Después de varias horas dentro del mar, jugando con las olas, acabamos con la piel de los dedos muy arrugada. La corriente nos lleva cada vez más lejos, pasamos los columpios y casi llegamos a Canet. Pablo es una cabecita con rizos rubios entre las burbujas, no puede andar con las aletas y tengo que quitárselas. Diego quiere pescar con un pedazo de pan, me explica cómo lo hizo una vez, mezclando varios ingredientes cual fuera una pócima. Las olas le hacen cosquillas a Pablo, que ríe sin parar. La pequeña lleva un bikini lleno de colores y un sol sonriente pintado en el brazo. Ahora está todos en casa, buscando al niño invisible, que tiene un coche volador y es amigo del dinosaurio del armario. Se esconde siempre muy bien, pero lo encontrarán seguro antes de la cena.
Sagunto
La urraca azul
Mi yo plastilina
El cuento como ensalada
Todos los caminos llevan a Roma
Un rescate
Manzanas verdes
Que la inspiración me pille trabajando
El bailarín del sombrero de oro
El tiempo perdido
Dulce de leche
Las llaves de Nasrudin
Butoh o la danza de la oscuridad
Mi vida en cajas
La ciudad a oscuras
Un poco de mundo
El río más ancho del mundo
La fiesta de la Escuela
Insomnio
Los seres acuosos
El río amazónico
Agosto 2010 (1)
Julio 2010 (1)
Junio 2010 (1)
Mayo 2010 (1)
Abril 2010 (2)
Marzo 2010 (6)
Febrero 2010 (6)
Enero 2010 (8)
Diciembre 2009 (7)
Noviembre 2009 (12)
Junio 2008 (2)
Mayo 2008 (4)
Abril 2008 (5)
Marzo 2008 (3)
Febrero 2008 (1)
Enero 2008 (10)
Diciembre 2007 (10)
Noviembre 2007 (4)
Octubre 2007 (2)
Septiembre 2007 (5)
Agosto 2007 (7)
Julio 2007 (11)
Mayo 2007 (3)
Febrero 2007 (1)
Septiembre 2006 (1)
Junio 2006 (2)
Mayo 2006 (4)
Abril 2006 (2)
Marzo 2006 (3)
Febrero 2006 (9)
Enero 2006 (2)
Noviembre 2005 (15)
Octubre 2005 (8)
Septiembre 2005 (18)
Agosto 2005 (1)
Julio 2005 (17)
Junio 2005 (30)
Mayo 2005 (31)
Abril 2005 (39)
Marzo 2005 (28)
Febrero 2005 (2)
