Nadaban por debajo de mis uñas, como si hubiera allí un territorio donde moverse libremente. Parecían amebas diminutas, el cuerpo de una chinche, con bigotes finos y patas largas. Si las aplastabas nadaban más rápido, como huyendo a ninguna parte, giraban en círculos. Al poco de aplastarlas perdían su contorno y se hacían invisibles. Después morían. Solo quedaban de ellas los bigotes.
Los seres acuosos
Mi yo plastilina
El cuento como ensalada
Todos los caminos llevan a Roma
Un rescate
Manzanas verdes
Que la inspiración me pille trabajando
El bailarín del sombrero de oro
El tiempo perdido
Dulce de leche
Las llaves de Nasrudin
Butoh o la danza de la oscuridad
Mi vida en cajas
La ciudad a oscuras
Un poco de mundo
El río más ancho del mundo
La fiesta de la Escuela
Insomnio
Los seres acuosos
El río amazónico
Los cronopios y el primer taller de escritura
Julio 2010 (1)
Junio 2010 (1)
Mayo 2010 (1)
Abril 2010 (2)
Marzo 2010 (6)
Febrero 2010 (6)
Enero 2010 (8)
Diciembre 2009 (7)
Noviembre 2009 (12)
Junio 2008 (2)
Mayo 2008 (4)
Abril 2008 (5)
Marzo 2008 (3)
Febrero 2008 (1)
Enero 2008 (10)
Diciembre 2007 (10)
Noviembre 2007 (4)
Octubre 2007 (2)
Septiembre 2007 (5)
Agosto 2007 (7)
Julio 2007 (11)
Mayo 2007 (3)
Febrero 2007 (1)
Septiembre 2006 (1)
Junio 2006 (2)
Mayo 2006 (4)
Abril 2006 (2)
Marzo 2006 (3)
Febrero 2006 (9)
Enero 2006 (2)
Noviembre 2005 (15)
Octubre 2005 (8)
Septiembre 2005 (18)
Agosto 2005 (1)
Julio 2005 (17)
Junio 2005 (30)
Mayo 2005 (31)
Abril 2005 (39)
Marzo 2005 (28)
Febrero 2005 (2)

Deja aquí tu comentario: