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    <title>Otras Hierbas</title>
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    <title>El testigo principal</title>
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    <published>2013-05-04T22:24:22Z</published>
    <updated>2013-05-05T10:26:03Z</updated>

    <summary>Cuando le conté a Berna que empezaba a confiar en mis textos, después de años de mirarlos con recelo y duda, recordó esta mirada oblicua, del 2004. No la encontramos en la web. Pero acabo de rescatarla de su libro,...</summary>
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        <![CDATA[<p>Cuando le conté a <a href="http://about.me/bernawang" target="_blank">Berna</a> que empezaba a confiar en mis textos, después de años de mirarlos con recelo y duda, recordó esta mirada oblicua, del 2004. No la encontramos en la web. Pero acabo de rescatarla de su libro, así que la trascribo. Que la primavera está aquí y las hierbas han estado, desde noviembre, invernando (como buenos osos que en el fondo son). </p>

<p>Se titula "El león de Lisboa", y va precedida por una cita que dice lo siguiente: "De los dos testigos, atente al principal". </p>

<div id="libro">La primera noche que pasamos en Lisboa, cuandos nos íbamos a dormir, oí el rugido de un león. Le dije: "He oído el rugido de un león". Él contestó: "Es imposible". Y como yo confiaba en él y en su sensatez, pensé que, bueno, me habría equivocado.<br><br>Al día siguiente, en el desayuno, comentó entre risas a nuestros anfitriones: "¿Sabéis que Berna oyó anoche el rugido de un león?" Y ellos contestaron: "¡Claro! ¡Estamos a un paso del zoológico!"<br><br>Fragmento de <i>La mirada oblicua</i></div>]]>
        
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    <title>Los pájaros que habitan mis textos</title>
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    <published>2012-11-26T08:37:10Z</published>
    <updated>2012-11-26T08:59:01Z</updated>

    <summary>A veces pasan tantos meses hasta que vuelvo a un cuento, que lo encuentro lleno de pájaros. Caminan sobre el papel y picotean las letras, lo han llenado todo de plumas. Y ahora en otoño la situación es incluso peor,...</summary>
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    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://www.otrashierbas.com/">
        <![CDATA[<p>A veces pasan tantos meses hasta que vuelvo a un cuento, que lo encuentro lleno de pájaros. Caminan sobre el papel y picotean las letras, lo han llenado todo de plumas. Y ahora en otoño la situación es incluso peor, vienen de pisar cualquier charco y dejan frases enteras perdidas de barro. </p>

<p>En ocasiones se han comido tantas letras sueltas que el cuento ya no hay quién lo entienda. O, incluso, llevan tantas semanas sobre el papel que lo han llenado todo de cagadas, tan precisamente distribuidas que lo único que puede hacerse es arrugar bien el cuento y tirarlo a la basura. </p>

<p>Pero no me enfado con los pájaros, al contrario, porque tienen buen instinto y los cuentos gracias a sus picotazos mejoran bastante. Me gusta llegar y comprobar qué han salvado, ay, esas imágenes que ni los pájaros se atreven a picotear (no vayan a caer muertos o a transformarse en otra cosa). <br />
</p>]]>
        <![CDATA[<p>A veces hay tantos pájaros que tengo que distraerlos, agitar un poco el papel para que se dispersen o espantarlos de golpe, tal vez tirar a lo lejos alguna palabra entera que ya no sirve y allá que vuelan todos por ella. </p>

<p>Los que más preocupada me tiene son los pájaros que han anidado en mi novela. Haces meses que llegó el frío, pero siguen ahí, no emigran ni parecen tener intención de moverse en todo el invierno. Lo peor es que han cogido ya tantas letras para fabricar sus nidos que no hay quién lea. Han usado de argamasa capítulos enteros, y como no tenían palitos ni plumas (¡quién lo diría!) a mano han ido entre sacando sin pudor alguno la ropa a mis personajes, que ahora vagan por la novela gritando y desnudos. </p>

<p>De momento estos pájaros que anidan mi novela no han llenado todo de huevos o, peor, de pollos chillones. No quiero imaginarlo. Se pasarían el invierno entero alimentando a las crías (serían capaces) con personajes enteros, y si se ven muy necesitados irían picoteando y tomando esquinas de las casas, suelos enteros y trozos de infancia. No, no quiero ni pensarlo. </p>]]>
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    <title>El camino a Chicago</title>
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    <published>2012-06-18T23:46:13Z</published>
    <updated>2012-06-18T23:56:07Z</updated>

    <summary>En algún punto del camino a Chicago detuvimos el camión. Debió pincharse una rueda. O nos lo inventamos. Qué más da. Cualquier razón es buena para detener un camión que empieza a pillar demasiada velocidad, que carga a toda una...</summary>
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        <![CDATA[<p>En algún punto del camino a Chicago detuvimos el camión. Debió pincharse una rueda. O nos lo inventamos. Qué más da. Cualquier razón es buena para detener un camión que empieza a pillar demasiada velocidad, que carga a toda una familia. Y a pesar de que las carreteras que llevan a Chicago son lisas y llanas, y sin curvas durante kilómetros, imaginar el camión saliendo por la tangente, volcado, con sus kilogramos de canicas esparcidas por la carretera, el hilo de gasolina a punto de arder, todo eso nos dio pavor. Supongo, un poco de miedo, razón de sobra para hincar los frenos hasta el fondo. Hacer derrapar, con algo de saña, las ruedas del camión en la carretera. Y detenerlo, al camión. Y salir corriendo, la familia entera, despavorida, en todas las direcciones posibles. </p>]]>
        
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    <title>Subir al punto más alto de la colina</title>
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    <published>2012-06-06T17:19:13Z</published>
    <updated>2012-06-06T17:54:23Z</updated>

    <summary>Hoy es 6 de junio. Una luna llena gigantesca se podía ver anoche desde cualquier ventana al aire de Madrid. Venus se ha deslizado por delante del sol durante unas pocas horas, podía observarse como un puntito negro, al parecer,...</summary>
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        <![CDATA[<p>Hoy es 6 de junio. Una luna llena gigantesca se podía ver anoche desde cualquier ventana al aire de Madrid. Venus se ha deslizado por delante del sol durante unas pocas horas, podía observarse como un puntito negro, al parecer, desde diferentes ciudades de la Tierra (acontecimiento astrológico que no volverá a darse de nuevo hasta 2117). </p>

<p>Y ha muerto Ray Bradbury. </p>

<p>Me he despertado a las seis de la mañana, totalmente despejada. Sin despertador, ni luna, ni ruidos, ni gatos. Me he levantado a escribir, que es lo único que se puede hacer a esas horas sin molestar a nadie. El aire ha estado denso toda la mañana, olía como a fosfato, a trinita, a locomotora. He tenido que dormir durante cuatro horas para curarme de todo eso que me cargaba los hombros. </p>

