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Como los sueños

Marguerite Duras | Escribir | Tusquets Editores


Esto es del libro de Marguerite Duras, un libro que está lleno de sensaciones y que leí hace tiempo, es uno de los libros heredados de la vieja biblioteca. Pero está frase estaba como cita de la novela de Isabel Cobo titulada Utilidades de la casa, que acabo de descubrir. Y no quiero más que soltarla aquí, en honor a la escritura y a los sueños.

La escritura es lo desconocido. Antes de escribir no sabemos nada de lo que vamos a escribir. Y con toda lucidez

Qué suerte poder disfrutar de ambos.




Después del rodaje, viene el montaje. Eso ya lo sabemos todos. Yo no tenía muy claro qué pasaba después, hasta que me senté en la sala de montaje con Jonás y me fue ordenando el puzzle en una pantalla. Me costó varios días acostumbrarme a ver el material tan en bruto. Tuvo que pasar una semana, o dos tal vez, para que todo lo que estaba viendo me empezara a gustar un poco. Al principio solo era capaz de ver los fallos, y todo lo que no nos dio tiempo a hacer, todo lo que faltaba. Miraba agujeros, los buscaba a conciencia, y claro, encontraba muchos. Un primer cortometraje está lleno de agujeros.

Pero después de esos primeros días de proceso, no sé muy bien porqué se produjo, se me debió ajustar algún tipo de engranaje en el cerebro, porque empecé a ver lo que teníamos y a poder trabajar con ello. Para entonces Jonás me quería echar de la sala de montaje, justo cuando yo empezaba a disfrutar del tema. Durante esas semanas releí el libro de Walter Munch publicado por Ocho y Medio, y no quiero dejar que se me escape entre a nada uno de esos artículos. Lo publico en fragmentos, es muy breve, podéis leerlo completo en el libro. La traducción es de Arantxa Aguirre.

Soñanando en pareja

En muchos sentidos, el montador de una película cumple el mismo papel con respecto al director que el de un editor desempeña frente a un escritor. [...] Así que parece que la relación entre un montador y un director en una película oscila hacia delante y hacia atrás a lo largo del proyecto, el numerador pasa a ser el denominador y viceversa.

En la terapia del sueño existe la técnica de emparejar al paciente —el soñador en este caso— con otra persona que está allí para escuchar el sueño. En cuanto se despierta, el soñador se reúne con su oyente para relatarle el sueño de la noche anterior. A menudo no hay nada o tan solo una única imagen más bien decepcionante, pero suele ser suficiente para iniciar el proceso. Una vez que la imagen se ha descrito, la tarea del oyente consiste en proponer una secuencia imaginaria de sucesos basada en ese fragmento.

Por ejemplo, todo lo que se ha recordado es un avión. El oyente propone inmediatamente que debe de haber sido un avión de pasajeros volando sobre Tahiti cargado con pelotas de golf para un torneo en Indonesia. Tan pronto como oye esta descripción el soñador se encuentra a sí mismo protestando: "No. Era un biplano, sobrevolando los campos de batalla de Francia, y Aníbal estaba arrojándole flechas desde su legión de elefantes".

En otras palabras, el propio sueño, escondido en la memoria, se alza para defenderse cuando se le desafía con una versión alternativa, y de este modo se revela a sí mismo. Esta revelación acerca de biplanos y elefantes puede, a su vez, mover al oyente a elaborar otra improvisación, que sonsacará un nuevo aspecto del sueño escondido, y así sucesivamente, hasta que el sueño quede revelado hasta donde sea posible.

En la relación entre director y montador, el director es generalmente el soñador y el montador, el oyente. [...] Pero en ocasiones el soñador es el montador y el director es el oyente, que es entonces quien pone un cebo para que el sueño colectivo revele más de sí mismo.

[...]




Ayer estuve en la presentación del álbum ilustrado Crisis, en la librería Tres Rosas Amarillas. Los autores, F. J. Rico y Virginia Pedrero. Hace algunos meses, el curso pasado de hecho, Rico llegó a clase con un ejemplar hecho a mano de este librito. El texto era suyo y las ilustraciones de Virginia. Y ambos se complementaban para hablar de algo tan del día a día últimamamente, pero desde un punto de vista mucho más arriba del ombligo al que nos acostumbra la tele.

Le dijimos a Rico, todos creo recordar, que era estupendo. Y yo pensé, y supongo que dije en voz alta, que tendrían mucha suerte si se lo publicaban. Dije eso, pero pensé que sería una tarea más que difícil.

Bueno, pues me equivoqué, menos mal. Lo han publicado y ayer lo presentaron en Madrid y pronto lo harán en Logroño, ciudad natal de la editorial.

Rico y Virginia, los dos, son profesores de instituto. De economía y de plástica, respectivamente. Hicieron hincapié en la utilidad de este álbum para acercar el tema a los adolescentes, para sentar bases y trabajar desde ahí.

Y, digo yo, también para los adultos.

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¿Qué es una crisis?

Por lo visto una crisis es algo que afecta al 15% del planeta.

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Describir personajes a través de acciones

Wiliam Faulkner | Mientras agonizo | Editorial Anagrama


Copio este pequeño fragmento de las primeras páginas de esta novela de Faulkner. La traducción es de Jesús Zulaika. La copio por la cantidad de cosas que se pueden decir de un personaje en pocas líneas (en realidad de dos personajes, porque el narrador que elige decir esto también es parte de la historia, claro).

[...] La camisa de padre está mucho más descolorida por la parte de la joroba. No se ven manchas de sudor en la tela. Nunca he visto manchas de sudor en su camisa. Una vez, cuando tenía veintidós años, se puso enfermo trabajando al sol en el campo, y desde entonces dice a todo el mundo que si se pone a sudar se muere. Creo que hasta se lo cree.

Porque somos muchos...

Julio Cortázar | Historias de cronopios y de famas | Punto de lectura


...y vivimos en la calle Humboldt. Que existe, claro, en Buenos Aires. En Palermo, cruza Corrientes por algún punto y es paralela a Juan B. Justo. Cerca de La Chacarita. Y de la calle Lavalleja donde vivía hace años mi amiga Laura (que ahora vive casi en La Patagonia). Quería hablar de Cortázar y solo pienso en Buenos Aires. Bueno, pero siempre tendremos este cuento.

Simulacros

Somos una familia rara. En este país donde las cosas se hacen por obligación o fanfarronería, nos gustan las ocupaciones libres, las tareas porque sí, los simulacros que no sirven para nada.

Tenemos un defecto: nos falta originalidad. Casi todo lo que decidimos hacer está inspirado —digamos francamente, copiado— de modelos célebres. Si alguna novedad aportamos es siempre inevitable: los anacronismos o las sorpresas, los escándalos. Mi tío el mayor dice que somos como las copias en papel carbónico, idénticas al original salvo que otro color, otro papel, otra finalidad. Mi hermana la tercera se compara con el ruiseñor mecánico de Andersen; su romanticismo llega a la náusea.

Somos muchos y vivimos en la calle Humboldt.