Archivos Julio 2007

Alginet

Para Jesús y Mara, y su casa de cuento


Una casa de cuento. Hojas secas caen sobre el papel mientras escribo. Hay un arco iris en el jardín entre las flores de jazmín y el limonero. Un pequeño buda de madera resguarda el banco debajo de la parra. Me acompañan tres flores blancas y un caballo que lleva calcetines. El esqueleto de una hamaca vieja cuelga de un olivo como si fuera una rama más. Los caballos salen al trote de su casa para revolcarse en la tierra húmeda, mientras el perro se refresca en un lago cubierto de verdín. Hay peces de color naranja en la fuente. No querrás irte nunca de la casa de cuento. La cocina tiene un pozo cubierto y un viejo horno de leña.

Una casa de cuento. Hojas secas caen sobre el papel mientras escribo. Hay un arco iris en el jardín entre las flores de jazmín y el limonero. Un pequeño buda de madera resguarda el banco debajo de la parra. Me acompañan tres flores blancas y un caballo que lleva calcetines. El esqueleto de una hamaca vieja cuelga de un olivo como si fuera una rama más. Los caballos salen al trote de su casa para revolcarse en la tierra húmeda, mientras el perro se refresca en un lago cubierto de verdín. Hay peces de color naranja en la fuente. No querrás irte nunca de la casa de cuento. La cocina tiene un pozo cubierto y un viejo horno de leña.




Después de varias horas dentro del mar, jugando con las olas, acabamos con la piel de los dedos muy arrugada. La corriente nos lleva cada vez más lejos, pasamos los columpios y casi llegamos a Canet. Pablo es una cabecita con rizos rubios entre las burbujas, no puede andar con las aletas y tengo que quitárselas. Diego quiere pescar con un pedazo de pan, me explica cómo lo hizo una vez, mezclando varios ingredientes cual fuera una pócima. Las olas le hacen cosquillas a Pablo, que ríe sin parar. La pequeña lleva un bikini lleno de colores y un sol sonriente pintado en el brazo. Ahora está todos en casa, buscando al niño invisible, que tiene un coche volador y es amigo del dinosaurio del armario. Se esconde siempre muy bien, pero lo encontrarán seguro antes de la cena.

Después de varias horas dentro del mar, jugando con las olas, acabamos con la piel de los dedos muy arrugada. La corriente nos lleva cada vez más lejos, pasamos los columpios y casi llegamos a Canet. Pablo es una cabecita con rizos rubios entre las burbujas, no puede andar con las aletas y tengo que quitárselas. Diego quiere pescar con un pedazo de pan, me explica cómo lo hizo una vez, mezclando varios ingredientes cual fuera una pócima. Las olas le hacen cosquillas a Pablo, que ríe sin parar. La pequeña lleva un bikini lleno de colores y un sol sonriente pintado en el brazo. Ahora está todos en casa, buscando al niño invisible, que tiene un coche volador y es amigo del dinosaurio del armario. Se esconde siempre muy bien, pero lo encontrarán seguro antes de la cena.




Las paredes del salón de Enrique parecen un helado de vainilla, del bueno, con motitas marrones. El champú huele a menta y el gel parece yogur. Enrique colecciona sabores del té de todo el mundo. Hay un elefante de piedra y una pequeña urraca viviendo entre las raíces de sus plantas. Bobby me cuenta que la arena de la playa la han traído de otro sitio, que es por eso que tiene esos puntitos dorados que parecen purpurina. Los niños comen galletas con sabor a extraterrestre, nave espacio y constelaciones solares.

Las paredes del salón de Enrique parecen un helado de vainilla, del bueno, con motitas marrones. El champú huele a menta y el gel parece yogur. Enrique colecciona sabores del té de todo el mundo. Hay un elefante de piedra y una pequeña urraca viviendo entre las raíces de sus plantas. Bobby me cuenta que la arena de la playa la han traído de otro sitio, que es por eso que tiene esos puntitos dorados que parecen purpurina. Los niños comen galletas con sabor a extraterrestre, nave espacio y constelaciones solares.




En el jardín de Berna hay tres gatitos de un par de meses. El más pequeño está en los huesos y no quiere comer cuando le vemos. Hay mariposas y campanillas blancas que anuncian buenas noticias. Dos sillas de playa donde tomar el fresco o donde tomar el sol. Hay hierbabuena para hacer mojitos, escondida entre matojos de ortigas y malas hierbas. Un templo iluminado al fondo, muy presente en una de las colinas. Un muro de piedra delimita el jardín, los gatos duermen la siesta encima, al borde del abismo. Hay tardes tranquilas y calurosas, en las que arreglamos un poco el cachito de mundo que está delante de nosotras. Solo hay que mirar todo por segunda vez, porque las soluciones siempre han estado ahí.

