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    <title>Vivir casi tan salvajes</title>
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    <published>2012-02-08T01:00:59Z</published>
    <updated>2012-02-08T10:41:10Z</updated>

    <summary>Isabel González | Casi tan salvaje | Páginas de Espuma</summary>
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        <name>Mariana Torres</name>
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        <![CDATA[<p>El viernes pasado empezamos febrero muy bien con el bautizo de <i>Casi tan salvajes</i>, el primer libro de relatos de Isabel González. Tuve la suerte de llegar a tiempo a la presentación, a pesar de ser viernes y de mis despistes con la hora. Pisé <a href="http://labuenavidaweb.wordpress.com/">La Buena Vida</a> justo cuando estaban diciendo las primeras palabras los padrinos, me colé entre la gente que había de puntillas intentando ver algo y me senté en primera fila. </p>

<p>Como dije en otra pseudo crónica de hace unos meses tengo tres razones para ir a presentaciones de libros: que el autor sea amigo, que alguien me haya hablado bien del libro, o que esté apadrinado por escritores a los que me gusta escuchar. En este caso las tres razones se juntaron un poco, pero lo cierto es que sí conocía a la autora, Isabel se había ido colando en mi vida los últimos meses, como quién no quiere la cosa, pero al mismo tiempo con toda su fuerza natural: un curso de microrrelatos en la Escuela, un encuentro con amigos comunes, algunos gin tonics últimos en noches rescatadas, correos de madrugada intercambiados donde se mezclaban preguntas técnicas, dudas existenciales y líneas sobre escritura. De estas que se dicen sin querer. De estas que son casi mejores que las otras. </p>

<p>Así es Isabel, como un remolino de cosas que te atraviesa. Y también es así el libro de relatos de Isabel. Yo no me lo esperaba, reconozco que no me lo esperaba. Conocía el <a href="http://www.escueladeescritores.com/archivos/isabelgonzalez.pdf">primer relato</a>, y también los tantos microrrelatos que se fueron colando durante años pasados en las finales de <a href="http://www.escueladeescritores.com/concurso-cadena-ser">Relatos en cadena</a>; así que tenía ya una especial predisposición. Pero las lecturas de Elvira Mínguez y los fragmentos de los cuentos que no pudo menos que entresacar Clara Obligado en su presentación, me atravesaron. Todos. Por ejemplo. </p>

<div id="libro"><div id="portada"><img src="http://www.otrashierbas.com/img/gonzalez-salvajes-ppespuma.jpg"></div>¿Sabes qué ha sucedido? Que no había queso rallado, que los niños dormían y que tú no estabas. Que quise ponerme el vestido de seda y que ya no había vestido; que al retirar la funda, encontré mil larvas adheridas a la percha; los botones por el suelo como ojos de plástico. Podría hervir los capullos e hilar de nuevo el tejido. Podría haberme preparado una infusión de pomelo y larvas. Pero me he asustado y he cerrado la puerta de golpe. Sigo aquí. Sentada. Quieta mientras las vainas crepitan.<br><br>Del cuento "No es amor lo que se pide"</br></div>

<p><br />
</p>]]>
        <![CDATA[<p>Así que me atrevo a recomendar muchísimo la lectura de <i>Casi tan salvaje</i>, sin haberlo, aún, leído del todo. Esto podría considerarse una osadía, pero estoy muy segura que los cuentos que aún no he leído (qué suerte tengo) son del nivel de vida de lo que escuché el viernes en distintas voces; porque sé cómo trabaja Isabel, porque sé cómo respira su escritura (me llegan los ecos), y porque sé que este libro es ella misma. En libro. Ella.  </p>

<p>Después del remolino de Isabel, y de la buena, breve y poco despedida compañía de esa noche, mezclada con la música que salía por las paredes del lugar donde estuvimos hasta las tantas, tuve un sueño que relaciono con algo que dijo Isabel en la presentación. Sumado a algo que sembró después, como sin querer, que ella no sabe pero que me ha puesto en la recta final de mi novela escurridiza. Isabel citó a Herta Müller justo al empezar su presentación: "Visto desde fuera, escribir tal vez se parezca a hablar. Sin embargo, desde dentro, escribir está relacionado con estar solo". Después dijo: </p>

<div id="libro">Y es verdad. Una escribe sola. Cuanto más sola mejor. A las seis de la mañana. Una escribe tratando de imitar el silencio. Pues en el silencio, todo lo vivido se coloca en la balanza a un tiempo y adquiere un peso descomunal. Pero esta labor imposible ya que escribir es diseccionar lo vivido e ir colocándolo en fila, letra a letra. </div>

<p>Soñé lo siguiente: una pista de patinaje sobre hielo, circular, en medio de la ciudad. En la pista patinaba una chica vestida de gasa y lentejuelas &#8212;una patinadora profesional, de las de campeonato&#8212; con un caballo marrón. De pelo corto. Hacían un dúo. El caballo tenía cuatro patines, y se movía con una destreza increíble por el hielo. Estaban sujetos por una cuerda y daban vueltas en círculos, el caballo hacia que la chica diera vueltas, la chica giraba alrededor del caballo. Se soltaban y desprendían la cuerda para dibujar círculos en el hielo. Se juntaban. Luego se desprendían. Y era un dibujo hermoso, se notaba en el hielo los rastros de las cuchillas.  Luego el dibujo desaparecía del todo. Se convertía en otra cosa.</p>]]>
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    <title>La nueva vida de Peluso</title>
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    <published>2012-01-27T09:17:22Z</published>
    <updated>2012-01-28T14:25:27Z</updated>

    <summary>Hoy me siento como Andy en la última escena de Toy Story 3. Me acaban de enseñar una foto de la nueva vida de Peluso, al lado de una niña de su tamaño llamada Paola. Hace años un buen grupo...</summary>
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        <![CDATA[<p>Hoy me siento como Andy en la última escena de Toy Story 3. Me acaban de enseñar una foto de la nueva vida de Peluso, al lado de una niña de su tamaño llamada Paola. </p>

<p>Hace años un buen grupo de amigos me regaló un oso de peluche gigantesco antes de mi mudanza a Inglaterra. Peluso, un oso pardo genuino, con varios tonos diferentes en la piel, brillaba según lo movías. Como los osos auténticos. Lo compró mi amiga Berna, y siempre cuenta que el peluche era tan grande que se lo sentó en los hombros porque era la manera más fácil de llevarlo. Peluso me acompañó durante varias mudanzas Inglaterra abajo, aplastado en una maleta que &#8212;acabo de recordarlo, no sé qué enfermedad tenía yo entonces&#8212; era de la marca <i>Travel bear</i>. Peluso nunca tuvo una vida total de juguete, el pobre era un mero acompañante, una mancha parda gigantesca que me recordaba que tenía que volver a Madrid.</p>

<p>Y una vez en Madrid el pobre oso estuvo varios años cambiando de espacio, del armario de casa de mis padres al trastero de casa de mis padres, y de vuelta al armario de casa de mis padres. En una de estas conoció Paola y se enamoraron. Paola tenía tres años entonces y eran casi de la misma altura. Se abrazaron y no se querían soltar. Mi madre no se atrevió a liberarlo día, pero meses después, cuando me contó la historia, hicimos que Peluso llegara a Paola. Así que ahora Peluso tiene una vida de juguete auténtica: Paola le lee cuentos, le prepara la comida, le sienta en su silla, le canta... Cosas que yo, a pesar de mi enfermedad, nunca se me ocurrió hacer &#8212;una pena, ahora que lo pienso&#8212;. </p>