<p>Y me he enterado de la noticia poco después. Hace un rato corto. He tenido el gustazo de encontrarme con este video. </p>]]>
        <![CDATA[<center><iframe width="420" height="315" src="http://www.youtube.com/embed/sLuDOEuwwso" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></center><br>

<p>Transcribo las frases sueltas del final de la entrevista. </p>

<p><em>When people touch my books, they're alive. So that's the gift I give to them, and I want them to carry them back and forth to the library.</p>

<p>Love what you do and do what you love. Don't listen to anyone else who tells you not to do it. You do what you want, what you love so you as a child must imagine what you want, and then you build it. Anything that you want, but imagination should be the center of your life. Fantasy at the center of your life.</p>

<p>Here lies Ray Bradbury who loved life completely.</p>

<p>I'm going to have a t-shirt made. It says, "Stand at the top of the cliff and jump off and build your wings on the way down."</p>

<p>We are all the sons and the daughters of time, so I thank the universe for making life on earth, and allowing me to come alive here.</em></p>

<p>Aquí descansa Ray Brabdury, que amó la vida complemente. </p>

<center><img src="http://img.gawkerassets.com/img/17oy2na1lsyi8jpg/original.jpg" width="400"></center>]]>
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    <title>Una estrella suave y azul</title>
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    <published>2012-06-06T06:34:57Z</published>
    <updated>2012-06-05T08:08:01Z</updated>

    <summary>La encontré en las calles de Viena el primer día que me perdí caminando sola desde la tienda turca al hotel. Era de felpa, celeste, y tenía un cordón rojo (casi un pendiente) atado un agujerito en una de las...</summary>
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        <![CDATA[<p>La encontré en las calles de Viena el primer día que me perdí caminando sola desde la tienda turca al hotel. Era de felpa, celeste, y tenía un cordón rojo (casi un pendiente) atado un agujerito en una de las puntas; como si alguien la hubiera querido colgar de un árbol de Navidad. Pero se ve que no quería ser adorno, que gritó y se revolvió hasta escaparse. </p>

<p>Acabó en mi bolsillo izquierdo, paseó conmigo todos los días por Viena, andando y andando otra vez. A veces la cogía, la sacaba fuera, la miraba un rato. La aplastaba un poco. La estrella azul giraba sobre sí misma. Hasta que tiré demasiado, se le cayó el cordón rojo, y ay, no pude volver a ponerlo. Se quedó entonces como una estrella suave y azul, con las puntas algo deshilachadas. </p>

<p>El domingo, ese casi perfecto cuando dejé Viena, se revolvió desde temprano en mi bolsillo. Inquieta estaba. Al subir las escaleras que me alejaban del río verde salió de su cueva, atraída sin remedio por toda esa luz que podía sentir incluso desde su escondite. Entonces casi voló por si misma. Como una estrella fugaz. </p>

<p>Parecía una de esas estrellas fugaces de verdad, de esas que orientan en encrucijadas y muestran uno de los caminos aventurados, que son los buenos, esos donde no es tan fácil decidirse a entrar.  </p>]]>
        <![CDATA[<p><span class="mt-enclosure mt-enclosure-image" style="display: inline;"><img alt="estrella.jpg" src="http://www.otrashierbas.com/img/estrella.jpg" width="500" height="669" class="mt-image-center" style="text-align: center; display: block; margin: 0 auto 20px;" /></span></p>]]>
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    <title>El oso blanco y las líneas de falla</title>
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    <published>2012-05-17T11:36:48Z</published>
    <updated>2012-05-17T16:39:56Z</updated>

    <summary>Javier Sagarna | Ahora tan lejos | Menoscuarto</summary>
    <author>
        <name>Mariana Torres</name>
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    </author>
    
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        <![CDATA[<p>Tengo que reconocer que me dais muchísima envidia. Me dan envidia todos los lectores para los que este libro es una novedad. Me gustaría muchísimo poder leer estos cuentos de Javier desde mi lectora de hoy, sin el filtro de haberlos leído antes tantas veces. </p>

<p>Me gustaría mucho porque sé que, a día de hoy, leo de otra manera, y detalles que se me escaparon la primera vez que leí alguno de estos cuentos —por ejemplo el primer cuento del libro, "Bichos", que fue finalista del NH en 1999—, ahora no se me escaparían. <br />
<div id="libro"><div id="portada"><img src="http://www.otrashierbas.com/img/sagarna-lejos-menoscuarto.jpg"></div>Lo cogí con dos palos y lo metí en el bote. Durante un rato vimos cómo luchaban allí dentro, la culebra se había abrazado al alacrán que trataba de picarle. Se retorcían. Era asqueroso. <br>Luego seguimos levantando piedras hasta que encontramos el hormiguero. Las hicimos salir metiendo palos. Eran hormigas negras, pequeñas, todas iguales. De las que más muerden. Había millones arrastrándose por el suelo. Estaban frenéticas cuando abrí la tapa del bote y les eché los otros bichos. La culebra y el alacrán, enroscados, mordiéndose mientras las hormigas se los comían. Era asqueroso, asqueroso de verdad. Estaban matándose, se retorcían. Me dieron unas ganas horribles de vomitar. <br><br>Fragmento de "Bichos"</div></p>

<p>Pero ya no hay nada que hacer, todos los cuentos del libro los tengo más que leídos y escuchados, son viejos conocidos en nuestra tertulia —recuerdo perfectamente el día que Javier leyó la primera versión de "El fondo del mar", uno de los más nuevecitos—. </p>

<p>Hay otros más antiguos que ni conocía de antes, porque cuando Javier los escribió yo aún ni había descubierto los talleres. Y otros que son más recientes —el que cierra el libro, "El ártico", por ejemplo, donde nacieron Olsson y Laplace, que ahora mismo le están dando mucho juego en otra serie de cuentos.</p>

<div id="libro">—Matar al oso —se burla Laplace— Nada menos que un oso blanco, el depredador del Ártico, una fiera de casi una tonelada, con dientes como cuchillos y garras de acero. Y tú quieres matarlo con un revólver.<br>
Olsson se encoge de hombros. Espera a que el oso nade hasta su témpano y, antes de que llegue a salir completamente del agua, apunta bien y lo mata. Laplace no encuentra palabras.<br>
—Eres..., eres...<br><br>Fragmento de "El ártico"</div>

<p>Que en este libro convivan estos relatos es claramente una buena señal. Tener cuentos que, después de tanto tiempo, sobrevivan a nuestro filtro y merezcan estar en un libro, con lo despiadados que nos volvemos cuando pasan los años —porque cambiamos las maneras, las voces, las miradas, los gustos, las lecturas…— es buena cosa. Pero, insisto, me dais mucha envidia todos los que podéis leer este libro por primera vez. </p>

<p>Así que, consejo número 1: leed lentamente.</p>]]>
        <![CDATA[<p>El libro es corto, se acaba en media tarde si os ponéis. Pero no hace falta darse prisa. Leed despacio. A veces los narradores parecen no mojarse, hablar por hablar. Pues no os dejéis engañar. Es justo lo contrario, estos relatos están construidos con tanta finura que dicen cosas sin aparentar decirlas. Pueden incluso llegar a despistaros mucho, puede pasar que leáis tranquilamente uno de estos cuentos y penséis: pues vaya, menuda historia. A los dos días os seguirá dando vueltas a la cabeza y tendréis que volver al libro para averiguar porqué sigue ahí. Dando vueltas. </p>

