Archivos Mayo 2008



Hay luz por las mañanas. Caminas sobre la piedra, a paso rápido, cruzando la plaza. Vuelan desordenados los vencejos sobre tu cabeza. O las golondrinas, nunca he sabido mucho de pájaros. Ni siquiera los detiene el cielo. Vuelan. Se posan. Vuelan otra vez.

Hay luz por las mañanas. Caminas sobre la piedra, a paso rápido, cruzando la plaza. Vuelan desordenados los vencejos sobre tu cabeza. O las golondrinas, nunca he sabido mucho de pájaros. Ni siquiera los detiene el cielo. Vuelan. Se posan. Vuelan otra vez.


Cambios

Para Jaime M.


Imagina un padre. Un padre que se levanta un día a las seis de la mañana, compra litros de pintura y comienza a pintar peces en las paredes de su salón. Descuelga los cuadros del siglo pasado, aparta los muebles de la herencia y pinta peces de colores. Por todo el salón. Imagina un niño de seis años. Un niño que encuentra una pecera gigante en un salón que tan respetable parecía. Un día. De repente. Ahora su padre es pintor y viven en medio del océano.

Imagina un padre. Un padre que se levanta un día a las seis de la mañana, compra litros de pintura y comienza a pintar peces en las paredes de su salón. Descuelga los cuadros del siglo pasado, aparta los muebles de la herencia y pinta peces de colores. Por todo el salón. Imagina un niño de seis años. Un niño que encuentra una pecera gigante en un salón que tan respetable parecía. Un día. De repente. Ahora su padre es pintor y viven en medio del océano.


Y qué queda después de los puentes

Julio Cortázar | El libro de Manuel | Punto de Lectura


Quién somos nosotros para hablar de puentes. Mejor dejamos a Julísimo Julio para que hable de puentes. Nos queda escuchar, y cruzarlo.

[...] Entonces el puente, claro. ¿Cómo tender el puente, y en qué medida va a servir de algo tenderlo? La praxis intelectual (sic) de los socialismos estancados exige puente total; yo escribo y el lector lee, es decir que se da por supuesto que yo escribo y tiendo el puente a un nivel legible. ¿Y si no soy legible, viejo, si no hay lector y ergo no hay puente? Porque un puente, aunque se tenga el deseo de tenderlo y toda obra sea un puente hacia y desde algo, no es verdaderamente puente mientras los hombres no lo crucen. Un puente es un hombre cruzando un puente, che.

Una de las soluciones: poner un piano en ese puente, y entonces habrá cruce. La otra: tender de todas maneras el puente y dejarlo ahí; de esa niña que mama en brazos de su madre echará a andar algún día una mujer que cruzará sola el puente, llevando a lo mejor en brazos a una niña que mama de su pecho. Y ya no hará falta un piano, lo mismo habrá puente, habrá gente cruzándolo. Pero andá a decirle eso a tanto satisfecho ingeniero de puentes y caminos y planes quinquenales.

Quién somos nosotros para hablar de puentes. Mejor dejamos a Julísimo Julio para que hable de puentes. Nos queda escuchar, y cruzarlo.

[...] Entonces el puente, claro. ¿Cómo tender el puente, y en qué medida va a servir de algo tenderlo? La praxis intelectual (sic) de los socialismos estancados exige puente total; yo escribo y el lector lee, es decir que se da por supuesto que yo escribo y tiendo el puente a un nivel legible. ¿Y si no soy legible, viejo, si no hay lector y ergo no hay puente? Porque un puente, aunque se tenga el deseo de tenderlo y toda obra sea un puente hacia y desde algo, no es verdaderamente puente mientras los hombres no lo crucen. Un puente es un hombre cruzando un puente, che.

Una de las soluciones: poner un piano en ese puente, y entonces habrá cruce. La otra: tender de todas maneras el puente y dejarlo ahí; de esa niña que mama en brazos de su madre echará a andar algún día una mujer que cruzará sola el puente, llevando a lo mejor en brazos a una niña que mama de su pecho. Y ya no hará falta un piano, lo mismo habrá puente, habrá gente cruzándolo. Pero andá a decirle eso a tanto satisfecho ingeniero de puentes y caminos y planes quinquenales.



Nos perdemos por las calles del Escorial. Son de piedra, y van en círculos, siempre acabamos en la misma, qué despiste. Historias prestadas, historias robadas. Un chino vestido de turquesa enseña tai-chi en silencio. Todos escuchan. Estamos a las puertas de un bosque inmenso que se extiende sin civilización hasta las torres de Plaza Castilla. Cantar y bailar como si indios entre los bancos de una iglesia escodida pasadas las doce de la noche. Deseos innumerables. Y ahora la guitarra puede tocarse de otra forma, ahora podemos tocar todo de otra forma. En el jardín le damos migas de pan a las hormigas. Nos sentamos en el césped a arreglar el mundo y las pequeñas cosas. Crear espacio desde dentro. Mirar a los ojos. Las calles huelen a leña desde aquí.

Nos perdemos por las calles del Escorial. Son de piedra, y van en círculos, siempre acabamos en la misma, qué despiste. Historias prestadas, historias robadas. Un chino vestido de turquesa enseña tai-chi en silencio. Todos escuchan. Estamos a las puertas de un bosque inmenso que se extiende sin civilización hasta las torres de Plaza Castilla. Cantar y bailar como si indios entre los bancos de una iglesia escodida pasadas las doce de la noche. Deseos innumerables. Y ahora la guitarra puede tocarse de otra forma, ahora podemos tocar todo de otra forma. En el jardín le damos migas de pan a las hormigas. Nos sentamos en el césped a arreglar el mundo y las pequeñas cosas. Crear espacio desde dentro. Mirar a los ojos. Las calles huelen a leña desde aquí.