Biblioteca del 8 de Mayo, 2005
categoría Leído en
de Paul Auster, Nueva York, modo de empleo (Manual para Ciudad Gótica)

SONREÍR

Sonríe cuando la situación no lo exija. Sonríe cuando estés furiosa, cuando te sientas fatal, cuando te sientas aplastada por el mundo... Y fíjate si sirve de algo.

Sonríe a los desconocidos por la calle. Nueva York puede ser peligrosa, tampoco seas demasiado imprudente. Si prefieres, sonríe sólo a desconocidas (los hombres son muy brutos y es mejor no provocar malentendidos).

En cualquier caso, trata de sonreír lo más posible a la gente que no conoces. Sonríe al cajero que te da tu dinero en el banco, a la camarera que te pone el almuerzo, al que va sentado frente a ti en el metro.

Fíjate si alguien te devuelve la sonrisa. Lleva la cuenta diaria de las sonrisas que te devuelven. No dejes que te decepcionen los que no te sonríen.

Considera cada sonrisa devuelta como un valioso regalo.


HABLAR CON DESCONOCIDOS

Algunas personas te hablarán cuando les sonrías. Lleva preparadas algunas respuestas amables. Algunos te hablarán porque se sentirán confundidos, amenazados o insultados por tu gesto de simpatía ("¿Algún problema, señorita?"). A ellos, desármalos con un cumplido inesperado: "No, sólo admiraba su hermosa corbata". O "Me encanta su vestido".

Otros te hablarán porque son espíritus amistosos y disfrutan con las expresiones de humanidad que se les presentan en el camino. Trata de mantener vivas estas conversaciones tanto como puedas. No importa de qué hables. Lo importante es que ofrezcas un poco de ti y procures establecer un contacto sincero, por breve que sea.

Si andas corta de temas, habla del tiempo. Los más cínicos lo consideran un tema banal, pero la verdad, es el mejor para iniciar una conversación. Piénsalo por un instante y descubrir, una cualidad metafísica, incluso religiosa, en el interés que despierta la llegada de las lluvias, o las acumulaciones de nieve en Central Park. No hay nada tan igualitario como el tiempo. Nadie puede contra él, y a todos nos afecta por igual, ricos o pobres, negros o blancos, sanos o enfermos.

El tiempo no hace distinciones. Cuando te llueve a ti, me llueve a mí. A diferencia de mayor parte de nuestros problemas cotidianos, no es culpa de nadie. Surge de la Naturaleza de Dios o como quieras llamar a las fuerzas e universo que no podemos controlar. Comentar el tiempo con un desconocido es estrecharle la mano y bajar las defensas. Es un signo de buena voluntad, un reconocimiento de la condición humana que te une a la persona con quien hablas.

Ya que tantas cosas nos separan, ya que vivimos en una atmósfera saturada de rencor y discordia, es bueno recordar las cosas que nos acercan. Mientras más insistamos en ellas en nuestras tras relaciones con desconocidos, mejor espíritu tendrá la ciudad.


MENDIGOS Y DESAMPARADOS

No te pido que cambies el mundo. Sólo quiero que le prestes atención, que pienses en lo que te rodea más que en ti misma. Al menos mientras estés fuera de casa, mientras vagabundeas por la calle, de aquí para allá.

No ignores a los pobres. Están por todas partes, y uno puede acostumbrarse tanto a ellos que termina por olvidar su presencia. No los olvides.

No te pido que repartas todo tu dinero entre los pobres. Seguirán siendo pobres aunque lo hagas (y habría una más entre sus filas).

Sin embargo, nuestra responsabilidad como seres humanos es no dejar que nuestros corazones se endurezcan. Hay que hacer algo, aunque nuestros gestos nos parezcan pequeños o desesperados.

Ármate de pan y queso. Cada vez que salgas de casa, prepara tres o cuatro bocadillos y mételos en tus bolsillos. Cuando veas a alguien con hambre, dale uno.

Lleva cigarrillos también. La creencia popular asegura que son malos para la salud, pero la creencia popular subestima el placer que les brindan a los que fuman. No te contentes con dar uno o dos. Regala varios paquetes.

Si en tus bolsillos no entran suficientes bocadillos, ve al McDonald más cercano y compra todos los vales que puedas. Cuando te quedes sin bocadillos, reparte los vales. Es posible que no te guste la comida rápida. Pero le gusta a la mayoría de la gente. Considerando las alternativas, la relación calidad-precio es bastante razonable.

Los vales serán especialmente agradecidos cuando haga frío. El que tenga hambre no sólo podrá llenarse la barriga, sino también calentarse un rato bajo techo.

Si no sabes qué decir cuando entregues el vale, habla del tiempo.


ADOPTAR UN LUGAR

En Nueva York no sólo hay gente necesitada. También hay cosas necesitadas. No sólo cosas importantes como puentes o vías de metro, sino también pequeñas cosas que apenas notamos aunque las tengamos frente a nuestros ojos: las aceras, las paredes, los bancos públicos. Si observas bien los objetos que te rodean, verás que casi todos se están cayendo a pedazos.

Escoge un lugar de la ciudad y piensa en él como si fuera tuyo. No importa dónde esté, ni siquiera importa lo que sea. Una esquina, una boca de metro, un árbol en el parque. Asúmelo como una responsabilidad. Límpialo. Adórnalo. Considéralo una extensión de ti misma, una parte de tu identidad. Cuídalo con el mismo celo con que te ocupas de tu propia casa.

Visítalo todos los días a la misma hora. Quédate junto a él una hora, atenta a lo que le pasa, a la gente que se detiene cerca, a lo que hacen, sea lo que sea. Toma notas, haz fotografías. Registra estas observaciones cotidianas y procura aprender algo de la gente, del lugar o de ti misma.

Sonríe a los que lo visiten. Cuando puedas, háblales. Si no sabes qué decirles, comienza hablando del tiempo.

De "Manual para Ciudad Gótica". Traducción del inglés: Santiago Roncagliolo. Leído en el número 5 de Club Cultura: Instrucciones personales para S.C. (Sophie Calle) -redactadas a petición de ella misma- sobre cómo hacer más agradable la vida en Nueva York.

©2001-2005, Mariana Torres, excepto los textos citados, propiedad de sus respectivos autores.