Archivos Diciembre 2007

Una felicitación para año nuevo

Pameos y meopas | Julio Cortázar


De todas las felicitaciones de año nuevo que me llegaron, esta, que ya la conocía, fue la que más me gustó. De Julísimo Julio, por supuesto. Un poema que se puede leer dentro de Pameos y meopas, en la sección "Larga distancia". Por lo que he podido averiguar, al menos.

La recordó Carlos Sobrino. Aquí la dejo.

Happy new year

Mirá, no pido mucho,
solamente tu mano, tenerla
como un sapito que duerme así contento.
Necesito esa puerta que me dabas
para entrar a tu mundo, ese trocito
de azúcar verde, de redondo alegre.
¿No me prestas tu mano en esta noche
de fin de año de lechuzas roncas?
No puedes, por razones técnicas. Entonces
la tramo en el aire, urdiendo cada dedo,
el durazno sedoso de la palma
y el dorso, ese país de azules árboles.
Así la tomo y la sostengo, como
si de ello dependiera
muchísimo del mundo,
la sucesión de las cuatro estaciones,
el canto de los gallos, el amor de los hombres.

De todas las felicitaciones de año nuevo que me llegaron, esta, que ya la conocía, fue la que más me gustó. De Julísimo Julio, por supuesto. Un poema que se puede leer dentro de Pameos y meopas, en la sección "Larga distancia". Por lo que he podido averiguar, al menos.

La recordó Carlos Sobrino. Aquí la dejo.

Happy new year

Mirá, no pido mucho,
solamente tu mano, tenerla
como un sapito que duerme así contento.
Necesito esa puerta que me dabas
para entrar a tu mundo, ese trocito
de azúcar verde, de redondo alegre.
¿No me prestas tu mano en esta noche
de fin de año de lechuzas roncas?
No puedes, por razones técnicas. Entonces
la tramo en el aire, urdiendo cada dedo,
el durazno sedoso de la palma
y el dorso, ese país de azules árboles.
Así la tomo y la sostengo, como
si de ello dependiera
muchísimo del mundo,
la sucesión de las cuatro estaciones,
el canto de los gallos, el amor de los hombres.




En Buenos Aires los gorriones son más grandes que en París. Y más desconfiados. Lo mismo pasa con la gente. Se acercan lo más rápido que pueden a los cachitos de empanada, y salen volando después. En París, los más atrevidos, subían a la mano a picotear. Los árboles centenarios de Buenos Aires se ahogan entre el humo de los coches. Por suerte son tan altos que sobreviven en su mundo, y siguen creciendo, ajenos al tránsito y a la gente. Entre los gorriones del parque San Martín hay mirlos negros y cacatuas verdes.

En Buenos Aires los gorriones son más grandes que en París. Y más desconfiados. Lo mismo pasa con la gente. Se acercan lo más rápido que pueden a los cachitos de empanada, y salen volando después. En París, los más atrevidos, subían a la mano a picotear. Los árboles centenarios de Buenos Aires se ahogan entre el humo de los coches. Por suerte son tan altos que sobreviven en su mundo, y siguen creciendo, ajenos al tránsito y a la gente. Entre los gorriones del parque San Martín hay mirlos negros y cacatuas verdes.




El tiempo hace que los viejos amigos sigan con la gorra puesta y toquen la batería en grupos de rock. ¿Dónde quedaron las flores robadas? En el local de madera hay una ristra de ajos en la puerta, una cuerda en el techo para colgar a un pirata y un enorme cangrejo de cartón piedra. Extraña combinación. Iremos a festejar hasta que el mundo esté mejor. Y siga amaneciendo, a las cinco de la mañana, y estemos las dos contentas de nuevo, y sigamos manejando por las calles empedradas y sin poder abrir la puerta de la casa blanca. En las noches lindas siempre amanece temprano, se roban paquetes de chicle o cigarrillos, y el hielo se acaba siempre derritiendo sin que te des cuenta.

El tiempo hace que los viejos amigos sigan con la gorra puesta y toquen la batería en grupos de rock. ¿Dónde quedaron las flores robadas? En el local de madera hay una ristra de ajos en la puerta, una cuerda en el techo para colgar a un pirata y un enorme cangrejo de cartón piedra. Extraña combinación. Iremos a festejar hasta que el mundo esté mejor. Y siga amaneciendo, a las cinco de la mañana, y estemos las dos contentas de nuevo, y sigamos manejando por las calles empedradas y sin poder abrir la puerta de la casa blanca. En las noches lindas siempre amanece temprano, se roban paquetes de chicle o cigarrillos, y el hielo se acaba siempre derritiendo sin que te des cuenta.