<p>Y aunque he cambiado muchísimo a lo largo de estos años, e incluso consigo mirar con cariño mi enfermedad de entonces, lo que no consigo es contar esta historia con algo menos de leche condensada. Pero la cuento, y casi sin vergüenza, que alguna debilidad tendremos que tener. </p>]]>
        
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    <title>La habitación imaginaria</title>
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    <published>2011-12-17T10:09:57Z</published>
    <updated>2011-12-17T10:14:16Z</updated>

    <summary>En Barcelona, hasta el 15 de enero, puede pasearse uno por la habitación imaginaria de Juan Eduardo Cirlot, una intromisión expuesta a todos sus mundos visuales, de alguna manera. Imagino. Imagino porque no creo que pueda pasarme por Barcelona para...</summary>
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        <![CDATA[<p>En Barcelona, hasta el 15 de enero, puede pasearse uno por la habitación imaginaria de Juan Eduardo Cirlot, una intromisión expuesta a todos sus mundos visuales, de alguna manera. Imagino. Imagino porque no creo que pueda pasarme por Barcelona para visitarla. Lo que sí puedo es anunciarla, y en su honor, recuperar el sueño 27 de su libro 88 sueños. </p>

<div id="libro">Hay un estanque grande, de agua verdosa y sucia. El cielo está gris y el campo, a lo lejos, como hundido en tristeza. Yo estoy a un extremo de esa balsa, que es de forma oval y, al lado opuesto, hay una niña.</div>]]>
        
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    <title>Una voz llega a alguien en la oscuridad</title>
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    <published>2011-11-16T15:12:53Z</published>
    <updated>2011-11-16T15:31:23Z</updated>

    <summary>Samuel Beckett | Compañía | Anagrama</summary>
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        <![CDATA[<p>Extraigo aquí uno de los fragmentos de este libro robado a Eduardo Cano, <a href="http://www.gens.es/colecciones/guermantes/21.php" target="_blank">compañero parabólico</a>, después de leerlo varias veces sin ningún tipo de orden. Creo que no es mal sistema, dado el caso. Extraigo justo este fragmento porque se quedó horas dando vueltas antes de un sueño, cual satélite. </p>

<div id="libro"><div id="portada"><img src="http://www.otrashierbas.com/img/beckett-compania-anagrama.jpg"></div>El extraño sonido. Qué suerte poder prestarle atención. De vez en cuando. En la obscuridad y el silencio cerrar, como a la luz, los ojos y oír un sonido. Un objeto moviéndose de su lugar a su último lugar. Una cosa suave moviéndose con suavidad para pronto dejar de moverse para siempre. Cerrar los ojos a la obscuridad visibile y oír, si acaso, sólo eso. Una cosa suave moviéndose con suavidad para pronto dejar de moverse para siempre. </div>

<p>La traducción es de Carlos Manzano. </p>]]>
        
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    <title>Siete voces, una historia</title>
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    <published>2011-11-07T09:00:00Z</published>
    <updated>2011-11-07T09:09:15Z</updated>

    <summary>Juan Carlos Márquez | Tangram | Salto de Página</summary>
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        <name>Mariana Torres</name>
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        <![CDATA[<p>Vaya por delante de todo lo que voy a decir a continuación que <i>Tangram</i> es el mejor libro de Juan Carlos Márquez, al menos hasta el momento. Es un buen libro, además, para leer la noche de los muertos, difuntos y brujas. También puede leerse cualquier otro día, estaría bueno tener que esperar al próximo 31 de octubre. Pero, por casualidades varias, fue la noche que yo elegí. Serían cerca de las doce, me faltaban cincuenta páginas para llegar al final y &#8212;como ni me acordaba del sueño para entonces&#8212;, lo acabé esa misma noche. Después salí a la terraza &#8212;soplaba un viento helado, casi llovía y la luna estaba en cuarto creciente&#8212;, a respirar un poco de aire frío. Fue curioso: pocas veces he visto la sombra de la luna entera, con su esfera, alrededor del trozo iluminado. La luna esa noche no solo estaba partida, sino que desde mi terraza se veía perfectamente el corte. ¿Casualidad?</p>

<p><i>Tangram</i> es un libro de historias cruzadas. Decir que un tangram y un puzle son la misma cosa sería algo que, a mí, no se me ocurriría. Creo que el tangram tiene más juego. Con un tangram puedes construir todo tipo de formas: tienes siete piezas y conjugándolas con un poco de imaginación puedes crear conejos, pajaritas, hombres caminando, incluso nubes cúbicas, delfines de color, candelabros. Los puzles están cerrados. Tienen su gracia, claro que sí, dejarse los ojos y juntar las piezas con paciencia varias tardes hasta montar el dibujo original es entretenido, algunos puzles son muy difíciles de reconstruir. Pero el puzle no tiene la libertad del tangram. Y con este libro de Juan Carlos, en este tangram particular, ocurre exactamente lo mismo. </p>]]>
        <![CDATA[<p>Se puede empezar a leer por cualquiera de las siete piezas. Yo las he leído en orden, soy así de previsible, pero estoy segura que leídas en otro orden también conforman un conjunto, tal vez levemente diferente. Las siete piezas son una sola historia, pero cada una tiene autonomía propia; las siete juntas forman algo más sólido, con una suerte de conjunto en el que, una vez has empezado, te metes sin poder evitarlo. Me he leído las siete historias dos veces, la segunda vez de manera más desordenada y sin concierto, buscando esas pistas que van dejando los narradores a cada paso que dan y que, a simple vista, no parecen pistas (ni falta que les hace). No sé cuál de las veces me ha gustado más. </p>

<p>Se nota cuando un autor ha disfrutado de la escritura. Leyendo <i>Tangram</i> es una de las cosas que me he dado cuenta: Juan Carlos se lo ha pasado pipa. Se agradece leer libros donde el autor se lo haya pasado así de bien. Se nota que se ha reído &#8212;con distintos matices, a distinto volumen y con diferente intención&#8212;, y que se ha atrevido a hacerlo. Se nota también que ha trabajado con la precisión de un artesano que cocina a fuego lento para que el tangram, mirado desde arriba con sus siete piezas, formen una unidad que gana en peso. </p>

<p>De las siete piezas que componen el tangram, qué le vamos a hacer, tengo mis debilidades. He llegado a concluir que la culpa de esto la tienen las voces narradoras. Hay personajes que me caen mejor, no es un tema de que la pieza esté mejor o peor montada &#8212;todas están bien montadas, cada una con su estilo&#8212;, es que hay voces que te caen mejor. Pasa también en la vida, con las personas que te cruzas por la calle. Todas las piezas de este tangram son voces que narran en primera persona y es inevitable que unos personajes nos caigan mejor que otros. Y algunos tienen tonos límite, que rozan lo que te puede gustar muchísimo o patear los hígados. Pero no hay que perder de vista que cada una de esas voces no está haciendo otra cosa que dibujar a la perfección a sus dueños. </p>

<p>Mi pieza favorita se titula "Crotone", la voz narradora está detrás de una tal Adina que cuenta los hitos de su infancia en compañía de su mejor amiga, la hija del capo de la ciudad: </p>

