El fabricante de nubes se quita el sombrero, solemne, antes de hablar.
─Te cambio mi máquina de hacer nubes por tu tejedora de sueños.
El cometrasgos interrumpe su tarea y se incorpora, levanta un poco la cabeza. Parece molestarle la luz. Su sombra tapa al fabricante.
─¿Y para qué quiero yo hacer nubes?
El fabricante de nubes sonríe, tímido. Es pequeño al lado del cometrasgos, que podría aplastarle como si fuera una cucaracha.
─Sin nubes tus noches serían tan aburridas que la gente dejaría de soñar.
─No sabes de lo que hablas. Las nubes que quieres darme solo traen ventisca y arena. Eso convertiría todo mi trabajo en pesadillas.
El fabricante de nubes se quita el sombrero, solemne, antes de hablar.
─Te cambio mi máquina de hacer nubes por tu tejedora de sueños.
El cometrasgos interrumpe su tarea y se incorpora, levanta un poco la cabeza. Parece molestarle la luz. Su sombra tapa al fabricante.
─¿Y para qué quiero yo hacer nubes?
El fabricante de nubes sonríe, tímido. Es pequeño al lado del cometrasgos, que podría aplastarle como si fuera una cucaracha.
─Sin nubes tus noches serían tan aburridas que la gente dejaría de soñar.
─No sabes de lo que hablas. Las nubes que quieres darme solo traen ventisca y arena. Eso convertiría todo mi trabajo en pesadillas.
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