan con un movimiento de cabeza, sin querer romper el silencio. Solo al pasar por la puerta de un colegio he oído bullicio y ni siquiera era el ruido habitual de quejas infantiles sino más bien el sonido de la felicidad, si es que existe.

Y la nieve sigue cayendo mansa, silenciosa. Limpiando la calle, limpiando el aire, acallando el ruido.

Publicado en el foro de debate Escritura Creativa de la Escuela de Escritores el 23 de febrero de 2005.

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