<div id="libro"><div id="portada"><img src="http://www.otrashierbas.com/img/marquez-tangram-saltodepagina.jpg"></div>De entre todos los hijos de mafiosos, el trato más habitual y cercano lo tengo con los hermanos Facchineri. La primera vez que veo a Francesco y a Bruna Facchineri, el primero lleva a su hermana sentada sobre las rodillas en el asiento trasero de un <i>cinquino gualda</i> y ambos viajan arrinconados por un sinfín de baúles y maletas, muy pendientes de lo que va apareciendo al otro lado de la ventanilla en la vía Panella: miradores floridos que sobresalen de fachadas recién encaladas, corros de mujeres departiendo a pie de calle y algún que otro perro lánguido y errante. </div>

<p>Disfruto muchísimo con las historias de mafiosos, lo confieso. Pero, además, independientemente del género, este fragmento funciona como un reloj de precisión. Es una pieza de las largas, donde pasan años y transcurren varios personajes. Y todos los momentos que narra Adina son claves, construyen con habilidad, están dibujados y perfilados con un pincel fino. A "Crotone" no le sobra nada, tampoco le falta. Otro fragmento: </p>

<div id="libro">Nuestra panadería ha sufrido también los estragos de la lluvia. En el agua sucia flotan a la deriva decenas de panes flácidos de cebolla, olivas, pimientos, queso, salvia, etcétera. Por otra parte, la harina de un costal roto, en contacto con el líquido, ha formado tras el mostrador un lodo grumoso y ceniciento, sobre el que es muy complicado desplazarse. Papá se ocupa a grandes paladas de sacar el barro a la calle, donde han ido a parar también cantidad de rosquillas que ahora obstruyen las bocas del alcantarillado; entretanto, mamá y yo nos dedicamos a achicar el agua con sendos cubos. Uno de esos cubos llenos de agua a punto estoy de arrojarlo sobre Diamiano Facchineri, quien, vestido con un traje cian impecable y con el agua lamiéndole las pantorrillas (de pie resulta ser un hombre altísimo), se dispone a entrar.</div>

<p>También es estupendo pasar de pieza a pieza y ver los encajes. Por ejemplo el personaje de Póra, separado por un par de décadas, si no más, cuando vuelve a aparecer lo recordamos sin problemas de otras de las historias. Porque no dejamos de oír esos pájaros que impregnan la casa desde que el protagonista &#8212;un asesino selectivo de vacaciones en Reikiavik&#8212;, entra por la puerta: </p>

<div id="libro">Cuando Póra Porkelsdóttir asoma pausadamente tras la puerta de su casa, un inmueble coqueto de dos plantas pintadas de color lima, mi primera impresión es que merece morir: está casi sorda y se me ocurre que ésa es la razón de que pueda convivir con decenas, tal vez cientos de pájaros. Un rosario de jaulas de metal cuelga de las vigas del techo y de las paredes el interior, en las que apenas queda espacio para hundir un clavo y, a medida que la señora Porkelsdóttir me muestra la planta baja, puerta tras puerta, habitación tras habitación, el ruido de fondo se hace más y más ensordecedor. </div>

<p>Nos encontramos, poco antes o poco después (en función al orden que se siga leyendo, que, insisto, no es nada obligatorio seguir el que indica el índice) con el personaje de Póra justo al comenzar la pieza titulada "Un millón de libras":</p>

<div id="libro">Le digo a Póra que voy a la pajarería por alpiste a sabiendas de que no voy a regresar a su lado jamás. Llevo años peleando contra la idea de que algún día tendrá que ocurrir; pero una madrugada, tras una pesadilla, casi sin yo quererlo, mi mano derecha alcanza el calendario de la mesilla de noche y un rotulador, y mi izquierda tacha en la penumbra el primero de septiembre. Es muy difícil convicir con la certeza de que a unas pocas horas de avión, en un hoyo a las afueras de Chorleywood (Hertfordshire, Inglaterra), hay un millón de libras enterrado y que sólo dos hombres en el mundo conocemos el paradero exacto; y el otro cumple condena. </div>

<p>Lo bueno de <i>Tangram</i> es que puedo darme el lujo de extraer las últimas líneas de la última pieza, titulada "Gemelas", un monólogo peculiar de un personaje que también rescatamos de otra de las piezas, sin desvelar nada. Pongo lo suficiente para que se vea el tono de voz, el temple que tiene, que también es muy diferente al resto de voces. Una de los detalles que más se disfrutan de las piezas de <i>Tangram</i> es la variedad de registros y las distintas voces de sus narradores. Termina así esta pieza, de todas, la correspondiente al paralelogramo, esa que basa y sostiene la figura completa: </p>

<div id="libro">¿Qué quiere que le diga yo? Por mí parte no tengo opinión. Y si la tengo, no me da la gana contársela a usted. Lo único que sé es que las vidas, como las prendas de vestir, no siguen siempre un corte horizontal. La puerta. Debe de ser Estela. Yo que usted no encendería ese cigarrillo. </div>

<p><i>Tangram</i> se presenta en Madrid este <a href="http://saltodepagina.wordpress.com/2011/11/03/tangram-de-juan-carlos-marquez-presentacion-en-madrid/" target="_blank">jueves día 10</a>, en la librería Tipos Infames. Se puede leer un adelanto en la página web de la Escuela, en la sección de lecturas (<a href="http://www.escueladeescritores.com/lecturas" target="_blank">aquí</a>). La única excusa para no acudir a esa presentación es tener clase justo a la misma hora, que es mi caso. Mi grupo de relato breve entra justo después de que salga el grupo de Juan Carlos de escritura creativa, en la sala Melville. Por ser su día de bautizo en Madrid tal vez incluso le disculpe recoger la clase al salir. Yo, si pudiera, no me lo perdería. <br />
</p>]]>
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    <title>La impermanencia, la escritura</title>
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    <published>2011-11-06T12:25:04Z</published>
    <updated>2011-11-06T12:24:18Z</updated>

    <summary>A veces escribo en las paredes de mi casa. Bueno, no es exactamente en las paredes. En las paredes escribe mi amigo Manel &#8212;lo que tampoco es ninguna mala idea&#8212;, ha cubierto las paredes del pasillo que lleva al salón...</summary>
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        <![CDATA[<p>A veces escribo en las paredes de mi casa. Bueno, no es exactamente en las paredes. En las paredes escribe mi amigo Manel &#8212;lo que tampoco es ninguna mala idea&#8212;, ha cubierto las paredes del pasillo que lleva al salón con planchas de pizarra blanca y se da el gustazo de escribir al pasar. Lo mío son los espejos. En casa tengo varios, alargados y altos, y escribo en todos. Escribo con rotuladores para niños, de colores. Se borran con poco. Cuando se me ocurrió solamente escribía en los espejos de la habitación. Tienen escritura automática torcida que luego no entiendo bien, esquemas desordenados o listas de palabras, o también dibujos con círculos y flechas. A veces copio párrafos largos. Me pongo decálogos, aforismos. Lo que venga. A los pocos días lo borro, pero otras veces pasan meses ahí las ideas y hay que echarles limpiacristales hasta que desaparecen. <br />
</p>]]>
        <![CDATA[<p>Hace poco descubrí que el mejor lugar es el espejo del baño. En lugar del cepillo de dientes ahora tengo un par de rotuladores. En el baño pasa todo de repente, se te ocurre algo y nada mejor que tener el espejo a mano para escribirlo. Es de lo más práctico, de verdad, secarse el pelo y lavarse bien los dientes son cosas que llevan su tiempo. Además es lo que le faltaba a mi baño: un espejo decorado. Ya tiene una cortina blanca con peces que nadan, canicas en lugar de jabón de manos y un móvil de círculos turquesa colgado en la barra de la ducha. Un espejo con fragmentos de novela o medio sueño rescatado es más interesante que un espejo sin nada escrito, un espejo limpio de errores, sin riego ninguno. A veces viene gente a casa y tienen que asumir que no, que no hay manera de mirarse en los espejos si no es entre las líneas, así como esquivando las curvas de las letras. </p>