<p>Os aseguro que está todo más que medido, y lo disfrutaréis (o no, claro, lo cual es aún mejor) a poco que hagáis una lectura consciente. Desde luego os rozará por algún lado, por alguna línea de corte. Dejad que lo haga, por favor (vosotros que podéis). </p>

<p>Insisto, qué envidia. Aún así también mi posición es estupenda. Ver recopilados en un libro una serie de cuentos que conozco desde hace años es una gozada. Un poco raro, al principio, eso sí, porque no te habías dado cuenta que estos cuentos, juntos, formaban un libro. Una unidad. Que juntos, los jodidos, ganan. Y ganan mucho. A mí es  como me gustan los libros de cuentos, me gusta que los cuentos de un libro tengan una razón para estar juntos, que la unión haga la fuerza. Si recopilamos una serie de cuentos y los ponemos todos juntos es porque, juntos, valen más que separados. Quieren decir algo que, separados, no llegan a decir con todos los matices necesarios. Abren campo, dejan espacios. Dejan esos espacios en blanco donde, realmente, <i>hablan</i>. Como libro, por tanto, son algo más, algo precioso que antes de la recopilación no existía. </p>

<p><i>Ahora tan lejos</i> es una unidad. Durante mucho tiempo se tituló de otra manera, marcando la idea de las líneas de falla. Esa línea de falla es de lo que hablan todos los cuentos, esa línea del terreno donde entran en fricción dos capas de tierra, donde, cuando llegue el terremoto —porque todo, en estos cuentos, está a punto de romperse— se romperá justamente por ahí, por esa línea. Y nunca se llegará a romper del todo, las capas de tierra después del terremoto se colocarán de otra manera, mirarán las situaciones desde otro lado. Serán casi las mismas, más crecidas, como los buenos cambios. Todo se reajusta por la línea de roce. Ahí quedará la marca en el terreno, como una buena cicatriz. Después del terremoto nada volverá a ser igual. Aunque lo parezca. </p>

<div id="libro">—No conforme —dijo Jaime triunfal—. Eso es, no conforme.<br>
Y eso fue lo que hizo. Escribió no conforme, con grandes letras mayúsculas, antes de firmar. En cuanto se lo devolvió, el muchacho le tendió una copia del albarán y dejó la mano un segundo más de lo justo, lo suficiente para que Jaime se llevase la suya al bolsillo. Lo vio perfectamente, pero estaba en el recibidor antes de que Jaime llegase a sacar la moneda. No la soltó hasta que escuchó, al fondo, el golpe de la puerta.<br>
Miró el albarán y se sintió satisfecho. No conforme, estaba bien claro. Lo dejó en la caja, sujeto entre dos aguacates y se forzó a sonreír.<br>
—Esto no es aquí —se dijo.<br><br>
Fragmento de "Little Big Horn"
</div>

<p>Los cuentos muestran distintos estados de este proceso. En algunos esa fricción es muy clara, están contados justo en el momento del terremoto, en el momento en que todo se mueve para recolocarse. En algunos no sabemos si todo llega a recolocarse, hay cuentos que quedan abiertos, justo a punto de significar algo, pero con el espacio suficiente para que el lector ponga de su parte y se comprometa a hurgar en su línea de falla personal. En otros vemos las consecuencias del terremoto, o estamos seguros de cómo van a quedar las cosas después. O nos entra la duda. Otros nos cuentan el proceso completo, o procesos diferentes entre los distintos personajes de los cuentos, muchos de ellos niños o adolescentes que viven la situación desde una sinceridad tan brutal como desnuda. </p>

<p>Así que consejo número 2: si esto no os pasa al leer los cuentos, leedlos otra vez. Algo habéis hecho mal. </p>

<p>Hace algunos meses asistí a un encuentro entre editores, críticos y lectores y me llamó la atención uno de los comentarios que salieron allí. No recuerdo de qué crítico hablaban, pero sí que decían que era alguien que quería mantenerse totalmente al margen del autor que comentaba. Que no podían ser amigos. Que una vez que era amigo de alguien ya no podía comentar su libro. Me llamó la atención todo esto porque se abrió un pequeño debate con dos posiciones muy distintas, y una sostenía muy claramente que si alguien era amigo tuyo no podías tener una opinión crítica buena sobre tus textos. Ni me dedico a la crítica ni pretendo dedicarme a ella, pero sí me da la impresión de que esto está muy relacionado con separar al autor del texto. Una cosa es el texto, otra cosa es el autor. </p>

<p>Es cierto que si el autor es amigo tuyo puede que tengas datos clave sobre esa persona, o las circunstancias en las que escribió el texto, y que sea difícil separar el grano de la paja. Por una razón parecida los montadores jamás asisten a rodaje, para luego no llorar junto al director cuando tienen que tirar a la basura ese plano que tanto tiempo y esfurzo costó rodar. Pero, aún así, creo que se puede aprender a separar las cosas, y tiene sus ventajas, como todas las cosas bien hechas. Si el autor es amigo tuyo te implicas más, te esfuerzas más en darle una opinión crítica buena. Sacas todo el jugo a lo que puedas decir. Y nunca le mientes, jamás. Ni una mentira piadosa. Al menos esa es mi experiencia con mis compañeros de la tertulia, no he visto lugar más duro en el terreno de los comentarios. Somos totalmente sinceros con los textos, justamente porque hay confianza. Podemos decirnos la verdad. Y además conocemos las voces y las maneras de cada cual, las tendencias, las muletillas, los malos vicios, también los buenos. Conocemos también los gustos personales, así que sabemos cuando algo que nos dice el de al lado está entrando en ese territorio tan particular, y lo recibimos desde ahí. </p>

<p>Así que, por último, dejo el consejo número 3: aunque esté hablando del libro de un amigo, hacedme caso y leedlo. </p>

<p>Porque os aseguro que si no tuviera un buen motivo para hablar del libro ni me habría molestado en escribir todo esto. </p>

<p>Y Javier, por supuesto, sería el primero en saberlo. </p>

<p><i>Ahora tan lejos</i> se presenta el próximo sábado <b>19 de mayo</b> en la sede de <a href="http://www.escueladeescritores.com/article6042.html" target="_blank">la Escuela en Madrid</a>, a partir de las 20 horas. <a href="http://www.tresrosasamarillas.es" target="_blank">Tres Rosas Amarillas</a>, se traslada con sus aparejos hasta allí para que nadie se quede sin su ejemplar. ¡Qué mejor motivo para visitar la Escuela!</p>]]>
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    <title>El sueño de Alexandria</title>
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    <published>2012-04-07T07:00:00Z</published>
    <updated>2012-04-08T17:45:35Z</updated>

