Escribir es como pescar. A veces tengo la sensación de tirar hilos al mar. Sé que en el mar hay peces. Sé que soy buena pescando, que tengo suerte. Pero escribir es mucho mejor, es menos frustrante. Porque si espero con paciencia, algo acaba picando. Siempre. Si dejo de pensar que tengo que pescar un pez, que me estoy muriendo de hambre y que si no pesco, no como; si dejo de pensar eso es cuando los peces pican. A veces lo finjo un poco, me hago la distraída, pero también funciona. Incluso a veces cuando me salto todas las normas y le grito al pez de las profundidades que pique de una vez, el pez de las profundidades pica. Escribir es mucho mejor que pescar.
Otras veces es como caminar un poco a la deriva. Sabes dónde vas, tienes una idea más o menos clara del aspecto que tiene el lugar al que te diriges. No has estado nunca, pero sabes, por ejemplo, que es un pueblo marítimo pequeño y bonito de la costa donde la gente habla francés, y sabes que hay una plaza de piedra que tiene una escultura de un caballo.
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