Biblioteca del 30 de Junio, 2005
categoría Relatos
de Raymond Carver, El padre

El bebé estaba en una canasta al lado de la cama, y llevaba puesto un pelele y un gorro blanco. La canasta de mimbre estaba recién pintada, acolchada con pequeños edredones azules y sujeta con cintas de color azul claro. Las tres hermanitas y la madre, que se acababa de levantar de la cama y aún no se había despertado del todo, y la abuela rodeaban todas al bebé y observaban cómo miraba con fijeza y de cuando en cuando se llevaba el puño a la boca. No sonreía ni reía, pero a veces parpadeaba y movía la lengua entre los labios cuando una de las niñas le pasaba la mano por la barbilla.

El padre estaba en la cocina y les oía jugar con el bebé.

-¿A quién quieres tú, pequeñín? -dijo Phyllis, y le hizo cosquillas en la barbilla.

-Nos quiere a todos -dijo Phyllis-, pero al que quiere de veras es a papá, ¡porque papá también es chico!

La abuela se sentó en el borde de la cama y dijo:

-¡Mirad su bracito! Tan gordo. ¡Y esos deditos! Igualitos que los de su madre.
-¿No es una preciosidad? -dijo la madre-. Tan sano, mi niñito. -Se inclinó sobre la cuna, besó al bebé en la frente y tocó la colcha que le tapaba el brazo-. Nosotros también le queremos.

-¿Pero a quién se parece, a quién se parece? -exclamó Alice, y todas ellas se acercaron a la canasta para ver a quién se parecía.

-Tiene los ojos bonitos -dijo Carol.

-Todos los bebés tienen los ojos bonitos -dijo Phyllis.

-Tiene los labios del abuelo -dijo la abuela-. Fijaos en esos labios.

-No sé... -dijo la madre-. No sabría decir.

-¡La nariz! ¡La nariz! -gritó Alice.

-¿Qué pasa con su nariz? -preguntó la madre.

-En la nariz se parece a alguien -dijo la niña.

-No, no sé... -dijo la madre-. No creo.

-Esos labios... -dijo entre dientes la abuela-. Esos deditos... -dijo, destapando la mano del bebé y extendiéndole los menu dos dedos.

-¿A quién se parece este niño?

-No se parece a nadie -dijo Phyllis. Y todas se acercaron aún más a la canasta.
-¡Ya sé! ¡Ya sé! -dijo Carol-. ¡Se parece a papá! -Todas miraron al bebé de muy cerca.

-¿Pero a quién se parece su papá? -preguntó Phyllis.

-¿A quién se parece papá? -repitió Alice, y entonces todas ellas miraron a la vez hacia la cocina, donde el padre estaba en la mesa, de espaldas a ellas.

-¡Vaya, a nadie! -dijo Phyllis, y se puso a lloriquear un poco.

-Calla -dijo la abuela, apartando la mirada. Luego volvió a mirar al bebé.

-¡Papá no se parece a nadie! -dijo Alice.

-Pero tendrá que parecerse a alguien -dijo Phyllis, secándose los ojos con una de las cintas. Y todas salvo la abuela miraron al padre, que seguía sentado en la cocina.

Se había dado la vuelta en su silla y tenía la cara pálida y sin expresión.

De "¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?". Compactos, Anagrama. Traducción de Jesús Zulaika.

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