    <summary>Y salieron, volando, pájaros de su boca cuando murió. La Americana Exótica es una mariposa naranja, con puntos negros. Diminuta. Muy rara de encontrar. Se la ha visto una vez en dieciocho países diferentes, entre otros: Sudáfrica, India, Reino Unido,...</summary>
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        <name>Mariana Torres</name>
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        <![CDATA[<div align="right"><i>Y salieron, volando, pájaros de su boca cuando murió. </i></div><br>

<p>La <i>Americana Exótica</i> es una mariposa naranja, con puntos negros. Diminuta. Muy rara de encontrar. Se la ha visto una vez en dieciocho países diferentes, entre otros: Sudáfrica, India, Reino Unido, Bali, Fiji, Italia, Rumanía, China, Brasil, Turquía, Egipto... En terrenos donde una niña con el brazo escayolado planta medias naranjas con una dentadura postiza dentro, rosada. Para ver si crece un naranjo que nos regale naranjas con dientes. Dientes que se carcajeen. </p>

<p>La niña hace preguntas y le faltan los dientes delanteros. Hay promesas que no se cumplen porque quién las hace cruza los dedos. Y corazones de metal con una bala dentro que se arrojan desde torres altas sobre ciudades azul. Porque la ciudad azul está ahí, en alguna parte, al final del hechizo. Un desierto sin agua y un mono pequeño que se escapa de una mochila para atrapar una mariposa. Un mapa del tesoro, o de algo parecido, todo agujereado por unas tijeras que cortan rombos. Chicos suicidas por amor, vaqueros que saltan de un puente y caen en un caballo al trote. Una escalera que sube, que baja, que sube. Todos los papeles arrugados que salen del cerebro de una muñeca. </p>

<p>Acabamos de contar la historia pero la ciudad azul sigue ahí, a ver si somos capaces de encontrarla de nuevo. </p>

<div id="libro"><div id="portada"><img src="http://www.otrashierbas.com/img/fall-tarsem-googly.jpg"></div>Roy y Alexandria, antes de que Alexandria se frote con fuerza los ojos: <br><br>&#8212;All right, close your eyes. What do you see? <br>
&#8212;Nothing. <br>
&#8212;Rub them... Can you see the stars? <br>
&#8212;Yes. <br>
&#8212;See?</div>]]>
        <![CDATA[<p>Quede esto como un homenaje a <a href="http://www.thefallthemovie.com/"><i>The fall</i></a>, de Tarsem Singh, 2006. Película ganadora en Sitges en 2007 (la última y única vez que fui). </p>

<p>Ocho (o más) años de rodaje. Una niña que hasta le crecen los dientes en ese tiempo. Googly Films LLC, como no puede ser de otra manera (hasta hoy, que la he visto por quinta vez, no había caído en la broma interna de estos chicos). </p>

<p>Este fotograma está tomado de la web oficial, hay muchos más en su galería. Yo me quedo con Wallace.</p>

<center><img src="http://www.otrashierbas.com/img/fall-tarsem.jpg"></center>]]>
    </content>
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    <title>Cinco días de escritura</title>
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    <published>2012-04-05T17:59:42Z</published>
    <updated>2012-04-05T18:25:41Z</updated>

    <summary>Me encierro en una casa de piedra y madera durante cinco días para escribir. Escribir, respirar, comer, darme de golpe contra las paredes, cocinar, fumar, darme otra vez golpes contra las paredes, tomar mate y montar un puzle que lleva...</summary>
    <author>
        <name>Mariana Torres</name>
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    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://www.otrashierbas.com/">
        <![CDATA[<p>Me encierro en una casa de piedra y madera durante cinco días para escribir. Escribir, respirar, comer, darme de golpe contra las paredes, cocinar, fumar, darme otra vez golpes contra las paredes, tomar mate y montar un puzle que lleva veinte años sin que nadie lo monte (no sé ni qué es...).  </p>

<p>Tengo un buen trato con una amiga: nos cambiamos las casas. Ella se traslada a la mía, a respirar la contaminación de Madrid y disfrutar del cine, yo me voy a la suya, en el norte, rodeada de montañas, caminos y vacas. Es un buen cambio. Y además me cuida los gatos. </p>

<p>Lo que más me gusta de su casa es el estudio. Aunque ha hecho limpieza de muchos libros, sigo encontrando joyas. Suelo recorrer su librería tocando los lomos, me detengo sin pensar, casi por tacto. Ayer encontré uno que me vino al pelo para uno de los párrafos en el que estaba atascadísima. Hoy he dado con otro de Annie Dillard y después de abrir aleatoriamente por cualquier página leo lo siguiente: </p>

<div id="libro"><div id="portada"><img src="http://www.otrashierbas.com/img/dillard-vivir-ediciones.jpg"></div>Escribir un libro dedicándole todo el tiempo del día es una tarea que cuesta entre dos y diez años. El poema largo, según John Berryman, cuesta entre cinco y diez años. Thomas Mann era un prodigio desde el punto de vista de la productividad. Trabajando a tiempo completo, escribía una página al día. Eso equivale a 365 páginas al año, pues escribía a diario: así pues, un libro de bastante extensión al año. A una página al día, fue uno de los escritores más prolíficos que hayan existido. Flaubert escribía a un ritmo constante; sólo atravesaba algunas fases abrumadoras, pero en el fondo habituales y pasajeras, de tensión improductiva. Creo que quienes escriben a tiempo completo llevan una media de un libro cada cinco años: setenta y tres páginas decentes cada año, la quinta parte de una página al día. Los años que dedican los biógrafos y otros escritores de no-ficción a amasar y organizar sus materiales tienen perfecto punto de comparación en los años que los novelistas y los autores de relato pasan dedicados a inventar mundos sólidos que respondan a verdades materiales. Son muchos los días en que el escritor da por buenas tres o cuatro páginas; son muchos los días en que llega a la conclusión de que más le valdría tirarlas a la basura. 

<p>Octavio Paz cita el ejemplo de "Saint-Pol-Roux, que colgaba de su puerta, cuando dormía, un cartel que rezaba así: <i>El poeta está trabajando</i>". </div></p>]]>
        <![CDATA[<p>Fuera llueve a cántaros, porque en mis cinco días de escritura va a seguir lloviendo a cántaros, y la lluvia se escucha sobre la buhardilla y disuelve casi del todo el humo de la leña de la chimenea de los vecinos. Y repaso lo que escribí ayer, lo leo en voz alta tantas veces que ya me lo sé de memoria, y recorro los huecos que tiene la pared donde me doy los golpes. Menos mal que la casa es de piedra. El fragmento 3 tiene 633 palabras, el 4 tiene 822. Sí, el 3 y el 4. ¡Si yo iba por el 36! Antes de volver a empezar. Mis fragmentos de historia están vivos. Cuanto más tarde en escribirlas casi peor, como un niño que crece y hay que comprarle zapatos nuevos. Los pies de los niños crecen, igual que las plantas. No hay manera de dejarlos quietos, simples, estáticos. Hago cálculos para saber cuántas palabras tendría que escribir al día para acabar esta historia tan larga antes de... Llevo poco más de un año. Y me pregunto porqué narices he vuelto a empezar. Mis maravillosas 34.063 palabras no me sirven de nada ahora, salvo para saber hacia donde estaba caminando a tientas. </p>

