Moldeo pequeñas figuras humanas y las coloco en un claro del bosque diminuto. El príncipe me ha quedado un poco alto, así que lo aplasto un poco con los pulgares. Ahora le llega a la cintura a la reina. Chasqueo los dedos un par de veces. Las figuras caminan por el sendero del bosque, y hablan entre ellas con susurros, como si siempre hubieran existido.
El bosque diminuto
Una voz llega a alguien en la oscuridad
Siete voces, una historia
La impermanencia, la escritura
Rimpo, Momo, la gatera y el hueso de aguacate
Hacerse el muerto en Madrid
Y a mí, ¿por qué me gustan estas películas?
Buscar el caballo de metal
Los rituales de escritura
Disfrutar de la ficción
Los chinos no toman café
Un poco de limpieza: blogs recomendados (1)
Eso que nos invade
Un poco de mundo
Jugar con la arena
Y el puente del abismo
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