En el jardín de Berna hay tres gatitos de un par de meses. El más pequeño está en los huesos y no quiere comer cuando le vemos. Hay mariposas y campanillas blancas que anuncian buenas noticias. Dos sillas de playa donde tomar el fresco o donde tomar el sol. Hay hierbabuena para hacer mojitos, escondida entre matojos de ortigas y malas hierbas. Un templo iluminado al fondo, muy presente en una de las colinas. Un muro de piedra delimita el jardín, los gatos duermen la siesta encima, al borde del abismo. Hay tardes tranquilas y calurosas, en las que arreglamos un poco el cachito de mundo que está delante de nosotras. Solo hay que mirar todo por segunda vez, porque las soluciones siempre han estado ahí.




No many superheroes left in the world. But it is kind of easy to learn to find them. You just need to walk every step with yours eyes wide open, raise your head and smell the air. Superheros likes hidden corners in crowded stations. They love dragonflies, in the exactly same place you find a dragonfly, a superhero could be around, so, pay attention. Superheros like to dance in the middle of the storm —it is always better to do it under an orange tiny umbrella, of course—, to walk the whole city crossing bridges, and to feed the sparrows —never the pigeons— with the bread crumbs of a really cheap sandwich. You just need use your sixth sense. Superheros like to examine every single street just to find a tiny useless object maybe for nothing. It is their way of life.

No many superheroes left in the world. But it is kind of easy to learn to find them. You just need to walk every step with yours eyes wide open, raise your head and smell the air. Superheros likes hidden corners in crowded stations. They love dragonflies, in the exactly same place you find a dragonfly, a superhero could be around, so, pay attention. Superheros like to dance in the middle of the storm —it is always better to do it under an orange tiny umbrella, of course—, to walk the whole city crossing bridges, and to feed the sparrows —never the pigeons— with the bread crumbs of a really cheap sandwich. You just need use your sixth sense. Superheros like to examine every single street just to find a tiny useless object maybe for nothing. It is their way of life.




Solo fueron tres días en París. Un chico rubio lleva una gorra roja con la bandera de Canadá mientras cocina espaguetis. El mundo es pequeño: él nació en la isla del Príncipe Eduardo y odia a Ana de las Tejas Verdes. Me cuenta que la isla del Príncipe tiene los atardeceres más bonitos del mundo. Me regala una flor morada mientras yo le espero fingiendo que fumo a la puerta del hostal. Recorremos París sin dinero en los bolsillos. La vida es muy simple, solo hace falta un poco de pan, un poco de queso y una botella de vino. Es cierto que París tiene algo que enamora y repara corazones rotos.

Solo fueron tres días en París. Un chico rubio lleva una gorra roja con la bandera de Canadá mientras cocina espaguetis. El mundo es pequeño: él nació en la isla del Príncipe Eduardo y odia a Ana de las Tejas Verdes. Me cuenta que la isla del Príncipe tiene los atardeceres más bonitos del mundo. Me regala una flor morada mientras yo le espero fingiendo que fumo a la puerta del hostal. Recorremos París sin dinero en los bolsillos. La vida es muy simple, solo hace falta un poco de pan, un poco de queso y una botella de vino. Es cierto que París tiene algo que enamora y repara corazones rotos.


Steve Jobs en la Universidad de Stanford

Steve Jobs | Discurso en Stanford


Aquí está el discurso de Steve Jobs, creador de Apple y de Pixar, del 12 de junio de 2005. "You've got to find what you love". Al final del artículo hay un enlace al vídeo en You Tube con una traducción al español.

I am honored to be with you today at your commencement from one of the finest universities in the world. I never graduated from college. Truth be told, this is the closest I've ever gotten to a college graduation. Today I want to tell you three stories from my life. That's it. No big deal. Just three stories.

The first story is about connecting the dots.

Aquí está el discurso de Steve Jobs, creador de Apple y de Pixar, del 12 de junio de 2005. "You've got to find what you love". Al final del artículo hay un enlace al vídeo en You Tube con una traducción al español.

I am honored to be with you today at your commencement from one of the finest universities in the world. I never graduated from college. Truth be told, this is the closest I've ever gotten to a college graduation. Today I want to tell you three stories from my life. That's it. No big deal. Just three stories.

The first story is about connecting the dots.



Son las cinco de la mañana y no se nos ocurre otra cosa que caminar hasta la Torre Eiffel desde el barrio latino. Una buena caminata por la orilla del río al amanecer. Encontramos gente durmiendo debajo de los puentes. Una garza, elegante, en silencio. Y la Torre Eiffel, inesperada, surgiendo con toda su fuerza de la nada. Los jardines están vacíos. Durante un segundo pienso que tenemos suerte, que debe ser difícil estar en un sitio como ese, tan vacío y tan en silencio. Es como si fuéramos las primeras personas en el mundo en verla.