<p>Así que hoy, con la lluvia, encontrarme este párrafo de Annie Dillard casi me hace gracia, en lugar de darme golpes contra las paredes me siento aquí y escribo esto. </p>

<p>Y fuera ha parado de llover. </p>

<p><br />
<i>Fragmento de: "Vivir, escribir", de Annie Dillard. Traducción Miguel Martínez-Lage. Ed. y Talleres de Escritura Creativa Fuentetaja. Abril, 2002.</i><br />
</p>]]>
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    <title>Samba, tierra, pagode y Grajaú</title>
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    <published>2012-02-10T16:33:47Z</published>
    <updated>2012-02-11T14:04:24Z</updated>

    <summary>A principios de curso, allá por septiembre, decidí a buscar algún tipo de condimento extra para las tardes. Un condimento que no tuviera nada que ver con la escritura, con las clases de escritura, con la lectura, los talleres, las...</summary>
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        <name>Mariana Torres</name>
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    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://www.otrashierbas.com/">
        <![CDATA[<p>A principios de curso, allá por septiembre, decidí a buscar algún tipo de condimento extra para las tardes. Un condimento que no tuviera nada que ver con la escritura, con las clases de escritura, con la lectura, los talleres, las tertulias, los análisis de texto... todo eso que me rodea constantemente &#8212;de lo que vivo y respiro&#8212;, pero que llena todo de letras. Y me acordé que hacía años que había dejado la música por escribir. Después conté los años que han pasado desde que salí de Brasil. Conté los kilómetros. Y poco después recordé que ya dos personas me habían hablado de un tal Willy que tenía una escuela de samba en Madrid. Así que busqué en Internet y a poco de rastrear llegué a <a href="http://www.blocodobaliza.com/" target="_blank">Bloco do Baliza</a>. Me subí al tren, claro. </p>

<p>Están en Alcobendas, en una nave de la zona del polígono industrial, muy cerca de una de las estaciones del Metro Norte (La Granja). La primera vez que te acercas por allí no sabes muy bien dónde te estás metiendo, das un par de vueltas de manzana, te pierdes, subes media cuesta. Pero una vez que entras ya está hecho: estás como en casa. Desde fuera de la nave del Bloco no se escucha ni medio silbido; pero dentro, tanto en los talleres como en los ensayos, todo explota de lo vivo. Resulta que aparecen de la nada un montón de bloqueros que tocan la caja, o el surdo, o el tamborín, el repinique, o <a href="http://www.youtube.com/watch?v=PU-hfkxljKQ" target="_blank">la cuica</a>. Y no hay nada que recargue más las pilas que tocar con ellos. En grupo, un poco de samba de enredo. O más tranquilos, un poco de pagode, un cavaquinho que suena y que se afina, un tantam, y esas canciones tan conocidísimas de mi infancia que, además de tararear, ahora puedo poner letra y voz en grito. </p>

<p>Willy y sus chicos de Bloco do Baliza organizan de vez en cuando aulas abiertas para que los que tengan un poco de curiosidad se acerquen por allí, prueben los instrumentos, prueben un poco a ver cómo es eso de la percusión brasileira. A ver qué se siente. Yo lo recomiendo muchísimo. La siguiente se organiza para celebrar el carnaval,  <a href="http://www.blocodobaliza.com/agenda.php" target="_blank">el domingo 19 de febrero</a>, a las doce en punto. No es ninguna mala manera de celebrar el carnaval, ni tampoco de luchar contra el frío este tan polar que viene recorriendo Madrid estos días. </p>

<p>Un poco de aires de samba a estas hierbas, <i>saravá</i>. <a href="http://www.youtube.com/watch?v=YL0mf9UEDYk&list=PL996B645D2D72B80C" target="_blank"><i>Salve o mestre do Salgueiro</i></a>.</p>]]>
        
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    <title>Vivir casi tan salvajes</title>
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    <published>2012-02-08T01:00:59Z</published>
    <updated>2012-02-08T10:41:10Z</updated>

    <summary>Isabel González | Casi tan salvaje | Páginas de Espuma</summary>
    <author>
        <name>Mariana Torres</name>
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        <![CDATA[<p>El viernes pasado empezamos febrero muy bien con el bautizo de <i>Casi tan salvajes</i>, el primer libro de relatos de Isabel González. Tuve la suerte de llegar a tiempo a la presentación, a pesar de ser viernes y de mis despistes con la hora. Pisé <a href="http://labuenavidaweb.wordpress.com/">La Buena Vida</a> justo cuando estaban diciendo las primeras palabras los padrinos, me colé entre la gente que había de puntillas intentando ver algo y me senté en primera fila. </p>

<p>Como dije en otra pseudo crónica de hace unos meses tengo tres razones para ir a presentaciones de libros: que el autor sea amigo, que alguien me haya hablado bien del libro, o que esté apadrinado por escritores a los que me gusta escuchar. En este caso las tres razones se juntaron un poco, pero lo cierto es que sí conocía a la autora, Isabel se había ido colando en mi vida los últimos meses, como quién no quiere la cosa, pero al mismo tiempo con toda su fuerza natural: un curso de microrrelatos en la Escuela, un encuentro con amigos comunes, algunos gin tonics últimos en noches rescatadas, correos de madrugada intercambiados donde se mezclaban preguntas técnicas, dudas existenciales y líneas sobre escritura. De estas que se dicen sin querer. De estas que son casi mejores que las otras. </p>

<p>Así es Isabel, como un remolino de cosas que te atraviesa. Y también es así el libro de relatos de Isabel. Yo no me lo esperaba, reconozco que no me lo esperaba. Conocía el <a href="http://www.escueladeescritores.com/archivos/isabelgonzalez.pdf">primer relato</a>, y también los tantos microrrelatos que se fueron colando durante años pasados en las finales de <a href="http://www.escueladeescritores.com/concurso-cadena-ser">Relatos en cadena</a>; así que tenía ya una especial predisposición. Pero las lecturas de Elvira Mínguez y los fragmentos de los cuentos que no pudo menos que entresacar Clara Obligado en su presentación, me atravesaron. Todos. Por ejemplo. </p>

<div id="libro"><div id="portada"><img src="http://www.otrashierbas.com/img/gonzalez-salvajes-ppespuma.jpg"></div>¿Sabes qué ha sucedido? Que no había queso rallado, que los niños dormían y que tú no estabas. Que quise ponerme el vestido de seda y que ya no había vestido; que al retirar la funda, encontré mil larvas adheridas a la percha; los botones por el suelo como ojos de plástico. Podría hervir los capullos e hilar de nuevo el tejido. Podría haberme preparado una infusión de pomelo y larvas. Pero me he asustado y he cerrado la puerta de golpe. Sigo aquí. Sentada. Quieta mientras las vainas crepitan.<br><br>Del cuento "No es amor lo que se pide"</br></div>

