Encontramos un pez de juguete debajo de la mesa de piedra. Tenía un cachito de metal por boca, para que pudiera cogerse con el imán de una caña de pescar diminuta, y llevaba cinco años allí esperando que alguien lo encontrara. Encontramos una libra esterlina al lado de un tablero de ajedrez. Un pozo roto, trozos de cristal en el suelo y ruidos en la ventana. Un tesoro escondido entre varios litros de alcohol a las tres de la madrugada y canciones antiguas rompiendo la noche con ternura. Cuando nos fuimos de allí dejamos el pez de juguete exactamente donde estaba, para no cambiar el orden de las cosas. Hay una raza de peces que crece entre las piedras en los jardines del norte y se alimenta de caricias robadas.
Navalafuente
La ciudad a oscuras
Un poco de mundo
El río más ancho del mundo
La fiesta de la Escuela
Insomnio
Los seres acuosos
El río amazónico
Los cronopios y el primer taller de escritura
Las casas hundidas
Los huesos de titanio
Como los sueños
Estamos contentos
La colina verde
La vida de ficción
A cuatro manos, con Javi P, en verano cálido
La sorpresa de la nieve
La habitación de juegos de la infancia
Bajo el océano
Escribir es como bailar
Pájaros
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