Bajo el océano



Varios hombres construían un templo bajo el océano. Yo los visitaba, era diminuta a su lado. El agua que nos rodeaba era tibia, y teníamos peces por arriba y por abajo, que movían la corriente a ráfagas al pasar. Uno de los hombres me enseñaba el pabellón secreto. Ahí el tiempo se ralentizaba tanto que los bancos de peces naranja parecían prácticamente inmóviles.


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