<p><br />
</p>]]>
        <![CDATA[<p>Así que me atrevo a recomendar muchísimo la lectura de <i>Casi tan salvaje</i>, sin haberlo, aún, leído del todo. Esto podría considerarse una osadía, pero estoy muy segura que los cuentos que aún no he leído (qué suerte tengo) son del nivel de vida de lo que escuché el viernes en distintas voces; porque sé cómo trabaja Isabel, porque sé cómo respira su escritura (me llegan los ecos), y porque sé que este libro es ella misma. En libro. Ella.  </p>

<p>Después del remolino de Isabel, y de la buena, breve y poco despedida compañía de esa noche, mezclada con la música que salía por las paredes del lugar donde estuvimos hasta las tantas, tuve un sueño que relaciono con algo que dijo Isabel en la presentación. Sumado a algo que sembró después, como sin querer, que ella no sabe pero que me ha puesto en la recta final de mi novela escurridiza. Isabel citó a Herta Müller justo al empezar su presentación: "Visto desde fuera, escribir tal vez se parezca a hablar. Sin embargo, desde dentro, escribir está relacionado con estar solo". Después dijo: </p>

<div id="libro">Y es verdad. Una escribe sola. Cuanto más sola mejor. A las seis de la mañana. Una escribe tratando de imitar el silencio. Pues en el silencio, todo lo vivido se coloca en la balanza a un tiempo y adquiere un peso descomunal. Pero esta labor imposible ya que escribir es diseccionar lo vivido e ir colocándolo en fila, letra a letra. </div>

<p>Soñé lo siguiente: una pista de patinaje sobre hielo, circular, en medio de la ciudad. En la pista patinaba una chica vestida de gasa y lentejuelas &#8212;una patinadora profesional, de las de campeonato&#8212; con un caballo marrón. De pelo corto. Hacían un dúo. El caballo tenía cuatro patines, y se movía con una destreza increíble por el hielo. Estaban sujetos por una cuerda y daban vueltas en círculos, el caballo hacia que la chica diera vueltas, la chica giraba alrededor del caballo. Se soltaban y desprendían la cuerda para dibujar círculos en el hielo. Se juntaban. Luego se desprendían. Y era un dibujo hermoso, se notaba en el hielo los rastros de las cuchillas.  Luego el dibujo desaparecía del todo. Se convertía en otra cosa.</p>]]>
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    <title>La nueva vida de Peluso</title>
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    <published>2012-01-27T09:17:22Z</published>
    <updated>2012-01-28T14:25:27Z</updated>

    <summary>Hoy me siento como Andy en la última escena de Toy Story 3. Me acaban de enseñar una foto de la nueva vida de Peluso, al lado de una niña de su tamaño llamada Paola. Hace años un buen grupo...</summary>
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        <![CDATA[<p>Hoy me siento como Andy en la última escena de Toy Story 3. Me acaban de enseñar una foto de la nueva vida de Peluso, al lado de una niña de su tamaño llamada Paola. </p>

<p>Hace años un buen grupo de amigos me regaló un oso de peluche gigantesco antes de mi mudanza a Inglaterra. Peluso, un oso pardo genuino, con varios tonos diferentes en la piel, brillaba según lo movías. Como los osos auténticos. Lo compró mi amiga Berna, y siempre cuenta que el peluche era tan grande que se lo sentó en los hombros porque era la manera más fácil de llevarlo. Peluso me acompañó durante varias mudanzas Inglaterra abajo, aplastado en una maleta que &#8212;acabo de recordarlo, no sé qué enfermedad tenía yo entonces&#8212; era de la marca <i>Travel bear</i>. Peluso nunca tuvo una vida total de juguete, el pobre era un mero acompañante, una mancha parda gigantesca que me recordaba que tenía que volver a Madrid.</p>

<p>Y una vez en Madrid el pobre oso estuvo varios años cambiando de espacio, del armario de casa de mis padres al trastero de casa de mis padres, y de vuelta al armario de casa de mis padres. En una de estas conoció Paola y se enamoraron. Paola tenía tres años entonces y eran casi de la misma altura. Se abrazaron y no se querían soltar. Mi madre no se atrevió a liberarlo día, pero meses después, cuando me contó la historia, hicimos que Peluso llegara a Paola. Así que ahora Peluso tiene una vida de juguete auténtica: Paola le lee cuentos, le prepara la comida, le sienta en su silla, le canta... Cosas que yo, a pesar de mi enfermedad, nunca se me ocurrió hacer &#8212;una pena, ahora que lo pienso&#8212;. </p>

<p>Y aunque he cambiado muchísimo a lo largo de estos años, e incluso consigo mirar con cariño mi enfermedad de entonces, lo que no consigo es contar esta historia con algo menos de leche condensada. Pero la cuento, y casi sin vergüenza, que alguna debilidad tendremos que tener. </p>]]>
        
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    <title>La habitación imaginaria</title>
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    <published>2011-12-17T10:09:57Z</published>
    <updated>2011-12-17T10:14:16Z</updated>

    <summary>En Barcelona, hasta el 15 de enero, puede pasearse uno por la habitación imaginaria de Juan Eduardo Cirlot, una intromisión expuesta a todos sus mundos visuales, de alguna manera. Imagino. Imagino porque no creo que pueda pasarme por Barcelona para...</summary>
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        <![CDATA[<p>En Barcelona, hasta el 15 de enero, puede pasearse uno por la habitación imaginaria de Juan Eduardo Cirlot, una intromisión expuesta a todos sus mundos visuales, de alguna manera. Imagino. Imagino porque no creo que pueda pasarme por Barcelona para visitarla. Lo que sí puedo es anunciarla, y en su honor, recuperar el sueño 27 de su libro 88 sueños. </p>

<div id="libro">Hay un estanque grande, de agua verdosa y sucia. El cielo está gris y el campo, a lo lejos, como hundido en tristeza. Yo estoy a un extremo de esa balsa, que es de forma oval y, al lado opuesto, hay una niña.</div>]]>
        
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    <title>Una voz llega a alguien en la oscuridad</title>
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    <published>2011-11-16T15:12:53Z</published>
    <updated>2011-11-16T15:31:23Z</updated>

    <summary>Samuel Beckett | Compañía | Anagrama</summary>
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        <![CDATA[<p>Extraigo aquí uno de los fragmentos de este libro robado a Eduardo Cano, <a href="http://www.gens.es/colecciones/guermantes/21.php" target="_blank">compañero parabólico</a>, después de leerlo varias veces sin ningún tipo de orden. Creo que no es mal sistema, dado el caso. Extraigo justo este fragmento porque se quedó horas dando vueltas antes de un sueño, cual satélite. </p>

