Archivos Abril 2010

Un rescate

Ángel Zapata | Los tranvías


Porque estamos en primavera, porque hace varios meses que no monto en tranvía y porque por fin las plantas de mi casa están reviviendo, dejo aquí está columna de Ángel Zapata, algo antigua ya, supongo, y que he rescatado de unos apuntes suyos sobre la prosodia, publicados en los manuales de Fuentetaja. Y que podéis rescatar de la antigua página de Isabel Cañelles. El texto se titula "Los tranvías", ay, los tranvías.

Los tranvías, como los buenos toreros, supieron retirarse a tiempo, convertirse en leyenda, y que la gente los recuerde ahora —¡ah, los tranvías!— con esa nostalgia que emborracha un poco, o en esa borrachera, según, que da un poco de nostalgia. Porque uno tiene apedreado —la mala idea de los niños— aquel tranvía de Peñagrande que cruzaba desmontes, tomillares, arroyos, por las afueras de la ciudad, y moría entre casas de adobe, perros furtivos, guardas con canana cruzada en el pecho, en la linde de El Pardo. Pero ya por entonces, mediados los sesenta, los tranvías se hicieron más espigados, con el morro de quilla, parientes de las barcas que había en la verbena, y eran tan sosos como el autobús, tan anodinos, tan municipales.