<p>Ayer llegué a casa por la noche y escribí en el espejo del baño, algo buenísimo. De verdad era bueno. Me salió desde ese lugar donde salen las cosas que no se piensan mucho, que están vivas. Y esta mañana seguía escrito en el espejo, en una letra diminuta, morada, aún se entendía. Con las prisas no lo leí, me metí en la ducha. Mis duchas de domingo son largas, como deben serlo siempre las duchas de los domingos. Al salir de la ducha mi espejo del baño no tenía ni media letra, como es normal: solo ríos de tinta morada que caían a goterones desde arriba. El vapor había hecho todos los estragos que se esperaban de él. Traté de borrar los restos con las manos, pero solo conseguí mancharlas de morado y embadurnar aún más el espejo. Después cogí un buen trozo de papel higiénico, lo puse debajo del grifo y lo pasé por el espejo. Quedó brillantísimo, más limpio que nunca. La de dentro del espejo aún se está riendo.</p>

<p><br />
</p>]]>
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    <title>Rimpo, Momo, la gatera y el hueso de aguacate</title>
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    <published>2011-10-17T08:27:56Z</published>
    <updated>2011-10-17T08:39:16Z</updated>

    <summary>Hay días que me levanto con ganas de enviar a mi gato a Siberia. En una cajita de madera, con un lazo rojo, y sin remite. Se llama Rimpo, y es un gato cuidador. Cuida. Tiene que cuidar. Cuando no...</summary>
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        <name>Mariana Torres</name>
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        <![CDATA[<p>Hay días que me levanto con ganas de enviar a mi gato a Siberia. En una cajita de madera, con un lazo rojo, y sin remite. Se llama Rimpo, y es un gato cuidador. Cuida. Tiene que cuidar. Cuando no cuida a alguien se pone de los nervios. Tengo visita en casa, una visita que trabaja por la noche. Eso significa que si Rimpo está obligado a dormir a puerta cerrada (gran error) y sin poder vigilar a mi visita, no descansa. Toda la noche dando vueltas de un lado a otro de la cama. </p>

<p>La otra parte de la ecuación se llama Momo, y es una gata que no sabe maullar. Cruje un poco, nunca maúlla. O más bien lo hace tan bajo que nadie la escucha. Abre la boca pero no emite sonido. Eso sí, rasca las paredes, las puertas. Ahora le ha dado por el espejo del armario, está empeñada en que, dentro del armario, a medianoche, ocurre algo. Si le cambio la gatera de sitio (porque tengo una gatera móvil que se puede cambiar de habitación, claro que sí) no sabe entrar en casa. La mira, la toca, pero no entiende hasta que pasa un rato que es la misma gatera de siempre. </p>

<p>El hueso de aguacate anda perdido debajo de un sofá, estoy segura. Después de una semana de búsqueda encontré el frasco perfecto para que creciera, porque los huesos de aguacate dicen que es mejor que no toquen el agua. Es un frasco de cristal, barrigón. Pero ahora el hueso no está por ningún sitio. Yo no digo nada. Tal vez ande de camino a Siberia, en una caja de madera con un lazo rojo. </p>]]>
        
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    <title>Hacerse el muerto en Madrid</title>
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    <published>2011-10-15T23:09:11Z</published>
    <updated>2011-10-29T11:08:40Z</updated>

    <summary>El viernes 14 se presentó en Madrid Hacerse el muerto, el nuevo libro de cuentos de Andrés Neuman publicado por Páginas de Espuma, y en la primera copa se me ocurrió decir que escribiría una crónica. Tengo tres razones para...</summary>
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        <![CDATA[<p>El viernes 14 se presentó en Madrid <a href="http://paginasdeespuma.com/catalogo/hacerse-el-muerto/"><i>Hacerse el muerto</i></a>, el nuevo libro de cuentos de Andrés Neuman publicado por Páginas de Espuma, y en la primera copa se me ocurrió decir que escribiría una crónica. Tengo tres razones para ir a presentaciones de libros: que el autor sea amigo mío, que alguien me haya hablado muy bien del libro, o que esté apadrinado por escritores a los que me gusta escuchar. En este caso fue la última razón, no creo que haya mejores padrinos para un libro de cuentos que Ángel Zapata y Eloy Tizón. Como dijo Andrés, además, recalcar esto es una obviedad, pero cómo vamos a no decirlo.</p>]]>
        <![CDATA[<p>Me quedo con varias cosas, un poco esparcidas. Me quedo, en primer lugar (soy así de poco objetiva) con Fernandito, el sobrino del autor, sentado a mi lado en primera fila, que revisaba con mucho orden unas cartas de monstruos, leía un cómic y a la vez no perdía palabra de lo que se decía allí. Me quedo con Eloy Tizón, de camisa blanca, comentando que ya podían declararle presentador oficial de Neuman. Y dijo algo con lo que no puedo decir si estoy de acuerdo o no, porque no he leído ninguno de los libros de Andrés (aún): comentó que aunque la música de estos nuevos cuentos era parecida a las anteriores, iba en la misma sinfonía, tenía notas un tanto más graves, un tanto más agudas. Me quedo con Ángel Zapata, de camisa rosada, que habló el primero y durante siete minutos justos, y dijo que éste era el mejor libro de cuentos de Andrés. Me quedo con Andrés y su lectura de los cuentos. No hay mejor cosa que se pueda hacer para cerrar que leer en voz alta al presentado. </p>

<p>Ah, y me quedo con el acierto de los chicos de  <a href="http://www.tiposinfames.com/">Tipos Infames</a> en la recolocación de la sala de presentaciones del piso de abajo, solo habéis movido las sillas de lado, pero cabe más gente y se oye mucho mejor. </p>

<p>Tengo por aquí el libro, mañana lo cataré a la luz del día. A ver a qué sabe. Cuando lo acabe irá derechito a la biblioteca de <a href="http://www.escueladeescritores.com">Escuela de Escritores</a>, de dónde lo sacará Andrés cuando venga de visita en unos meses porque, por motivos de orden temporal que no vienen al caso, no llegó a dedicarnos. </p>]]>
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    <title>Y a mí, ¿por qué me gustan estas películas?</title>
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    <published>2011-09-11T10:49:16Z</published>
    <updated>2011-10-29T11:09:18Z</updated>

    <summary>Para Agustín Pérez y Dani Martín. </summary>
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        <name>Mariana Torres</name>
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        <![CDATA[<p>Por fin he sacado un hueco para <em>Super 8</em>. El fin de semana pasado quería verla, me sabía incluso de memoria los horarios de taquilla de tanto mirarlos. Pero me quedé en casa con una película cualquiera, por pereza. Pero de este fin de semana no ha pasado, me han cogido de la mano y me han metido al cine. Y justo al volver, al actualizar Twitter, nada más actualizar, apareció el siguiente comentario de Álex de la Iglesia: <div id="libro">Todavía en estado de shock emocional tras ver Super 8. Qué subidón. Como en los ochenta. Qué rememberazo. Gracias con el corazón, Abrams.</div></p>

