Archivos Noviembre 2007

Invierno

Para Rubén


La casa más baja de todo Lavapiés. Solo dos pisos. Con una felicidad tranquila, casi sin querer en medio del invierno. Un gato con ojos amarillos y una gata de ojos verdes. La manta gris, como de forro polar. Cigarrillos, una botella medio llena de cerveza y varias vacías de agua. Esperando a que amanezca.

La casa más baja de todo Lavapiés. Solo dos pisos. Con una felicidad tranquila, casi sin querer en medio del invierno. Un gato con ojos amarillos y una gata de ojos verdes. La manta gris, como de forro polar. Cigarrillos, una botella medio llena de cerveza y varias vacías de agua. Esperando a que amanezca.




Mamá compró la pala, una pequeña, como de camping.

Papá cavó el agujero, anocheciendo ya, en un claro entre árboles.

Yo la tumbé en la tierra, bien cómoda, con la cabeza entre las patas, como solía dormir.

Y la tapamos con la tierra, los tres.

Cubrimos la tumba con césped, los tres.

Pisamos bien el césped para que no se notara.

Y volvimos, los tres, a casa.

Mamá compró la pala, una pequeña, como de camping.

Papá cavó el agujero, anocheciendo ya, en un claro entre árboles.

Yo la tumbé en la tierra, bien cómoda, con la cabeza entre las patas, como solía dormir.

Y la tapamos con la tierra, los tres.

Cubrimos la tumba con césped, los tres.

Pisamos bien el césped para que no se notara.

Y volvimos, los tres, a casa.




Hace poco estuve en un concierto curioso, de un tal Mario San Miguel y su gran orquesta del amor. Fui un poco con desconfianza, todo hay que decirlo, los ejércitos del amor así dichos asustan a cualquiera. Pero me la tragué toda (la desconfianza, digo), disfruté mucho y con calma, y me sorprendió su energía. La de todos ellos.

Dejo aquí una de las canciones, una de mis favoritas. Va de peces. Y de océanos. Y de verdades como elefantes. Esos que esperan en el sofá de casa mientras el explorador los busca en la jungla, esos elefantes.

No tiene título, o no he sido capaz de localizarlo.

Cuentan los cuentos que cuentan y creo que cuentan bien. Yo no lo sé porque no estaba allí; pero lo creo... Que había una vez un chico pez que se encontró con un pez mayor; y lo paró y lo abordó, le dijo así le preguntó: "Me puedes decir, por favor, tú que ya eres mayor, por favor, ¿dónde está el océano?". Le dijo así el pez pequeño: "Llevo años recorriendo de aquí para allá, de allá pa aquí, busco y busco y no lo encuentro... Yo no logro ver el océano, el famoso océano, el dichoso océano".

Hace poco estuve en un concierto curioso, de un tal Mario San Miguel y su gran orquesta del amor. Fui un poco con desconfianza, todo hay que decirlo, los ejércitos del amor así dichos asustan a cualquiera. Pero me la tragué toda (la desconfianza, digo), disfruté mucho y con calma, y me sorprendió su energía. La de todos ellos.

Dejo aquí una de las canciones, una de mis favoritas. Va de peces. Y de océanos. Y de verdades como elefantes. Esos que esperan en el sofá de casa mientras el explorador los busca en la jungla, esos elefantes.

No tiene título, o no he sido capaz de localizarlo.

Cuentan los cuentos que cuentan y creo que cuentan bien. Yo no lo sé porque no estaba allí; pero lo creo... Que había una vez un chico pez que se encontró con un pez mayor; y lo paró y lo abordó, le dijo así le preguntó: "Me puedes decir, por favor, tú que ya eres mayor, por favor, ¿dónde está el océano?". Le dijo así el pez pequeño: "Llevo años recorriendo de aquí para allá, de allá pa aquí, busco y busco y no lo encuentro... Yo no logro ver el océano, el famoso océano, el dichoso océano".



¿Cómo es capaz la luna, a media noche, de abrirse como la cáscara de un huevo y derramar besos? Así, de repente.

Como si no hubiera ya suficientes estrellas.