Y estamos igual, seguimos igual. Más viejos. Más sabios. Las tardes siguen siendo de sol y de mate, como nos hubiéramos visto ayer. Nos merecemos un verano, primita. La luna se dibuja casi llena al otro lado del río, tiene poco camalotes este verano. Sopla un viento que mueve toda la casa blanca y tira ramas. El ombú que plantó Mirta está más alto que nunca. Llevaba siete años sin abrazarte. Ahora tengo canas. Vos estás igual, viejo. Ya no paseamos tanto a Bran, que casi no consigue vernos con los ojos opacos. Pensar que hace tiempo no se gustaban.

Y estamos igual, seguimos igual. Más viejos. Más sabios. Las tardes siguen siendo de sol y de mate, como nos hubiéramos visto ayer. Nos merecemos un verano, primita. La luna se dibuja casi llena al otro lado del río, tiene poco camalotes este verano. Sopla un viento que mueve toda la casa blanca y tira ramas. El ombú que plantó Mirta está más alto que nunca. Llevaba siete años sin abrazarte. Ahora tengo canas. Vos estás igual, viejo. Ya no paseamos tanto a Bran, que casi no consigue vernos con los ojos opacos. Pensar que hace tiempo no se gustaban.




Llegué un poquito del verano, el 20, a la madrugada. Hay calor y carretera desconchada. Los coches se saltan los semáforos en rojo y pasan por las vías de tren como si no estuvieran ahí. La llama de YPF está toda la noche encendida. Berisso sigue oliendo a zanja, y a río, y a verde, y a jacarandá. Caminamos entre la gente y tomamos la primera Quilmer del verano. La cerveza la sirven entera, todo el litro en la mesa, dos vasos grandes y un platito de maní.

Llegué un poquito del verano, el 20, a la madrugada. Hay calor y carretera desconchada. Los coches se saltan los semáforos en rojo y pasan por las vías de tren como si no estuvieran ahí. La llama de YPF está toda la noche encendida. Berisso sigue oliendo a zanja, y a río, y a verde, y a jacarandá. Caminamos entre la gente y tomamos la primera Quilmer del verano. La cerveza la sirven entera, todo el litro en la mesa, dos vasos grandes y un platito de maní.




Viajar a otro país. Bailar una vez al mes. Besarnos bajo el agua. Subir a un globo aerostático. Leernos un libro en voz alta. Montar una barbacoa para los amigos. Planificar los días que haríamos el amor. Organizar una excursión al zoo un verano. Navegar. Hacer un sinpa en un restaurante caro. Mentir. Tener un perro y sacarlo a la calle todos los días. Jugar al ajedez o a las damas. Discutir. Acabar de ver juntos esas series que empezamos. Hacernos daño intencionadamente. Comer en un japonés. Alquilar una barca en el lago del Retiro. Conseguir que las plantas —todas menos el bambú— no muriesen a los pocos meses. Colgar los cuadros del comedor.

Viajar a otro país. Bailar una vez al mes. Besarnos bajo el agua. Subir a un globo aerostático. Leernos un libro en voz alta. Montar una barbacoa para los amigos. Planificar los días que haríamos el amor. Organizar una excursión al zoo un verano. Navegar. Hacer un sinpa en un restaurante caro. Mentir. Tener un perro y sacarlo a la calle todos los días. Jugar al ajedez o a las damas. Discutir. Acabar de ver juntos esas series que empezamos. Hacernos daño intencionadamente. Comer en un japonés. Alquilar una barca en el lago del Retiro. Conseguir que las plantas —todas menos el bambú— no muriesen a los pocos meses. Colgar los cuadros del comedor.


Es tanto tiempo

Una mirada para Berna


En seis años pueden pasar tantas cosas.

Se puede encontrar una amiga, que además escribe, que además es tu familia, y que además, te convierte en mejor persona.

Puedes aprender a querer una ciudad que no te gustaba nada, y dejar de salir a pescar paraísos perdidos, porque caes en la cuenta que siempre han estado contigo. Con vosotras.

Se puede descubrir un camino que llevaba ahí, a tus pies, mucho tiempo, pero que nunca habías visto. Comenzar a andarlo a su lado y siempre hacia delante (aunque a veces no lo parezca), con las bendiciones de todos los que han caminado antes por las mismas baldosas.

