Tengo que reconocer que me dais muchísima envidia. Me dan envidia todos los lectores para los que este libro es una novedad. Me gustaría muchísimo poder leer estos cuentos de Javier desde mi lectora de hoy, sin el filtro de haberlos leído antes tantas veces.
Me gustaría mucho porque sé que, a día de hoy, leo de otra manera, y detalles que se me escaparon la primera vez que leí alguno de estos cuentos —por ejemplo el primer cuento del libro, "Bichos", que fue finalista del NH en 1999—, ahora no se me escaparían.
Lo cogí con dos palos y lo metí en el bote. Durante un rato vimos cómo luchaban allí dentro, la culebra se había abrazado al alacrán que trataba de picarle. Se retorcían. Era asqueroso.
Luego seguimos levantando piedras hasta que encontramos el hormiguero. Las hicimos salir metiendo palos. Eran hormigas negras, pequeñas, todas iguales. De las que más muerden. Había millones arrastrándose por el suelo. Estaban frenéticas cuando abrí la tapa del bote y les eché los otros bichos. La culebra y el alacrán, enroscados, mordiéndose mientras las hormigas se los comían. Era asqueroso, asqueroso de verdad. Estaban matándose, se retorcían. Me dieron unas ganas horribles de vomitar.
Fragmento de "Bichos"
Pero ya no hay nada que hacer, todos los cuentos del libro los tengo más que leídos y escuchados, son viejos conocidos en nuestra tertulia —recuerdo perfectamente el día que Javier leyó la primera versión de "El fondo del mar", uno de los más nuevecitos—.
Hay otros más antiguos que ni conocía de antes, porque cuando Javier los escribió yo aún ni había descubierto los talleres. Y otros que son más recientes —el que cierra el libro, "El ártico", por ejemplo, donde nacieron Olsson y Laplace, que ahora mismo le están dando mucho juego en otra serie de cuentos.
—Matar al oso —se burla Laplace— Nada menos que un oso blanco, el depredador del Ártico, una fiera de casi una tonelada, con dientes como cuchillos y garras de acero. Y tú quieres matarlo con un revólver.
Olsson se encoge de hombros. Espera a que el oso nade hasta su témpano y, antes de que llegue a salir completamente del agua, apunta bien y lo mata. Laplace no encuentra palabras.
—Eres..., eres...
Fragmento de "El ártico"
Que en este libro convivan estos relatos es claramente una buena señal. Tener cuentos que, después de tanto tiempo, sobrevivan a nuestro filtro y merezcan estar en un libro, con lo despiadados que nos volvemos cuando pasan los años —porque cambiamos las maneras, las voces, las miradas, los gustos, las lecturas…— es buena cosa. Pero, insisto, me dais mucha envidia todos los que podéis leer este libro por primera vez.
Así que, consejo número 1: leed lentamente.