El agua en los lagos congelados de Copenhague es tiempo que se condensa. Se queda inmóvil durante todo el invierno, como si la tierra hubiera dejado de respirar por un momento. Qué extraño es mirar un lago de agua congelada, estática, detenidísima. Y saber que, con toda seguridad, debajo de esa capa de hielo y silencio y enorme quietud, hay peces vivos, nadando como todos los días, como si nada ocurriera por encima de sus cabezas.
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