Estoy segura que si nos viéramos la próxima vez dentro de otros quince años, diríamos lo mismo: si estás igual. Igual. Todo igual. Hemos cambiado mucho, pero estamos igual. No recuerdo si lo dijo Patricia, o Sofía, o María: tenemos todos los mismos gestos que teníamos de pequeños. Tenemos el mismo lenguaje gestual, aunque nos haya cambiado un poco la cara, hayamos crecido un par de centímetros, o nos hayamos teñido el pelo. Estamos igual.
Ayer cené con mis compañeros del colegio, hacía diez años que no venía a algunos, quince a otros. ¡Quince! No sé porqué fui, no me gustan nada este tipo de reuniones. Pero tenía ganas de verlos, de comprobar que estaban vivos, de saber qué había sido de su vida. ¿Qué estará haciendo, ahora mismo, aquella amiga con la que cantaba a voz en grito las letras de La Bella y la Bestia? Pues resulta que somos casi vecinas, ahora, y que recuerda las canciones perfectamente a pesar de los quince años de distancia. Así que me movió la curiosidad, supongo, como a los gatos.
Me gustó mucho estar con ellos ayer. Porque pasamos muchos años juntos, ¿diez años? Más o menos sí, diez años. De lunes a viernes, sentados en pupitres bajos, en cumpleaños, excursiones en autobus, horas y horas de recreo, con las monjas, con los caramelos Vampiro, intercambiando palmitas, sentados en el suelo, jugando a las cartas, jugando a cazador, al balón priosionero. Hablamos de la biblioteca, de esos libros cubiertos de plástico, de las manos de la madre Julia, de las excursiones a buscar plantas y abetos, las carreras por las escaleras, el pregón, los babis, el fluor que nos hacían beber una vez al mes porque se supone que era bueno para los dientes. De todo eso.
Quedamos a cenar cerca del barrio del colegio. En un cruce de peatones me crucé con una chica y le pregunté cuál de todas esas calles era la Avenida del Brasil. Me dijo que no lo sabía, que hacía quince años que no estaba por aquí. Pensé que tal vez sería una de mis antiguas compañeras, y que estaba buscando el restaurante, y me sentí fatal por no reconocerla. Pero se desvió en la siguiente bocacalle.
Estaba nerviosa, inquieta. No tenía ni idea a quién me iba a encontrar, la gente cambia mucho con los años. Yo siempre he tenido una relación extraña con mis amigos del colegio, los odiaba y los quería, todo junto. Imagino que pasa mucho con las familias grandes, o la gente que crece contigo. A lo mejor no tienes nada que ver con esa persona, pero se han compartido tantas horas, que ya estás conectado de alguna forma. Por esas conexiones llegué nerviosa, inquieta, y por esas conexiones me senté en la mesa. Y fue un gusto, la verdad.
Hicimos lo típico que se hace en este tipo de reuniones, tratar de resumir los últimos diez años en un par de minutos. Y recordar anécdotas. Recordar que Soledad, la profe de inglés, se cortaba las uñas en clase, o recordar, que María Campo, en clase de inglés se desamayó mientras recitaba el vocabulario y que Sofía intentó apartarnos a todos para que la dejásemos respirar. A veces me quedaba mirando a todo el mundo y no escuchaba. De alguna forma no me podía creer que estuviéramos todos juntos. Y que estuviéramos todos vivos. Es extraño.
Querían que escribiera una crónica, a poco que comentes que escribes todo el mundo te pide que lo hagas. Pero no me sale, no soy capaz de ordenar lo que pasó minuto a minuto, y no soy capaz de salirme del tópico. Solo digo que fue un placer verlos a todos durante unas horas. A casi todos, más bien, que faltaron muchos. Bueno, es un decir, porque de alguna forma también estaban por allí.

22 de Noviembre 2009 a las 09:44 PM
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Pues sí, un verdadero placer estar ahí. Compartir cada uno de esos minutos que no pueden enumerarse, ni ordenarse, ni atraparse. Ójala pudiéramos extraer la fórmula química de esos momentos para poder rememorarla de vez en cuando, en esas ocasiones en que los recuerdos de la infancia se desdibujan, para hacer ese pasado más fuerte, y más presente en cada uno de nuestros futuros.
Por que nunca olvidemos todos estos años que de una u otra manera, como tú bien dices, nos han unido y nos unen!
Gracias por la crónica. Aunque no entiendo mucho de estas cosas, he de decir que a mí me parece perfecta.
Un abrazo muy muy grande.
23 de Noviembre 2009 a las 09:45 AM
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gracias!!!!
me encantó encontraros, últimamente me gusta "medir" las cosas por la cantidad de energía que me aportan.... juntarme con vosotros me ha recargado las pilas para una buena temporada... realmente para mi ha sido un gran fin de semana de encuentros....
un abrazo a tod@s!
23 de Noviembre 2009 a las 10:20 PM
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Hola, he encontrado tu página por casualidad y que decir. Me ha encantado lo poco que he leído ^_^. Intentaré leerte con asiduidad. Un saludo!
24 de Noviembre 2009 a las 04:25 PM
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Gracias por la visita, chicas. Ha sido un lujo veros a todos, la verdad, a ver si la próxima es en primavera en una terracita al sol, que tiene su punto. Y ya me gustaría a mí tener más memoria para acordarme de todo por lo que pasamos!! Irá saliendo, irá.
24 de Noviembre 2009 a las 04:28 PM
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Gracias por la visita, ¡disfruta del jardín y las hierbas!
27 de Noviembre 2009 a las 07:02 PM
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Jo, ¡qué pena no haber podido ir! Me he reído mucho con el episodio de mi pérdida de conocimiento... Anda que... Espero que se me recuerde por algo más bonito!!! Bueno, wapa, que nos debemos una quedada prontito. Besitos.
28 de Noviembre 2009 a las 12:58 AM
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Te recuerdo por cosas más bonitas, pero no tan graciosas :-D