<div id="libro"><div id="portada"><img src="http://www.otrashierbas.com/img/beckett-compania-anagrama.jpg"></div>El extraño sonido. Qué suerte poder prestarle atención. De vez en cuando. En la obscuridad y el silencio cerrar, como a la luz, los ojos y oír un sonido. Un objeto moviéndose de su lugar a su último lugar. Una cosa suave moviéndose con suavidad para pronto dejar de moverse para siempre. Cerrar los ojos a la obscuridad visibile y oír, si acaso, sólo eso. Una cosa suave moviéndose con suavidad para pronto dejar de moverse para siempre. </div>

<p>La traducción es de Carlos Manzano. </p>]]>
        
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    <title>Siete voces, una historia</title>
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    <published>2011-11-07T09:00:00Z</published>
    <updated>2011-11-07T09:09:15Z</updated>

    <summary>Juan Carlos Márquez | Tangram | Salto de Página</summary>
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        <name>Mariana Torres</name>
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        <![CDATA[<p>Vaya por delante de todo lo que voy a decir a continuación que <i>Tangram</i> es el mejor libro de Juan Carlos Márquez, al menos hasta el momento. Es un buen libro, además, para leer la noche de los muertos, difuntos y brujas. También puede leerse cualquier otro día, estaría bueno tener que esperar al próximo 31 de octubre. Pero, por casualidades varias, fue la noche que yo elegí. Serían cerca de las doce, me faltaban cincuenta páginas para llegar al final y &#8212;como ni me acordaba del sueño para entonces&#8212;, lo acabé esa misma noche. Después salí a la terraza &#8212;soplaba un viento helado, casi llovía y la luna estaba en cuarto creciente&#8212;, a respirar un poco de aire frío. Fue curioso: pocas veces he visto la sombra de la luna entera, con su esfera, alrededor del trozo iluminado. La luna esa noche no solo estaba partida, sino que desde mi terraza se veía perfectamente el corte. ¿Casualidad?</p>

<p><i>Tangram</i> es un libro de historias cruzadas. Decir que un tangram y un puzle son la misma cosa sería algo que, a mí, no se me ocurriría. Creo que el tangram tiene más juego. Con un tangram puedes construir todo tipo de formas: tienes siete piezas y conjugándolas con un poco de imaginación puedes crear conejos, pajaritas, hombres caminando, incluso nubes cúbicas, delfines de color, candelabros. Los puzles están cerrados. Tienen su gracia, claro que sí, dejarse los ojos y juntar las piezas con paciencia varias tardes hasta montar el dibujo original es entretenido, algunos puzles son muy difíciles de reconstruir. Pero el puzle no tiene la libertad del tangram. Y con este libro de Juan Carlos, en este tangram particular, ocurre exactamente lo mismo. </p>]]>
        <![CDATA[<p>Se puede empezar a leer por cualquiera de las siete piezas. Yo las he leído en orden, soy así de previsible, pero estoy segura que leídas en otro orden también conforman un conjunto, tal vez levemente diferente. Las siete piezas son una sola historia, pero cada una tiene autonomía propia; las siete juntas forman algo más sólido, con una suerte de conjunto en el que, una vez has empezado, te metes sin poder evitarlo. Me he leído las siete historias dos veces, la segunda vez de manera más desordenada y sin concierto, buscando esas pistas que van dejando los narradores a cada paso que dan y que, a simple vista, no parecen pistas (ni falta que les hace). No sé cuál de las veces me ha gustado más. </p>

<p>Se nota cuando un autor ha disfrutado de la escritura. Leyendo <i>Tangram</i> es una de las cosas que me he dado cuenta: Juan Carlos se lo ha pasado pipa. Se agradece leer libros donde el autor se lo haya pasado así de bien. Se nota que se ha reído &#8212;con distintos matices, a distinto volumen y con diferente intención&#8212;, y que se ha atrevido a hacerlo. Se nota también que ha trabajado con la precisión de un artesano que cocina a fuego lento para que el tangram, mirado desde arriba con sus siete piezas, formen una unidad que gana en peso. </p>

<p>De las siete piezas que componen el tangram, qué le vamos a hacer, tengo mis debilidades. He llegado a concluir que la culpa de esto la tienen las voces narradoras. Hay personajes que me caen mejor, no es un tema de que la pieza esté mejor o peor montada &#8212;todas están bien montadas, cada una con su estilo&#8212;, es que hay voces que te caen mejor. Pasa también en la vida, con las personas que te cruzas por la calle. Todas las piezas de este tangram son voces que narran en primera persona y es inevitable que unos personajes nos caigan mejor que otros. Y algunos tienen tonos límite, que rozan lo que te puede gustar muchísimo o patear los hígados. Pero no hay que perder de vista que cada una de esas voces no está haciendo otra cosa que dibujar a la perfección a sus dueños. </p>

<p>Mi pieza favorita se titula "Crotone", la voz narradora está detrás de una tal Adina que cuenta los hitos de su infancia en compañía de su mejor amiga, la hija del capo de la ciudad: </p>

<div id="libro"><div id="portada"><img src="http://www.otrashierbas.com/img/marquez-tangram-saltodepagina.jpg"></div>De entre todos los hijos de mafiosos, el trato más habitual y cercano lo tengo con los hermanos Facchineri. La primera vez que veo a Francesco y a Bruna Facchineri, el primero lleva a su hermana sentada sobre las rodillas en el asiento trasero de un <i>cinquino gualda</i> y ambos viajan arrinconados por un sinfín de baúles y maletas, muy pendientes de lo que va apareciendo al otro lado de la ventanilla en la vía Panella: miradores floridos que sobresalen de fachadas recién encaladas, corros de mujeres departiendo a pie de calle y algún que otro perro lánguido y errante. </div>

<p>Disfruto muchísimo con las historias de mafiosos, lo confieso. Pero, además, independientemente del género, este fragmento funciona como un reloj de precisión. Es una pieza de las largas, donde pasan años y transcurren varios personajes. Y todos los momentos que narra Adina son claves, construyen con habilidad, están dibujados y perfilados con un pincel fino. A "Crotone" no le sobra nada, tampoco le falta. Otro fragmento: </p>

<div id="libro">Nuestra panadería ha sufrido también los estragos de la lluvia. En el agua sucia flotan a la deriva decenas de panes flácidos de cebolla, olivas, pimientos, queso, salvia, etcétera. Por otra parte, la harina de un costal roto, en contacto con el líquido, ha formado tras el mostrador un lodo grumoso y ceniciento, sobre el que es muy complicado desplazarse. Papá se ocupa a grandes paladas de sacar el barro a la calle, donde han ido a parar también cantidad de rosquillas que ahora obstruyen las bocas del alcantarillado; entretanto, mamá y yo nos dedicamos a achicar el agua con sendos cubos. Uno de esos cubos llenos de agua a punto estoy de arrojarlo sobre Diamiano Facchineri, quien, vestido con un traje cian impecable y con el agua lamiéndole las pantorrillas (de pie resulta ser un hombre altísimo), se dispone a entrar.</div>