<p>Genial, alguien que piensa lo mismo que yo. Me metí a buscar críticas por Internet, por curiosidad. No leí muchas, como me pasa siempre, pero sí pasé por la de Jordi Costa porque recordaba que había escogido esta película para su última clase de <a href="http://www.escueladeescritores.com/taller-critica-cine-cursos-presenciales">crítica de cine</a> en la Escuela. <a href="http://www.fotogramas.es/Peliculas/Super-8/Critica">Aquí está</a>, y me quedo con la palabra amor, justo aquí: <br />
<div id="libro">Con el tiempo, alguno de esos cineastas amateurs se convirtió en profesional de los efectos especiales, dibujante de tebeos de superhéroes o director en toda regla. Quizá el más célebre de todos ellos fuera Steven Spielberg, que acabó trasladando toda esa energía (todo ese amor) impresionada en Súper 8 a la forja de un nuevo modelo de cine espectáculo.</div></p>

<p>Me fui a dormir tan a gusto como cuando hace años me terminaba un libro de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Flanagan">Flanagan</a>.  <br />
</p>]]>
        <![CDATA[<p>Esta mañana me he puesto a tirar del hilo, claro. A ver si conseguía entender cómo me gustaban tanto esas películas. Por generación no se puede decir que correspondan exactamente a mi infancia, aunque creo que alguna vez me sentí casi igual que el chico de la gasolinera de <i>Super 8</i> con su nuevo walkman. Obviamente recordé <i>Los Goonies</i>, que puede que sea una de las películas que más he visto en mi vida. Me pilló tarde, lo admito. Aún así gasté la cinta. Lo mismo que <i>Stand by me</i>, mismo género o muy parecido, es decir: amigos y aventuras. </p>

<p><br />
<span class="mt-enclosure mt-enclosure-image" style="display: inline;"><img alt="pelis.jpg" src="http://www.otrashierbas.com/img/pelis.jpg" width="500" height="217" class="mt-image-center" style="text-align: center; display: block; margin: 0 auto 20px;" /></span></p>

<p><br />
Amigos y aventuras. Con un poco más de piratas o un poco menos de alienígenas, vale, pero con amigos, en pandilla, y con aventuras. Tirando del hilo recordé al mítico Jupiter Jones de <i>Alfred Hitckcock y los tres investigadores</i>, no conservo ninguno conmigo, pero me tragué la colección enterita, la fui sacando a libro diario de la biblioteca del colegio. De pequeña yo era más de policías y espías, de investigaciones. ¿Alguien recuerda esa serie que echaban en TVE, "El pequeño detective", o mejor, esa otra, francesa, de unos amigos con una base secreta en París que investigaban pequeños casos subidos a sus bicicletas? Esta última puede que incluso me la haya inventado. </p>

<p><br />
<span class="mt-enclosure mt-enclosure-image" style="display: inline;"><img alt="libros.jpg" src="http://www.otrashierbas.com/img/libros.jpg" width="500" height="231" class="mt-image-center" style="text-align: center; display: block; margin: 0 auto 20px;" /></span></p>

<p><br />
Y claro, el hilo me llevó a mi querido Agustín. Cuando tenía ocho años era mi mejor amigo. Muchos fines de semana jugando a los espías, recogíamos huellas de la gente de la casa, teníamos incluso un carnet de espías. Nos colábamos en sitios que parecían raros, teníamos reuniones, espiábamos conversaciones. Todo un listado de aventuras. Nunca nos pasó nada ni nos metimos en ningún lío, éramos los dos muy prudentes y buenos chicos. Ahora soy incapaz de colocarlo en el tiempo, no sé cuánto tiempo duró aquello, puede que dos años, pero sí lo recuerdo largo. Como todo entonces. </p>

<p>El siguiente nudo del hilo es mi querido Dani. Teníamos unos diez años, calculo, cuando nos conocimos. Nuestros padres habían sido contratados para trabajar en Huelva, y nos llevaban para ahí los fines de semana. Éramos vecinos de puentes y fines de semana. En aquel entonces yo estaba leyendo <em>La historia interminable</em>, y aunque puede que me lo esté inventando, le intrigaba bastante, creo que no entendía por qué leía un libro tan larguísimo. ¡Que además creo que por entonces hasta tendría película! Todo un sin sentido. Lo que más recuerdo fue ese gran día de la búsqueda del tesoro. En realidad no lo recuerdo muchísimo, pero Dani sí, y a día de hoy me llegan noticias que se lo sigue comentando a mi padre cuando se cruzan por los pasillos. Mi padre organizaba búsquedas del tesoro en mis cumpleaños y ocasiones parecidas. Debió organizar dos o tres en toda mi vida, pero se han marcado en la historia de mi familia como míticas. Sé que estuvimos todo el día corriendo de un lado a otro, buscando papelitos escondidos con pistas para continuar. Acertijos. No eran fáciles. Me lo podría inventar, pero no recuerdo más. Sí recuerdo que el tesoro, un gran montón de chucherías y caramelos, estaba escondido en el coche, y al coche rojo nos llevó el último papelito de todos. </p>

<p>Del baúl de los recuerdos rescato mis dos fotos preferidas nuestras de esos años. La primera es en Barajas, claro, donde pasamos tantas horas recibiendo y despidiendo gente. La segunda es en Huelva, tal vez el día después de la búsqueda del tesoro.  </p>

<p><br />
<span class="mt-enclosure mt-enclosure-image" style="display: inline;"><img alt="aguydani.jpg" src="http://www.otrashierbas.com/img/aguydani.jpg" width="500" height="167" class="mt-image-center" style="text-align: center; display: block; margin: 0 auto 20px;" /></span></p>

<p><br />
Se me acaba el hilo. Justo al final me doy cuenta que está unido a una cinta, cinta que marca en un libro la página por la que voy leyendo, libro que está en mi mesita de noche: <em>La isla del tesoro</em>. Una edición preciosa, ilustrada, con tapa dura, y que debe tener más de quince años, justo la de la imagen de arriba (creo que es el único libro de "Círculo de Lectores" que tengo en casa). </p>

<p>¿Y por qué me gusta a mí estas películas? Quién sabe. <br />
</p>]]>
    </content>
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    <title>Buscar el caballo de metal</title>
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    <published>2011-08-31T06:00:00Z</published>
    <updated>2011-08-28T17:50:01Z</updated>

    <summary>Escribir es como pescar. A veces tengo la sensación de tirar hilos al mar. Sé que en el mar hay peces. Sé que soy buena pescando, que tengo suerte. Pero escribir es mucho mejor, es menos frustrante. Porque si espero...</summary>
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        <![CDATA[<p>Escribir es como pescar. A veces tengo la sensación de tirar hilos al mar. Sé que en el mar hay peces. Sé que soy buena pescando, que tengo suerte. Pero escribir es mucho mejor, es menos frustrante. Porque si espero con paciencia, algo acaba picando. Siempre. Si dejo de pensar que tengo que pescar un pez, que me estoy muriendo de hambre y que si no pesco, no como; si dejo de pensar eso es cuando los peces pican. A veces lo finjo un poco, me hago la distraída, pero también funciona. Incluso a veces cuando me salto todas las normas y le grito al pez de las profundidades que pique de una vez, el pez de las profundidades pica. Escribir es mucho mejor que pescar. </p>

