Archivos Octubre 2007



El fabricante de nubes se quita el sombrero, solemne, antes de hablar.
─Te cambio mi máquina de hacer nubes por tu tejedora de sueños.
El cometrasgos interrumpe su tarea y se incorpora, levanta un poco la cabeza. Parece molestarle la luz. Su sombra tapa al fabricante.
─¿Y para qué quiero yo hacer nubes?
El fabricante de nubes sonríe, tímido. Es pequeño al lado del cometrasgos, que podría aplastarle como si fuera una cucaracha.
─Sin nubes tus noches serían tan aburridas que la gente dejaría de soñar.
─No sabes de lo que hablas. Las nubes que quieres darme solo traen ventisca y arena. Eso convertiría todo mi trabajo en pesadillas.

El fabricante de nubes se quita el sombrero, solemne, antes de hablar.
─Te cambio mi máquina de hacer nubes por tu tejedora de sueños.
El cometrasgos interrumpe su tarea y se incorpora, levanta un poco la cabeza. Parece molestarle la luz. Su sombra tapa al fabricante.
─¿Y para qué quiero yo hacer nubes?
El fabricante de nubes sonríe, tímido. Es pequeño al lado del cometrasgos, que podría aplastarle como si fuera una cucaracha.
─Sin nubes tus noches serían tan aburridas que la gente dejaría de soñar.
─No sabes de lo que hablas. Las nubes que quieres darme solo traen ventisca y arena. Eso convertiría todo mi trabajo en pesadillas.


Sitges

¡Sí, sí, sí, Sitges!


En Sitges las calles se convierten en mar, al final de la cuesta. Se pueden comer bocatas en unas escaleras de piedra, muy cerca del agua, rodeados de turistas alemanes tostados al sol; mientras que al fondo, entre las olas, se sostiene un gorila blanco rodeado de catamaranes. Se pueden comprar carteras con forma de rana y pisar chinchetas gigantes que sujetan las aceras a la tierra. Beber pintas de Guinnes y comprar Xibeca en el super. Se pueden hacer colas enormes para ver películas de terror muy malas, y tener la mala suerte de no pillar ninguna buena. En Sitges vuela una pajarita de papel que quiere comerse al gorila que está deslumbrado por los focos de la cámara de cine.

En Sitges las calles se convierten en mar, al final de la cuesta. Se pueden comer bocatas en unas escaleras de piedra, muy cerca del agua, rodeados de turistas alemanes tostados al sol; mientras que al fondo, entre las olas, se sostiene un gorila blanco rodeado de catamaranes. Se pueden comprar carteras con forma de rana y pisar chinchetas gigantes que sujetan las aceras a la tierra. Beber pintas de Guinnes y comprar Xibeca en el super. Se pueden hacer colas enormes para ver películas de terror muy malas, y tener la mala suerte de no pillar ninguna buena. En Sitges vuela una pajarita de papel que quiere comerse al gorila que está deslumbrado por los focos de la cámara de cine.