Seguiremos cumpliendo, infinitamente, 29 años. Seguiremos celebrándolo así, con pasta italiana ─y queso rallado a mano y un tuco que tarda dos días en cocinarse─, con un montón pequeño, íntimo, de amigos nacidos en muchas partes del mundo. Sin soplar las velitas, porque vos, viejo, no querés pedir más deseos. Y nos reíremos, beberemos y brindaremos por todos los años que nos quedan. Prepararemos litros de ron con limón y hierbabuena, y hablaremos en portugués como si el orden del mundo dependiese de eso. Tomaremos mate, encenderemos cigarrillos y desafinaremos canciones con letras absurdas.
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