Son las cinco de la mañana y no se nos ocurre otra cosa que caminar hasta la Torre Eiffel desde el barrio latino. Una buena caminata por la orilla del río al amanecer. Encontramos gente durmiendo debajo de los puentes. Una garza, elegante, en silencio. Y la Torre Eiffel, inesperada, surgiendo con toda su fuerza de la nada. Los jardines están vacíos. Durante un segundo pienso que tenemos suerte, que debe ser difícil estar en un sitio como ese, tan vacío y tan en silencio. Es como si fuéramos las primeras personas en el mundo en verla.


Entre otros

Julio Cortázar | Historias de cronopios y de famas | Punto de lectura


Entre otros relatos, inventos y fragmentos encuentro este texto, y lo releo, y recuerdo que la primera vez que lo encontré (o él me encontró a mí, no estoy muy segura) me hizo abrir los ojos como platos. Se titula "Propiedades de un sillón".

En casa del Jacinto hay un sillón para morirse. Cuando la gente se pone vieja, un día la invitan a sentarse en el sillón que es un sillón como todos pero con una estrellita plateada en el centro del respaldo. La persona invitada suspira, mueve un poco las manos como si quisiera alejar la invitación y después va a sentarse en el sillón y se muere. Los chicos, siempre traviesos, se divierten en engañar a las visitas en ausencia de la madre, y las invitan a sentarse en el sillón. Como las visitas están enteradas pero saben que de eso no se debe hablar, miran a los chicos con gran confusión y se excusan con palabras que nunca se emplean cuando se habla con los chicos, cosa que a éstos los regocija extraordinariamente.

Entre otros relatos, inventos y fragmentos encuentro este texto, y lo releo, y recuerdo que la primera vez que lo encontré (o él me encontró a mí, no estoy muy segura) me hizo abrir los ojos como platos. Se titula "Propiedades de un sillón".

En casa del Jacinto hay un sillón para morirse. Cuando la gente se pone vieja, un día la invitan a sentarse en el sillón que es un sillón como todos pero con una estrellita plateada en el centro del respaldo. La persona invitada suspira, mueve un poco las manos como si quisiera alejar la invitación y después va a sentarse en el sillón y se muere. Los chicos, siempre traviesos, se divierten en engañar a las visitas en ausencia de la madre, y las invitan a sentarse en el sillón. Como las visitas están enteradas pero saben que de eso no se debe hablar, miran a los chicos con gran confusión y se excusan con palabras que nunca se emplean cuando se habla con los chicos, cosa que a éstos los regocija extraordinariamente.



Desde el avión, Francia parece un lugar muy ordenado. Los cultivos tienen los bordes delimitados, casi cortados con tijera, están unos junto a otros, y a veces, entre medias, aparece un pequeño bosque. En cada pueblo, en el centro, hay una iglesia, rodedada de casas en calles alineadas. El avión se inclina hacia un lado y por un momento parece que vamos a caer en la selva. Nada más aterrizar veo un conejo marrón, curioso, entre las hierba. Pega un salto y lo pierdo de vista. Doce kilómetros de ciervos sueltos.

Desde el avión, Francia parece un lugar muy ordenado. Los cultivos tienen los bordes delimitados, casi cortados con tijera, están unos junto a otros, y a veces, entre medias, aparece un pequeño bosque. En cada pueblo, en el centro, hay una iglesia, rodedada de casas en calles alineadas. El avión se inclina hacia un lado y por un momento parece que vamos a caer en la selva. Nada más aterrizar veo un conejo marrón, curioso, entre las hierba. Pega un salto y lo pierdo de vista. Doce kilómetros de ciervos sueltos.




El agua rebosa la piscina por los bordes. Está fría, acaba de empezar a darle un poco el sol. Estamos sentados en la ladera. Las nubes se mueven rápidas, deshaciendo formas. No hay nadie más en todo el parque. Ensayo de verrano. Nos rodean saltamontes enanos y trigo falso. Han pasado diez años como un suspiro. Recordamos otros veranos —las anécdotas de siempre— y llamamos a un amigo perdido. Ellos han crecido. Ahora fuman, sueñan, tienen un montón de tiempo por delante. Casi acaban de empezar. Yo les escucho, en silencio, recuerdo cuando eran niños. Comemos sushi para celebrar cumpleaños.

El agua rebosa la piscina por los bordes. Está fría, acaba de empezar a darle un poco el sol. Estamos sentados en la ladera. Las nubes se mueven rápidas, deshaciendo formas. No hay nadie más en todo el parque. Ensayo de verrano. Nos rodean saltamontes enanos y trigo falso. Han pasado diez años como un suspiro. Recordamos otros veranos —las anécdotas de siempre— y llamamos a un amigo perdido. Ellos han crecido. Ahora fuman, sueñan, tienen un montón de tiempo por delante. Casi acaban de empezar. Yo les escucho, en silencio, recuerdo cuando eran niños. Comemos sushi para celebrar cumpleaños.