<p>También es estupendo pasar de pieza a pieza y ver los encajes. Por ejemplo el personaje de Póra, separado por un par de décadas, si no más, cuando vuelve a aparecer lo recordamos sin problemas de otras de las historias. Porque no dejamos de oír esos pájaros que impregnan la casa desde que el protagonista &#8212;un asesino selectivo de vacaciones en Reikiavik&#8212;, entra por la puerta: </p>

<div id="libro">Cuando Póra Porkelsdóttir asoma pausadamente tras la puerta de su casa, un inmueble coqueto de dos plantas pintadas de color lima, mi primera impresión es que merece morir: está casi sorda y se me ocurre que ésa es la razón de que pueda convivir con decenas, tal vez cientos de pájaros. Un rosario de jaulas de metal cuelga de las vigas del techo y de las paredes el interior, en las que apenas queda espacio para hundir un clavo y, a medida que la señora Porkelsdóttir me muestra la planta baja, puerta tras puerta, habitación tras habitación, el ruido de fondo se hace más y más ensordecedor. </div>

<p>Nos encontramos, poco antes o poco después (en función al orden que se siga leyendo, que, insisto, no es nada obligatorio seguir el que indica el índice) con el personaje de Póra justo al comenzar la pieza titulada "Un millón de libras":</p>

<div id="libro">Le digo a Póra que voy a la pajarería por alpiste a sabiendas de que no voy a regresar a su lado jamás. Llevo años peleando contra la idea de que algún día tendrá que ocurrir; pero una madrugada, tras una pesadilla, casi sin yo quererlo, mi mano derecha alcanza el calendario de la mesilla de noche y un rotulador, y mi izquierda tacha en la penumbra el primero de septiembre. Es muy difícil convicir con la certeza de que a unas pocas horas de avión, en un hoyo a las afueras de Chorleywood (Hertfordshire, Inglaterra), hay un millón de libras enterrado y que sólo dos hombres en el mundo conocemos el paradero exacto; y el otro cumple condena. </div>

<p>Lo bueno de <i>Tangram</i> es que puedo darme el lujo de extraer las últimas líneas de la última pieza, titulada "Gemelas", un monólogo peculiar de un personaje que también rescatamos de otra de las piezas, sin desvelar nada. Pongo lo suficiente para que se vea el tono de voz, el temple que tiene, que también es muy diferente al resto de voces. Una de los detalles que más se disfrutan de las piezas de <i>Tangram</i> es la variedad de registros y las distintas voces de sus narradores. Termina así esta pieza, de todas, la correspondiente al paralelogramo, esa que basa y sostiene la figura completa: </p>

<div id="libro">¿Qué quiere que le diga yo? Por mí parte no tengo opinión. Y si la tengo, no me da la gana contársela a usted. Lo único que sé es que las vidas, como las prendas de vestir, no siguen siempre un corte horizontal. La puerta. Debe de ser Estela. Yo que usted no encendería ese cigarrillo. </div>

<p><i>Tangram</i> se presenta en Madrid este <a href="http://saltodepagina.wordpress.com/2011/11/03/tangram-de-juan-carlos-marquez-presentacion-en-madrid/" target="_blank">jueves día 10</a>, en la librería Tipos Infames. Se puede leer un adelanto en la página web de la Escuela, en la sección de lecturas (<a href="http://www.escueladeescritores.com/lecturas" target="_blank">aquí</a>). La única excusa para no acudir a esa presentación es tener clase justo a la misma hora, que es mi caso. Mi grupo de relato breve entra justo después de que salga el grupo de Juan Carlos de escritura creativa, en la sala Melville. Por ser su día de bautizo en Madrid tal vez incluso le disculpe recoger la clase al salir. Yo, si pudiera, no me lo perdería. <br />
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    <title>La impermanencia, la escritura</title>
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    <published>2011-11-06T12:25:04Z</published>
    <updated>2011-11-06T12:24:18Z</updated>

    <summary>A veces escribo en las paredes de mi casa. Bueno, no es exactamente en las paredes. En las paredes escribe mi amigo Manel &#8212;lo que tampoco es ninguna mala idea&#8212;, ha cubierto las paredes del pasillo que lleva al salón...</summary>
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        <name>Mariana Torres</name>
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        <![CDATA[<p>A veces escribo en las paredes de mi casa. Bueno, no es exactamente en las paredes. En las paredes escribe mi amigo Manel &#8212;lo que tampoco es ninguna mala idea&#8212;, ha cubierto las paredes del pasillo que lleva al salón con planchas de pizarra blanca y se da el gustazo de escribir al pasar. Lo mío son los espejos. En casa tengo varios, alargados y altos, y escribo en todos. Escribo con rotuladores para niños, de colores. Se borran con poco. Cuando se me ocurrió solamente escribía en los espejos de la habitación. Tienen escritura automática torcida que luego no entiendo bien, esquemas desordenados o listas de palabras, o también dibujos con círculos y flechas. A veces copio párrafos largos. Me pongo decálogos, aforismos. Lo que venga. A los pocos días lo borro, pero otras veces pasan meses ahí las ideas y hay que echarles limpiacristales hasta que desaparecen. <br />
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        <![CDATA[<p>Hace poco descubrí que el mejor lugar es el espejo del baño. En lugar del cepillo de dientes ahora tengo un par de rotuladores. En el baño pasa todo de repente, se te ocurre algo y nada mejor que tener el espejo a mano para escribirlo. Es de lo más práctico, de verdad, secarse el pelo y lavarse bien los dientes son cosas que llevan su tiempo. Además es lo que le faltaba a mi baño: un espejo decorado. Ya tiene una cortina blanca con peces que nadan, canicas en lugar de jabón de manos y un móvil de círculos turquesa colgado en la barra de la ducha. Un espejo con fragmentos de novela o medio sueño rescatado es más interesante que un espejo sin nada escrito, un espejo limpio de errores, sin riego ninguno. A veces viene gente a casa y tienen que asumir que no, que no hay manera de mirarse en los espejos si no es entre las líneas, así como esquivando las curvas de las letras. </p>

<p>Ayer llegué a casa por la noche y escribí en el espejo del baño, algo buenísimo. De verdad era bueno. Me salió desde ese lugar donde salen las cosas que no se piensan mucho, que están vivas. Y esta mañana seguía escrito en el espejo, en una letra diminuta, morada, aún se entendía. Con las prisas no lo leí, me metí en la ducha. Mis duchas de domingo son largas, como deben serlo siempre las duchas de los domingos. Al salir de la ducha mi espejo del baño no tenía ni media letra, como es normal: solo ríos de tinta morada que caían a goterones desde arriba. El vapor había hecho todos los estragos que se esperaban de él. Traté de borrar los restos con las manos, pero solo conseguí mancharlas de morado y embadurnar aún más el espejo. Después cogí un buen trozo de papel higiénico, lo puse debajo del grifo y lo pasé por el espejo. Quedó brillantísimo, más limpio que nunca. La de dentro del espejo aún se está riendo.</p>

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