Aprender a volar dentro de los sueños y a cantar dentro de las pesadillas.

En seis años pueden pasar tantas cosas.

Se puede encontrar una amiga, que además escribe, que además es tu familia, y que además, te convierte en mejor persona.

Puedes aprender a querer una ciudad que no te gustaba nada, y dejar de salir a pescar paraísos perdidos, porque caes en la cuenta que siempre han estado contigo. Con vosotras.

Se puede descubrir un camino que llevaba ahí, a tus pies, mucho tiempo, pero que nunca habías visto. Comenzar a andarlo a su lado y siempre hacia delante (aunque a veces no lo parezca), con las bendiciones de todos los que han caminado antes por las mismas baldosas.

Aprender a volar dentro de los sueños y a cantar dentro de las pesadillas.


Escaleras al sol

Para Jose


El sol moja las escaleras. Llegas tarde algunas mañanas. Otras mañanas no hay sol. Tenemos cinco o diez minutos de sol con café. Los días que vamos, los que no llueve. El sol de invierno calienta justo un poco menos de lo que esperamos (como casi todo ahora). Hace frío, soltamos vaho y humo por la boca. Como las chimeneas de los tejados de Londres. El siglo pasado, cuando aún no teníamos motivos para movernos.

El sol moja las escaleras. Llegas tarde algunas mañanas. Otras mañanas no hay sol. Tenemos cinco o diez minutos de sol con café. Los días que vamos, los que no llueve. El sol de invierno calienta justo un poco menos de lo que esperamos (como casi todo ahora). Hace frío, soltamos vaho y humo por la boca. Como las chimeneas de los tejados de Londres. El siglo pasado, cuando aún no teníamos motivos para movernos.




Pesca niebla. Todas las mañanas. Le gusta subir a los tejados justo cuando empieza a aclararse el mundo, y esperar a que amanezca sentado en el borde de cualquier chimenea. Le gusta ver salir el sol y desperezarse a los pájaros. Saca su caña –es una caña especial, no es cualquier caña, y es que la niebla no es tan fácil de pescar como parece– y prepara los aparejos. Le gusta pescar con guantes, y un sombrero pequeño, caliente. Lanza el sedal con fuerza. El anzuelo se pierde entre la niebla. Cuando lo pierde de vista y no hay forma de ver ninguna de las plumas de colores que siempre lo rodean –las plumas son imprescindibles para pescar niebla– se relaja, sabe que tendrá una buena jornada.

Pesca niebla. Todas las mañanas. Le gusta subir a los tejados justo cuando empieza a aclararse el mundo, y esperar a que amanezca sentado en el borde de cualquier chimenea. Le gusta ver salir el sol y desperezarse a los pájaros. Saca su caña –es una caña especial, no es cualquier caña, y es que la niebla no es tan fácil de pescar como parece– y prepara los aparejos. Le gusta pescar con guantes, y un sombrero pequeño, caliente. Lanza el sedal con fuerza. El anzuelo se pierde entre la niebla. Cuando lo pierde de vista y no hay forma de ver ninguna de las plumas de colores que siempre lo rodean –las plumas son imprescindibles para pescar niebla– se relaja, sabe que tendrá una buena jornada.




Visto lo visto, habrá que darle la razón.

Y qué bien que la tenga (qué alivio, sobre todo).

Van a pasar tantas cosas

De aquí a un año
pueden pasar tantas cosas:
Que encontremos el amor de nuestra vida,
que lo perdamos (acaso una vez más),
que descubramos que, con todo, no nos hacía tanta falta.

De aquí a un año
pasarán tantas cosas:
Que las pesadillas dejarán de serlo de pronto
que nos asustarán pesadillas nuevas,
que descubriremos que, con todo, es nuestro miedo (y no las pesadillas).

De aquí a un año es tanto tiempo.

para Mariana, Isa, Alice, Ampa

Visto lo visto, habrá que darle la razón.

Y qué bien que la tenga (qué alivio, sobre todo).

Van a pasar tantas cosas

De aquí a un año
pueden pasar tantas cosas:
Que encontremos el amor de nuestra vida,
que lo perdamos (acaso una vez más),
que descubramos que, con todo, no nos hacía tanta falta.

De aquí a un año
pasarán tantas cosas:
Que las pesadillas dejarán de serlo de pronto
que nos asustarán pesadillas nuevas,
que descubriremos que, con todo, es nuestro miedo (y no las pesadillas).

De aquí a un año es tanto tiempo.

para Mariana, Isa, Alice, Ampa