Jardín de barro



Los bajos de su vestido eran tela de araña. Hilos gordos, esponjosos y rosados. Todos igual de rosados. A medida que ella avanzaba por el jardín de barro, la tela de araña crecía hasta cubrirlo todo. Dejaban tan solo pequeños agujeros de aire entre la trama de hilos, que se hinchaba y vaciaba con cada uno de sus movimientos.


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