<p>Otras veces es como caminar un poco a la deriva. Sabes dónde vas, tienes una idea más o menos clara del aspecto que tiene el lugar al que te diriges. No has estado nunca, pero sabes, por ejemplo, que es un pueblo marítimo pequeño y bonito de la costa donde la gente habla francés, y sabes que hay una plaza de piedra que tiene una escultura de un caballo.</p>]]>
        <![CDATA[<p> Eso lo sabes seguro, así que cuando veas la escultura del caballo sabrás que has llegado. Qué narices, te montarás en el caballo a riesgo que te pongan una multa, porque ese caballo lo llevas persiguiendo desde el principio del viaje. Era lo único que querías ver. Era lo único que tenías la seguridad que iba a estar allí al final. ¿El pueblo? Pues al final resulta que no solo hablan francés, que no es tan pequeño como pensabas. Que ni siquiera es bonito, que está tan lejos de la costa que llamarlo marítimo es una temeridad. Pero tiene la escultura del caballo, vaya si la tiene. Bien puesta en el centro de  la plaza. </p>

<p>Pero eso es solo al final, cuando llegas. Si llegas. Te pierdes por el camino, claro. Porque el camino no lo tienes. Sabes que es más o menos por ahí, pero das muchas vueltas. A veces tienes suerte y preguntas a gente que te dice la verdad. Otras no, y tienes que desandar lo que has andado, tal vez, durante días. O te rompes un pie, y entonces no puedes seguir andando un tiempo. O te encuentras a una muchedumbre que te entretiene y te olvidas del pueblo, del viaje, de todo lo que has pasado por llegar hasta ahí. </p>

<p>Pero aún en esos momentos piensas en el caballo. Sabes que existe, es lo único de todo que no pierdes de vista. Porque de repente cuando crees que has dejado de pensar en el caballo, que en realidad lo que tú quieres es olvidarte del puñetero caballo porque al final no va a ser ni tan bonito, ni va a estar tan bien hecho como pensabas, porque tal vez ni siquiera sea un caballo a tamaño real, es cuando dudas. Un poquito. Llega la duda haciendo sitio, y la duda ocupa más espacio que el resto de cosas. Le das coba y entonces imaginas que el caballo tal vez no es de metal, que es mucho mejor, que puede ser de carne y hueso, y que como no te des prisa cuando llegues a la plaza se habrá ido. Entonces coges tu pie roto y sigues camino como sea, sin despedirte ni siquiera de la muchedumbre. Porque nunca has visto un caballo de carne y hueso, y eso cobra de repente toda la importancia que tenía. Así que sigues caminando, otra vez. En el fondo sabes que las esculturas no pueden cobrar vida. Pero bueno, si el caballo es de metal y pasa mucho tiempo, puede llegar a descolorirse. O peor, lo pueden cambiar por una escultura de estas modernistas que no significan nada, y si hacen eso nunca podrás perdonártelo. <br />
</p>]]>
    </content>
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    <title>Los rituales de escritura</title>
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    <published>2011-08-28T12:11:11Z</published>
    <updated>2011-08-28T12:35:23Z</updated>

    <summary>Creo que he leído sobre los rituales de escritura en bastantes libros, se mencionan, a veces como de pasada, en varios libros de cretividad, de técnica narrativa, en los materiales didácticos que nosotros mismos escribimos para la Escuela; los mencionan...</summary>
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        <![CDATA[<p>Creo que he leído sobre los rituales de escritura en bastantes libros, se mencionan, a veces como de pasada, en varios libros de cretividad, de técnica narrativa, en los materiales didácticos que nosotros mismos escribimos para la Escuela; los mencionan a veces en entrevistas a escritores, y también a otro tipo de artistas como pintores. O deportistas. Al parecer tener un ritual concreto antes de comenzar a realizar una tarea que realizamos muchas veces, ayuda. Yo tengo muchísimas manías, me temo. He llegado a convertir mis manías en rituales de escritura, cuanto más escribo más manías salen, más rituales. Este verano me propuse escribir sin parar hasta acabar una novela corta que tenía empezada hace seis meses. Y el tema de los rituales en este proceso adquirió una importancia tan grande que casi me da vergüenza reconocer. </p>

<p>Las primeras ochenta páginas del borrador &#8212;el núcleo duro, ese momento que sabes que ya no puedes dejarlo porque tienes un buena parte del trabajo hecho&#8212;, lo escribí en un camping. Un camping de Portugal, lo bastante grande y aislado como para no tener que salir de ahí en los quince días salvo para bajar a la playa. Una playa lo bastante vacía y llena de olas como para olvidarte del resto del mundo por un rato. Y todas las pequeñas manías que acompañaron la escritura de esas ochenta páginas, me han acompañado a la vuelta a casa. Y he tenido que intentar reproducirlas para seguir adelante. Suena bastante maniático, sí, pero no hay ningún motivo para ponernos la escritura más difícil de lo que es. Si estas cosas ayudan, ¿por qué no usarlas? </p>]]>
        <![CDATA[<p>Por ejemplo: me acostumbré a escribir al aire libre. O al menos a no escribir dentro de cuatro paredes. Llevo toda mi vida acampando en verano. Para mí, acampar, es salirse de las cuatro paredes. De alguna forma, si son de paredes de tela, no son paredes. Así que cuando llegué a mi casa descubrí que escribía mucho mejor en la terraza que dentro. Y como en Madrid hace un calor infernal y mi terraza tiene muchísimo sol a partir de las tres, solo puedo escribir por la mañana  &#8212;más o menos hasta esta hora &#8212; y al atardecer. Lo cual me va a crear un problema en invierno, pero ya lo solucionará cuando llegue. Tengo que usar, por supuesto, el mismo ordenador que he utilizado siempre para escribir. Desde hace varios años trabajo con Mac, pero para escribir tengo un minúsculo Vaio de once pulgadas que tiene el teclado más suave del mundo. Y las teclas están separadas de una manera diferente que en mis otros ordenadores. Hay letras borradas, y suenan de una manera concreta. Y, sobre todo, los dedos se mueven de una forma diferente. No soy capaz de decir ahora mismo si es porque las teclas están más separadas o más juntas, pero escribir con este teclado se me hace más sencillo. Mi cerebro automático relacionado con la escritura está más familiarizado con este teclado. Así que, ¿para qué ponérselo difícil? </p>

<p>Otra manía: la silla. En casa tengo una silla maravillosa negra, con ruedas, con cuatro manivelas para regular la posición y acoplarla perfectamente a mi espalda. Pero como en el camping escribía en un pequeño taburete naranja de plástico, es donde tengo que seguir escribiendo. No retomé bien la voz de la novela hasta que me senté en el taburete naranja. Es un taburete que tengo en la terraza, que nunca uso, un día lo abrí para sentarme a esperar que se calentara el agua y me entraron ganas de escribir. No hay motivo para avergonzarse de ser un poco tonto y maniático, ¿no?</p>

<p>Así que son esas tres cosas: el taburete naranja, el teclado de mi Vaio y el aire libre. Luego está, por supuesto, el mate, que es una costumbre de lo más argentina pero que no puedo disociar de la escritura. Tomo mate, releo y escribo. ¡Y está el tabaco! Es terrible asociar el tabaco al ritual de escritura, sobre todo si quieres dejar de fumar. Yo no fumo mucho, pero estoy intentando asociarlo a la escritura, para que al menos el enganche sea útil. Ahora intento fumar solo cuando escribo. Lo cual, en teoría, debería hacerme escribir más. Pero me temo que no soy una fumadora del todo enganchada y esto no me sirve del todo. </p>

