Conversación mantenida una de estas mañanas laborables a pie de barrio. Son las 9.45 de la mañana. El todo a cien de mi calle está cerrado, cosa rara, porque abren siempre a las 9.30 y cierran, como pronto, a las 22.00. Un señor está junto a la puerta, con la nariz bien pegada en el cristal. Dentro hay luz. Me acerco, se aparta un poco mientras intento abrir la puerta. Está cerrada.
—Qué raro. Habrán salido un momento —digo, en un intento de comunicarme con los vecinos.
—Los chinos no toman café. ¿No? —me dice—. No toman café.
¿Qué se responde a una pregunta así?
—Bueno, ya volverán. Yo vengo en un rato.
—Es indignante —dice—, no avisan, ni nada. ¿Quién se han creído? Si no toman café.
Le miro.
—Habrán salido un momento —digo.
Nunca he visto este todo a cien cerrado, ni a la hora de comer, ni los sábados, ni los domingos. Ni los festivos.
—¿Sabes dónde hay otros chinos? —me pregunta.
Le digo que no, que no hay ninguno así de grande. Bueno, tres manzanas más arriba hay otro, pero no se lo digo. Hago ademán de irme, pero me sigue hablando.
—Es que claro, estos chinos tienen unos slips fantásticos. Clavaditos a los del Corte Inglés. Y cuestan solo dos euros en lugar de doce.
—Aja. Qué suerte.
—¡Dos euros! Y son clavaditos.
—Buenos días —le digo, y me voy.
—Y muy cómodos —insiste, ya para sí mismo. Veo que se acerca a la puerta una mujer, que también quiere entrar. Se repite la operación. Y oigo que le dice:
—Los chinos no toman café, ¿no?
Archivos Julio 2011
Hace algún tiempo que no actualizo la parte derecha de la portada, donde recomiendo y enlazo blogs. En parte porque hace muchísimo tiempo que no me había puesto a hacer limpieza. Y también porque hace muchísimo tiempo que perdí la costumbre de leer blogs de una manera habitual. Ahora, por culpa de las redes sociales y gracias entre otras cosas a Google Plus (me ha tentando mucho tener tan a mano un buen lector de RSS) no he podido evitar hacer limpieza. Ya que estamos. Cosas del verano.
Así que en primer lugar he quitado a todos los blogs y páginas que llevaban más de un año sin actualizar contenido. Y he descubierto algunas sorpresas interesantes, por ejemplo la nueva página personal de Joaquín Bernal, a la que le he visto dar vueltas y vueltas todos estos años. Espero que por fin se quede quieta y actulizada, que siempre es un placer de visita. Y de todos los viejos enlaces que tenía por ahí se han salvado los que siguen activos: el blog del incombustible Enrique Páez, las entradas siempre variopintas de mi amigo Ina en Asia, Buda y rollitos primavera, el oasis paralelo de Vae Victis y el también incombustible Wok de Bea al curry. He conservado, con gusto, la bitácora de Sergi Bellver, las relataduras de Juan Carlos Márquez y las lagartijas siempre al sol de Rafa Turnes. Y, por supuesto, aunque no esté muy activo estos meses, el rincón de Bárbara Butragueño: No sabes nada del viento.
Sigue leyendo... Un poco de limpieza: blogs recomendados (1)
Soy un árbol de tronco fino. Tengo un tronco fino pero mis raíces largas están bien metidas en la tierra. Mis raíces, incluso, salen hacia fuera de la tierra, se corvan un poco, y aunque nadie llega a tropezar con ellas porque no tienen esa longevidad callosa propia de las raíces, asoman oscuras a los pies de mi tronco. Algunos las ven. Yo las veo. Miro mis raíces desde arriba como si no fueran mías. Si aprieto los poros y las esporas y crujo por dentro del tronco noto mis raíces. Las que están bajo tierra. Las que me sostienen. Las que me conectan con todo eso que me sostiene. Tengo muchas ramas, muchísimas, con miles de hojas de distintos tamaños. Las hojas se mueven con el viento y me distraen, me mantienen entretenido.
Soy un árbol de tronco fino. Tengo un tronco fino pero mis raíces largas están bien metidas en la tierra. Mis raíces, incluso, salen hacia fuera de la tierra, se corvan un poco, y aunque nadie llega a tropezar con ellas porque no tienen esa longevidad callosa propia de las raíces, asoman oscuras a los pies de mi tronco. Algunos las ven. Yo las veo. Miro mis raíces desde arriba como si no fueran mías. Si aprieto los poros y las esporas y crujo por dentro del tronco noto mis raíces. Las que están bajo tierra. Las que me sostienen. Las que me conectan con todo eso que me sostiene. Tengo muchas ramas, muchísimas, con miles de hojas de distintos tamaños. Las hojas se mueven con el viento y me distraen, me mantienen entretenido.
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