Los huesos de titanio



Atravesaron los huesos de mis piernas con clavos de titanio. Tenían el grosor del dedo de un niño, pero eran largos, plateados, suaves al tacto y perfectamente pulidos. Me los quitaron uno a uno cuando lo pedí. Salieron limpios y sin dolor, como si el interior de mi cuerpo en lugar de carne y vísceras lo formara una masa compacta de espuma de poliuretano.


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