<p>Le he dado vueltas a todo esto después de leer el siguiente párrafo de un libro muy gordo sobre el cerebro y su funcionamiento real  &#8212;no eso que nos han enseñado tanto tiempo que las neuronas no vuelven a crecer &#8212; que me lleva acompañando unos meses. El autor, Joe Dispenza, está hablando, justamente, de escribir a máquina:</p>

<div id="libro">Seguro que se te ocurren una docena de habilidades que has aprendido a lo largo del tiempo y que ahora te resultan tan naturales como respirar. y con «naturales» no me refiero a sencillas. Una nueva habilidad se convierte primero en automática, después en subconsciente y, por último, cuando dominamos de verdad esta habilidad en particular, en inconsciente (es decir, no pensamos en ella en absoluto). 
<br><br>
Una vez que ocupamos nuestra percepción consciente en un pensamiento o una experiencia y la meditamos de forma repetida, la probamos continuamente y la ponemos en práctica sin cesar, las neuronas de nuestro cerebro comienzan a activarse y tratan de unirse con otras en un intento por establecer una relación más duradera y firme. Tras una activación continua, las neuronas comienzan a liberar sustancias químicas a nivel sináptico, lo que las permite agruparse y crear conexiones más fuertes. </div>

<p>Lo que quiero decir es que tenemos que ponernos las cosas fáciles. Allanar el camino. Ver qué tipo de cosas nos ayudan a escribir. A mí me cuesta muchísimo ponerme a escribir, me cuesta mucho disciplinarme en cualquier actividad repetida. El secreto, para mí, es repetir ciertos rituales que asocio a algo para, al cabo de un tiempo, no tener ni que pensar en ello cuando lo haga. Llegar ahí antes que me de pereza empezar. El cerebro está preparado para aprender por repetición, para crear vínculos más fuertes en repeticiones en las que insistimos. Y cuando el cerebro automatiza algo, nos allana el camino. Si el cerebro no tiene que gastar tiempo en pensar dónde están las teclas del teclado, tanto mejor. Lo de las teclas es un ejemplo muy básico, pero por lo que yo he visto funciona para todo aquello que integramos. A veces lo integramos tan dentro que nos convertimos en radicales: «no, jamás de los jamases puedes poner un adjetivo delante del nombre». Pero desandar ese camino es otro tipo de pelea. Aunque tal vez no sea tan distinta. </p>]]>
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    <title>Disfrutar de la ficción</title>
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    <published>2011-08-25T21:49:06Z</published>
    <updated>2011-08-28T12:26:13Z</updated>

    <summary>Anoche soné con un gato gris. Estaba infectado de una enfermedad extraña, era contagioso y había que matarlo. Matarlo para no morir con él. Toda la gente a la que quiero estaba encerrada en un edificio sin salida con el...</summary>
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        <![CDATA[<p>Anoche soné con un gato gris. Estaba infectado de una enfermedad extraña, era contagioso y había que matarlo. Matarlo para no morir con él. Toda la gente a la que quiero estaba encerrada en un edificio sin salida con el gato infectado. El ascensor estaba bloqueado y no podíamos salir. Teníamos pocas armas. Y no queríamos matar al gato, yo no quería matar al gato. Me desperté a las siete tan tranquila, otro sueño relacionado con la película que había visto por la noche, o el libro que había leído, o lo que fuera que había escrito. Si no sabes que es un sueño no lo disfrutas. No es como una película de terror, que la disfrutas porque sabes que es una película. Ese gato gris va a contagiar a toda las personas a las que quieres, y eso no hace ninguna gracia. Hasta que te despiertas y todo explota como una burbuja. No hay gato. No hay infección. Nada, ni edificio. Vale, sería mucho mejor saber que es un sueño. Igual que sabes que la ficción es ficción, y entonces te dejas llevar. No hay gato. No hay infección. Nada, ni edificio. Es todo un juego. Nos entretenemos mucho con todo esto, ¿no? Mientras la ficción nos enganche con alguno de los varios anzuelos que tira al mar. La ficción, la  buena, la que sabe lo que hace y deja el suficiente espacio abierto, es como un pescador paciente y concienzudo. Alguno picará, y cuando pique ya no hay vuelta atrás. Muerdes el anzuelo y te sacan a tirones del mar. </p>]]>
        
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    <title>Los chinos no toman café</title>
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    <published>2011-07-27T13:34:18Z</published>
    <updated>2011-07-28T12:02:24Z</updated>

    <summary>Conversación mantenida una de estas mañanas laborables a pie de barrio. Son las 9.45 de la mañana. El todo a cien de mi calle está cerrado, cosa rara, porque abren siempre a las 9.30 y cierran, como pronto, a las...</summary>
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        <name>Mariana Torres</name>
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        <![CDATA[<p>Conversación mantenida una de estas mañanas laborables a pie de barrio. Son las 9.45 de la mañana. El todo a cien de mi calle está cerrado, cosa rara, porque abren siempre a las 9.30 y cierran, como pronto, a las 22.00. Un señor está junto a la puerta, con la nariz bien pegada en el cristal. Dentro hay luz. Me acerco, se aparta un poco mientras intento abrir la puerta. Está cerrada. <br />
&#8212;Qué raro. Habrán salido un momento &#8212;digo, en un intento de comunicarme con los vecinos. <br />
&#8212;Los chinos no toman café. ¿No? &#8212;me dice&#8212;. No toman café. <br />
¿Qué se responde a una pregunta así? <br />
&#8212;Bueno, ya volverán. Yo vengo en un rato. <br />
&#8212;Es indignante &#8212;dice&#8212;, no avisan, ni nada. ¿Quién se han creído? Si no toman café. <br />
Le miro. <br />
&#8212;Habrán salido un momento &#8212;digo. <br />
Nunca he visto este todo a cien cerrado, ni a la hora de comer, ni los sábados, ni los domingos. Ni los festivos. <br />
&#8212;¿Sabes dónde hay otros chinos? &#8212;me pregunta. <br />
Le digo que no, que no hay ninguno así de grande. Bueno, tres manzanas más arriba hay otro, pero no se lo digo. Hago ademán de irme, pero me sigue hablando. <br />
&#8212;Es que claro, estos chinos tienen unos slips fantásticos. Clavaditos a los del Corte Inglés. Y cuestan solo dos euros en lugar de doce.<br />
&#8212;Aja. Qué suerte. <br />
&#8212;¡Dos euros! Y son clavaditos. <br />
&#8212;Buenos días &#8212;le digo, y me voy. <br />
&#8212;Y muy cómodos &#8212;insiste, ya para sí mismo. Veo que se acerca a la puerta una mujer, que también quiere entrar. Se repite la operación. Y oigo que le dice: <br />
&#8212;Los chinos no toman café, ¿no?</p>]]>
        
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    <title>Un poco de limpieza: blogs recomendados (1)</title>
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    <published>2011-07-24T14:59:10Z</published>
    <updated>2011-07-24T18:24:27Z</updated>

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        <![CDATA[<p>Hace algún tiempo que no actualizo la parte derecha de la portada, donde recomiendo y enlazo blogs. En parte porque hace muchísimo tiempo que no me había puesto a hacer limpieza. Y también porque hace muchísimo tiempo que perdí la costumbre de leer blogs de una manera habitual. Ahora, por culpa de las redes sociales y gracias entre otras cosas a <i><a href="https://plus.google.com/102091003838746541213">Google Plus</a></i> (me ha tentando mucho tener tan a mano un buen lector de RSS) no he podido evitar hacer limpieza. Ya que estamos. Cosas del verano. </p>

<p>Así que en primer lugar he quitado a todos los blogs y páginas que llevaban más de un año sin actualizar contenido. Y he descubierto algunas sorpresas interesantes, por ejemplo la nueva página personal de <a href="http://joaquinbernal.com/" target="_blank">Joaquín Bernal</a>, a la que le he visto dar vueltas y vueltas todos estos años. Espero que por fin se quede quieta y actulizada, que siempre es un placer de visita. Y de todos los viejos enlaces que tenía por ahí se han salvado los que siguen activos: el blog del incombustible <a href="http://enriquepaez.blogspot.com" target="_blank">Enrique Páez</a>, las entradas siempre variopintas de mi amigo Ina en <a href="http://asiabudayrollitosprimavera.blogspot.com" target="_blank">Asia, Buda y rollitos primavera</a>, el oasis paralelo de <a href="http://vaevictis.adamar.org" target="_blank">Vae Victis</a> y el también incombustible <a href="http://beamontero.blogspot.com" target="_blank">Wok de Bea al curry</a>. He conservado, con gusto, la bitácora de <a href="http://sergibellver.blogspot.com/" target="_blank">Sergi Bellver</a>, las relataduras de <a href="http://juancarlosmarquez.blogspot.com/" target="_blank">Juan Carlos Márquez</a> y las lagartijas siempre al sol de <a href="http://lacomunidad.elpais.com/lagartijasalsol/posts" target="_blank">Rafa Turnes</a>. Y, por supuesto, aunque no esté muy activo estos meses, el rincón de Bárbara Butragueño: <a href="http://chincheta.wordpress.com" target="_blank">No sabes nada del viento</a>. </p>]]>
        <![CDATA[<p>En segundo lugar he actualizado algunos lugares que visitaba ya con frecuencia hace años pero que, por unas razones o por otras (todas que tienen que ver con el tiempo, eso seguro) nunca había puesto en la lista. Por ejemplo la siempre actualizada <a href="http://latormentaenunvaso.blogspot.com/" target="_blank">Tormenta en un vaso</a> y la muy activa <a href="http://nalocos.blogspot.com/" target="_blank">Nave de los locos</a> de Fernando Valls.</p>

<p>Entre mis nuevos descubrimientos puedo incluir <a href="http://puerta-falsa.blogspot.com/" target="_blank">Puerta Falsa</a>, de Javier Puche, el <a href="http://ivanthays.com.pe/" target="_blank">Moleskine Literario</a> que aquí se recomienda (mi pasado diseñador no ha podido evitar enamorarse de <a href="http://www.tumblr.com/" target="_blank">Tumblr</a>), el blog de <a href="http://manuelvilas.blogspot.com/" target="_blank">Manuel Vilas</a>, y ese subrefugio encantador de Paula Lapido que se llama <a href="http://paulalapido.wordpress.com/" target="_blank">Todo eso sucede bajo el agua</a>. También añado uno de mis nuevos descubrimientos, porque todos los caminos llevan a Roma: el blog de <a href="http://sergiodelmolino.com/" target="_blank">Sergio del Molino</a>. Y para descomprimir el cerebro en días de calor y mucho trabajo nada mejor que las recomendaciones puntuales del amigo Pablo en <a href="http://lamarmitacora.wordpress.com/" target="_blank">La Marmitácora</a>. </p>

<p>Y por último he añadido otros blogs amigos que se han reformado o resurgido estos años. El casi recién estrenado <a href="http://ladydragona.com/" target="_blank">Lady Dragón</a>, de Inés Arias de Reyna, y ese otro espacio que ya lleva bastante tiempo en red de <a href="http://isabelcanelles.blogia.com/" target="_blank">Isabel Cañelles</a> donde, últimamente, podemos leer todas y cada una de las aventuras de Elmo y Ari, que además de aprender a hablar hasta debajo del agua resultan ser unos poetas de lo más interesantes. Cierro con la bitácora de Lorena Briedis, <a href="http://digresionario.blogspot.com/" target="_blank">Digresionario</a>, que nos cuenta el día a día de las clases y lo que ocurre puertas adentro (y afuera) en el Máster de Narrativa de la Escuela. </p>

<p>Estoy segura que me dejo muchísimas buenas recomendaciones por el camino (de ahí el 1 del título). Otro día, más. He puesto tantos adjetivos antepuestos al nombre que estoy agotada. <br />
<br><br><br />
</p>]]>
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    <title>Eso que nos invade</title>
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    <published>2011-07-09T09:09:01Z</published>
    <updated>2011-07-09T09:13:51Z</updated>

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        <name>Mariana Torres</name>
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        <category term="Cosecha propia" scheme="http://www.sixapart.com/ns/types#category" />
    
        <category term="La despensa" scheme="http://www.sixapart.com/ns/types#category" />
    
    
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://www.otrashierbas.com/">
        <![CDATA[<p>Soy un árbol de tronco fino. Tengo un tronco fino pero mis raíces largas están bien metidas en la tierra. Mis raíces, incluso, salen hacia fuera de la tierra, se corvan un poco, y aunque nadie llega a tropezar con ellas porque no tienen esa longevidad callosa propia de las raíces, asoman oscuras a los pies de mi tronco. Algunos las ven. Yo las veo. Miro mis raíces desde arriba como si no fueran mías. Si aprieto los poros y las esporas y crujo por dentro del tronco noto mis raíces. Las que están bajo tierra. Las que me sostienen. Las que me conectan con todo eso que me sostiene. Tengo muchas ramas, muchísimas, con miles de hojas de distintos tamaños. Las hojas se mueven con el viento y me distraen, me mantienen entretenido.</p>]]>
        <![CDATA[<p>Tengo tantas hojas que olvido que tengo raíces. Y pienso que lo importante de un árbol son las hojas. Y los pájaros que anidan. Y las ardillas que escarban. Incluso las parejas de enamorados que graban sus nombres a cuchillo en mi tronco fino. Por suerte a veces llega el otoño para cambiarlo todo. En otoño mis hojas se caen una a una y se convierten en otra cosa. Se desprenden de mis ramas por el viento y se hunden en la tierra, o las pisan los muchos que pasan por aquí. Los muchos las pisan bien, incluso saltan encima para escuchar como crujen. Mis hojas entonces se cubren de nieve, y de viento, y de sol de invierno. Las ramas quedan desnudas, quebradizas. Y las raíces heladas, bajo tierra, se hacen presentes.</p>

<p>Desde dentro volverán a salir los brotes que darán hojas nuevas. Que esta vez no me distraerán. Que no traerán pájaros. Que no traerán ni ardillas, ni enamorados. Que no, que no soy un árbol. Soy un tronco fino en el medio del bosque. Que los árboles no deben tener hojas, no deben tener ni pájaros, ni enamorados. Que los árboles son solamente tronco y raíces. Que todo lo demás no tendría que estar aquí. No tendría que estar para molestarme, para distraerme, estorbarme.</p>]]>
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