Biblioteca del 8 de Junio, 2005
categoría Fragmentos
de David Rhodes, Rock Island Line

Los más mayores recuerdan a Della y Wilson Montgomery tan bien como si el domingo anterior, después de la cena que se improvisaba en la iglesia, éstos hubieran subido a su Chevrolet gris para volver a su casa de campo; Della sacando el brazo por la ventanilla para despedirse y Wilson, inclinado sobre el volante, conduciendo con las dos manos. Los recuerdan como si ayer mismo hubieran pasado en coche frente a la casa de piedra arenisca de los Montgomery y los hubieran visto sentados en el balancín del porche, Wilson meciéndolo, lenta y concienzudamente atrás y adelante, Della sonriendo, tocando el sueño con los piececitos sólo a la vuelta, ambos con aspecto de niños dóciles y discretos.

Della tenía las manos tan pequeñas que le cabían en un tarro de boca pequeña. Durante muchos años fue su única maestra y, excepto los más jóvenes, todos la tuvieron y desearon con todas sus fuerzas saberse bien la ortografía y la aritmética, para complacerla. No había niño que llorase que no se calmara en sus brazos. Entre las mujeres existía la creencia de que no hacía falta ir a buscar ayuda o consuelo en momentos de necesidad, porque Della lo notaba en el aire y acudía. Los viejos del lugar ya no hablan de ella, pero cómo se les ensombrece la cara, y parece que hablen de parte de sí mismos, no es sólo que Della forme parte de los tiempos pasados, sino que cuando ella y Wilson se hubieron ido, extrañaba que cualquier cosa de entonces siguiera siendo igual sin ellos.

De David Rhodes, Rock Island Line (Nueva York: Harpet & Row, 1975). Tomado de "Para ser novelista", de John Gardner (Ediciones Fuentetaja)

© 2000 - 2006, textos de Mariana Torres, bajo una licencia de Creative Commons. Excepto los textos citados que son propiedad de sus respectivos autores.

Creative Commons License